Entrevista con Ainara LeGardon

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Ainara LeGardon acaba de publicar "Every Minute", su quinto trabajo de estudio y que ha sido grabado y editado con un mimo que va a contracorriente de la despersonalizada industria musical que nos rodea. Un disco que cuenta en su edición física con un diseño artesanal y que suena tan cálido como un sofá junto a una chimenea y a la vez tan frio como una noche en la estepa siberiana.

La de Ainara es una música de extremos y repleta de intensidad, como pudimos comprobar en su reciente paso por el escenario de la sala Siroco de Madrid o La [2] de Barcelona, y no hemos querido perder la oportunidad de hablar con ella y sobre ella. El resultado a continuación.

A lo largo de tu carrera has pasado por algunos estudios de grabación para registrar tus canciones pero también lo has hecho en una sala de conciertos como es Moby Dick Club, en la que, entre otros, has grabado el reciente “Every Minute”. ¿Qué diferencias hay entre grabar en un estudio o hacerlo en una sala? ¿Por qué Moby Dick?

Yo creo que lo importante son las personas que tocan, quién y cómo coloca los micros, y el cariño con que se realice todo el proceso. “We once wished” se grabó en la trastienda de una imprenta y no creo que en un estudio hubiéramos sido capaces de transmitir más de lo que lo hicimos en ese lugar. Ante todo hay que sentirse cómodo en ese espacio, y con la gente que te acompaña. Moby Dick es una sala en la que he pasado muchas horas de mi vida y en la que me siento a gusto. En sus paredes se guarda la esencia de cientos de conciertos que fue muy bonito sentir.

Has vuelto a contar con la base rítmica que forman Héctor Bardisa y Rubén Martínez. Parece que la confianza en ellos es total y viendo como sonáis en directo no es de extrañar. ¿Habéis cerrado un círculo perfecto?

Los círculos perfectos, en algo tan órganico como la música, no existen. Sí diría, sin embargo, que hemos encontrado el equipo ideal para plasmar lo que ciertas canciones piden. En directo somos capaces de entendernos sin decir una palabra, conocemos la respiración de los otros y la seguimos. Eso es impagable, y es de lo que disfrutamos en este momento.

Siguiendo tus “Cuadernos de cocción de un disco” (ndr: blog con el que Ainara documentó el proceso de creación y grabación de "Every Minute") leo que os sumergisteis en la grabación del trabajo sin haber ensayado los tres juntos. ¿Hubo muchos cambios en las canciones una vez os reunisteis para grabar?

No, no muchos. En enero Héctor y yo tuvimos un par de días para grabar unos ensayos. Sobre ese material trabajó Rubén y al juntarnos, todo lo que podía estar claro, lo estaba. Hay canciones, como 'White' o 'Speeding South' que preferimos no tocar con anterioridad, puesto que su espíritu es más libre. Ese tipo de temas es mejor no ensayarlos, aunque sí establecer unas directrices para labrar los caminos por donde guiarlos, sin forzar demasiado su trayectoria.

El disco tiene mucho de crudeza y espontaneidad. Podemos escuchar incluso el rasgar de las cuerdas al cambiar de trastes ¿Es lo que has buscado siempre en tu música?

No siempre ha sido así (o al menos en un grado tan alto), aunque desde hace unos años busco siempre la naturalidad y espontaneidad. Ante todo, ser real.

Desde Aloud Music comentaron hace poco que “Every Minute” se colaba como el quinto disco más vendido de su historia. ¿No está tan muerto el formato físico como lo pintan?

Aloud hablaba de ventas directas a través de su tienda online, no ventas totales. De todas formas, colarse en el quinto puesto de los discos más vendidos de la historia de la tienda online de Aloud es vender 200 copias, así que juzgad vosotros mismos. En cualquier caso, en 20 años de carrera he pasado de ver cómo alguno de mis discos vendía cerca de 3000 unidades, a congratularnos por vender 200. Y no lo digo con ningún tipo de pena o rencor. Simplemente las cosas son así ahora, y hay que saber adaptarse a la situación.

El diseño del disco corre a cargo Ramon M. Zabalegi. ¿Cómo nace la colaboración y cómo os pusisteis de acuerdo en el resultado final? ¿Dejaste vía libre a su imaginación o fue un proceso guiado?

Cuando encargas a alguien un trabajo, se parte de la base de que confías en su talento. Parte del proceso consiste, pues, en mantenerte casi al margen, sin interrumpir su creatividad. La única manera en la que guié su trabajo fue mostrándole las letras, una mezcla plana de los temas una vez grabados, y dándole dos o tres referencias musicales. Ramon supo captar a la primera la esencia del disco. Ese viaje a la carrera, con la anatomía al descubierto, hecha con trazos fuertes, austeros, en blanco sobre negro. Yo no podría haberlo concebido mejor.

Habéis editado 250 unidades serigrafiadas artesanalmente. ¿Después de esas 250 lanzaréis un nuevo formato más sencillo? ¿Se editará en vinilo?

Será algo que decidamos si llega a agotarse la primera tirada. Todavía no hemos llegado a ese punto. Pero en cualquier caso, no concibo una reedición sin que sea, también, artesanal. El proceso de fabricación en serie queda totalmente descartado.

Además de las canciones que publicas en tus discos participas en actuaciones donde la improvisación es la protagonista. ¿Se retroalimentan estas dos facetas de tu vida artística?

Sí, y mucho. Cada escenario es un laboratorio donde poder desarrollar y probar ideas.

Han pasado tres años desde la publicación de tu anterior trabajo. He leído que en algunas de las canciones de “Every Minute” llevabas trabajando más de cuatro. ¿Cómo sabes cuándo una canción está terminada?

Las canciones son entes vivos, en constante desarrollo, que nos hacen crecer también a nosotros cuando las interpretamos o escuchamos. Y, si hay suerte, ese proceso no terminará nunca. De una canción no se puede decir que esté “terminada”. Estaremos listos para mostrarla al público en un determinado momento, pero siempre variará de un concierto al siguiente. Debemos ser pacientes y entender cuándo llega ese instante y no apresurarnos a grabar o divulgar una obra cuyo momento aún no ha llegado. Mis discos suelen requerir un proceso de cocción a fuego muy lento, de 4 a 7 años más o menos. Antes de editar uno, ya voy trabajando en el siguiente, sin prisa y con cuidado.

¿No tienes miedo de que al ser canciones iniciadas hace tiempo hayan perdido su espíritu inicial, el del momento de su nacimiento?

Como digo, las canciones nos hacen saber cuándo su espíritu ha sido captado (a veces necesitamos diez años, otras tan sólo unos meses). La urgencia y la precipitación pueden resultar pasos en falso. Respecto al “nacimiento” de una canción, no tengo claro cuál es el momento que lo define, y a veces pienso que las canciones han existido desde siempre. Tan sólo nos convertimos en su vehículo en un determinado momento.

Fotografía: Álvaro Sanz

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