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Entrevista con La Joya: «Hay muchas canciones en este disco con una estructura realmente pop o, al menos, más clásica»
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Entrevista con La Joya: «Hay muchas canciones en este disco con una estructura realmente pop o, al menos, más clásica»

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La Joya es uno de esos grupos que surgen casi por casualidad y que acaba asentándose y formando parte de nuestra librería musical irremediablemente. La unión de Ricky Lavado y Manel Hontoria durante el parón pandémico dio lugar a unas canciones y un sonido personal y único. Lo que primero fue un breve EP, preminentemente instrumental, dio lugar después a un disco en el que expandían su sonido, con una mayor presencia de la voz de Ricky y con la misma sensación de belleza y peligro sobrevolando las canciones. No han tardado en darle continuación a «Lower Hermosa» y este viernes llegaba a las plataformas digitales y algunas tiendas «Las Cruces», un segundo disco con el que se reafirman y dejan claro lo consolidado del proyecto.

Nos reunimos hace unas semanas con Manel y Ricky para hablar sobre sus nuevas canciones, el momento del grupo y el convencimiento absoluto de una manera de hacer las cosas muy concreta y clara. Muchas veces hablamos del término «do it yourself» y la independencia muy a la ligera. No es así en el caso de La Joya, como podéis comprobar en el siguiente texto.

Estos días he vuelto a leer la primera entrevista que publicamos con vosotros, que fue cuando acababais de lanzar el EP. Aquello fue en octubre de 2022 y desde entonces habéis lanzado un disco, el single compartido con The New Raemon y ya vais a publicar el segundo largo. Habéis hecho bastantes cosas en poco tiempo.

Manel: Sí. A ver, para este disco hemos metido un poco una marcha más a propósito. Nosotros somos de la filosofía de sacar un disco y girar para venderlo y en el ciclo natural de una banda como la nuestra, que está ensayando todas las semanas en el local, las canciones salen con facilidad. Es decir, que no hay que forzar. El tema es que yo no quería estar muchísimo tiempo con las canciones guardadas en una caja, o grabarlas y tardar mucho en sacarlas. A mí me gusta que cuando estén medio hechas se graben, un poco con su esencia, y se publiquen. Entonces, ese pequeño reprise yo creo que nos ha hecho publicar en 2025 cuando muchas bandas, en nuestra situación, hubieran publicado el disco el año que viene, porque se lo hubieran tomado con calma. De hecho, el estudio lo reservamos sin tener las canciones, sabiendo que para esa fecha iban a estar. Pero sí, si te dejas llevar, lo normal habría sido publicar este disco en 2026.

Tras ese primer EP autoeditado, con la publicación del disco, “Lower Hermosa”, entra en escena el sello Cielos Estrellados.

Ricky: Tanto en el primero como en este toda la parte digital la lleva Cielos Estrellados pero la parte física es totalmente autoeditada. Para ello no hemos buscado ningún sello.

Manel: Podríamos haber hecho algún acto colaborativo y tal pero preferimos controlar nosotros todos el proceso.

Ricky: También que en ambos discos la edición física en vinilo es artesanal. Cada copia, cada unidad, es distinta. Lo hacemos todo nosotros, con sellos de tinta, con pegamento… Y como así es como lo queremos hacer, tiene todo el sentido de que sea autoeditado.

 

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La edición del primero, con esa caja de cartón como de embalaje, era muy original. Imagino que agotaríais la tirada.

Manel: Sí. Nosotros estamos muy orgullosos, y este nuevo es una edición preciosa también, la verdad. Aunque está dando mucho trabajo.

El EP solo lo publicasteis en digital pero aquella vez ya hablamos de que teníais idea de hacer alguna edición física en un futuro. ¿Tenéis un tipo de público que demanda formato físico o creéis que es algo general, que el vinilo funciona bien a día de hoy?

Ricky: En general parece que funciona, pero también creo que va por sectores de público. La gente que se desplaza para ver un concierto nuestro suele coincidir con que es gente que tiene amor por el formato físico y que tiene, además, esa actitud de apoyo a las bandas, de si vas a ver a una banda pequeña actuar comprarle una camiseta o un disco. Esa actitud, que parece tan de otro siglo, en nuestro público, o en el ambiente en que nos movemos, se mantiene.

Manel: Y luego también que la edición artesanal llama la atención. Igual ves otro disco ahí con el plástico y dices “bueno, ya me lo pillaré en la tienda otro día”. Nuestro disco lo ves en una mesa de merchan y parece que esa es tu copia, que si te la llevas es única. Que no es la estrategia, no lo hacemos por eso, pero en el fondo creo que suma.

Además, con un precio bastante ajustado, para el nivel que están alcanzando los vinilos a día de hoy.

Manel: Lo hacemos con toda la intención. Ponemos un precio razonable, igual que con las entradas de los conciertos. Un poco por actitud, sin pensar en los márgenes, porque si te pones a mirarlos claro que deberíamos cobrar más caros los discos. También que, al ser una edición artesanal, hay una parte del trabajo que la hacemos nosotros y que otras bandas están pagando a alguien para que lo haga. Eso repercute en el precio también. Nosotros hacemos el diseño, la manipulación… de todo esto no tenemos que pagar nada.

Seguís trabajando de la manera más autónoma posible, ¿no? El booking también lo seguís llevando vosotros mismos

Ricky: Sí. Tenemos dos cosas principales a nuestro favor en este sentido, que son, por un lado, que el hecho de ser dos personas facilita todo mucho logísticamente, y, por otro lado, volviendo al circuito, volviendo a la escena, volviendo al mundo menos moderno, pues, por suerte, que tenemos un montón de amigos en un montón de ciudades de España que tienen más años que un bosque, como nosotros, y que forman parte de una red, de un tejido underground si lo quieres llamar así, que es real. Sitios donde una banda como nosotros puede ir fácilmente y que le funcionen bien las cosas. Entonces eso, para lo que somos nosotros y para las ambiciones que tenemos y las aspiraciones que tenemos, es un equilibrio bastante perfecto. Nos permite tocar prácticamente todo lo que queremos.

El 90% de los casos, siempre es una experiencia grata, porque siempre es en entornos que controlamos, con gente que conocemos, o de la que por lo menos tenemos referencias, y siempre sabemos que van a ser ambientes y tipos de conciertos y con gente con la que conectamos. Igual no tendría mucho sentido la de idea de un manager con nosotros. Tampoco es que musicalmente nadie se vaya a dar de hostias por contratarnos para festivales (risas). Pero bueno, que no nos cerramos a nada.

Manel: Somos súper cuidadosos con lo que cerramos. Si vemos que algo no va a salir bien, o para nosotros o para la persona que lo monta, no lo hacemos. En la gira de ahora, hay comunidades autónomas enteras en las que no vamos a tocar porque no ha habido entendimiento o porque no hemos visto los números claros. Cada vez que salimos es un esfuerzo y queremos que todo el mundo esté contento. Es decir, que haya público, que todo el mundo esté ok con el bolo. Hace 20 años tocabas por ahí y uno forzaba los bolos porque quería tocar y tocar y luego decías “¿qué cojones es esto?”. Ahora, cuando alguien nos ofrece un bolo se analiza y se ve si va a estar bien para todas las partes. Y, aún así, nos salen bastantes.

Yo, cuando voy a tocar, aunque vaya a cobrar un fijo, quiero saber cuánto cuesta la entrada, quién toca con nosotros, si lo patrocina una marca… Lo fácil es que te paguen un caché y no te preocupes por nada pero nosotros no trabajamos así. No mola.

Viendo cómo está el panorama de la música en directo, debe dar gusto poder controlarlo todo y estar fuera de ese circuito, digamos comercial.

Ricky: No es para nosotros. Es algo que no echamos de menos. No nos interesa tener ninguna presencia mediática. Esta banda es como un bálsamo, como una burbuja que nos pertenece y en la que nosotros marcamos las reglas. Manel tiene muchos años y no está ya para tonterías (risas).

Manel: Nos gusta tener el control y eso se aplica a todo. Lo que te decía antes, desde el diseño del disco, la producción, la mezcla, los bolos que cerramos… Yo, cuando voy a tocar, aunque vaya a cobrar un fijo, quiero saber cuánto cuesta la entrada, quién toca con nosotros, si lo patrocina una marca… Lo fácil es que te paguen un caché y no te preocupes por nada pero nosotros no trabajamos así. No mola. Aparte, lo que nosotros hacemos somos conscientes que le gusta a una determinada peña. Que sí, que podríamos llegar a un poco más de gente, pero no a mucha más. Entonces, al final, dices «lo hago como me dé a mí la puta gana, tío». Si es que no hay nada que ganar.

Es verdad que eso suena muy bien y es la manera ideal de funcionar pero, ¿veis posible que la gente joven que empieza ahora pueda hacerlo de esa manera¿

Manel: Es muy, muy complicado. También creo que la gente más joven, o muchos de ellos, no quiero generalizar, tienen unas expectativas un poco distorsionadas. Nosotros hemos crecido en un ambiente, en una escena, en la que lo normal es que tu grupo no llegue a ningún lado. Y eso se entiende como lo normal. El tema es que, en estos últimos años, ha habido peña que ha hecho dinero y de repente hay grupos jóvenes que piensan que pueden estar ahí. Que igual pueden, ¿eh?, pero eso distorsiona muchísimo, porque igual el grupo lo forman cuatro tíos y hay dos que en su cabeza están pensando que pueden ser los siguientes Carolina Durante. En nuestra época nadie pensaba eso. Que luego igual llegas ahí, como llegaron Standstill, pero no piensas en ello. Piensas en pagar la gasolina, en dónde vas a dormir esa noche y poco más.

Hablabais de controlar también las bandas con las que compartís escenario. Mirando los carteles de vuestros conciertos, me llama la atención que casi siempre tocáis con grupos muy cañeros, siendo La Joya un grupo bastante tranquilo. Bandas como Palmar de Troya, por ejemplo.

Ricky: Es curioso, pero nos funciona esa combinación de tocar con grupos muy bestias. Siempre mucho más cañeros que nosotros. Palmar de Troya sería el ejemplo perfecto, sí. Hemos tocado con ellos varias veces y nos funciona esa especia de lógica absurda, porque no la tiene, de contraponer sonidos. Como la cara y la cruz de algo. Nos resulta gracioso y nos gusta mucho abrir para esas bandas. Nosotros peleamos por tocar siempre primero, claro (risas).

Manel: Estamos como locos por cerrar un bolo ahora con Crossed. Al final, creo que lo nuestro también tiene una tensión y una intensidad que entra dentro de ese universo, aunque lo suyo sea todo lo contrario: tocar a toda hostia, rapidez, volumen. Pero creo que se entiende, y nos ha funcionado siempre muy bien.

Es verdad que en vuestro sonido hay siempre una cierta tensión. No sé si es por los ritmos de batería, por cómo va entrando la guitarra, por lo imprevisible de las estructuras…

Ricky: Es un poco intangible, pero tiene que ver con la mochila de cada uno. El bagaje de pasarnos la vida escuchando según qué cosas o según qué lenguajes. Hay algo que queda ahí, de una manera extraña. Nos escuchas y piensas: “estos tíos llevan doce canciones aguantándose” (risas).

En mi cabeza, en realidad, yo lo que estoy tocando lo relaciono con Neurosis y con grupos de post-metal o doom. Que evidentemente no vas a reconocer a Neurosis en una canción de La Joya, pero en mi cabeza están grupos como ellos. Supongo que, de alguna manera, eso se empapa en la música.

Es verdad que dais un poco esa sensación.

Ricky: En mi caso creo que tiene que ver con los tempos. Con tocar lento, muy arrastrado, muy slowcore y tal, por definición. Pero, en mi cabeza, en realidad, yo lo que estoy tocando lo relaciono con Neurosis y con grupos de post-metal o doom. Que evidentemente no vas a reconocer a Neurosis en una canción de La Joya, pero en mi cabeza están grupos como ellos. Supongo que, de alguna manera, eso se empapa en la música.

Manel: Yo cada nota que doy la doy con toda mi puta alma. Es decir, que tardo mucho en darla. Toco dos cuerdas pero le doy con la mano fuerte.

Ricky: De todas formas, en este disco, en comparación con el anterior, creo que en lo musical es bastante más… no sé si amable es la palabra, pero que hay menos cosa cabrona. Sigue siendo igual de crudo, porque de hecho Manel no ha usado ni solo efecto y yo he tocado con unos platos que me ha hecho un amigo, que se llama Rocamora, y en ese sentido lo hemos extremado todo. Cero trampantojo. Pero a nivel compositivo, o de intención, creo que es amable.

Las letras también lo son, ¿no? Generan bastante bienestar, son letras optimistas. Igual también el hecho de que haya más temas cantados le suma amabilidad al disco.

Ricky: Puede ser, sí. Y hay cosas en este disco que se han hecho teniendo en cuenta una voz o una letra, que era algo que hasta ahora tampoco habíamos hecho. Por puro desconocimiento, porque yo no soy cantante y tampoco es lo que tenemos integrado en nuestro ADN como creadores. Eso supongo que le da un matiz distinto.

¿Ha cambiado mucho esto vuestra manera de componer?

Ricky: Bueno, más bien ha sido tener algo instrumental que, de repente, al añadir una melodía de voz, esa instrumental cambia y se modifica en base a esa voz que ha venido.

Manel: Yo creo que el cambio gordo de este disco, en realidad, más que voz o no voz, es el haber ido más a crear canciones convencionales. En el sentido de, «oye, vamos a hacer las partes que hay que hacer: un estribillo, una estrofa…» No encorsetadamente pero sí un poco trabajando en que la letra descanse en algo que no sea muy extraño, que sea algo un poco más académico. No están las canciones nuestras típicas, raras, de tres vueltas y nada más, o cosas así. Hay muchas canciones en este disco con una estructura realmente pop o, al menos, más clásica. A mí me gusta hacer tres partes y no volver a ninguna y en este disco hemos hecho un poco el esfuerzo este de, “oye, mira, ahora volvemos aquí, la letra dura esto, entonces hay que cortar esto en cuatro”.

A mí me gusta mucho el disco y cómo suenan vuestras canciones con voz. No sé cuál es la recepción de la gente que lo ha escuchado o qué os han ido diciendo respecto a las canciones anteriores en las que ya habíais introducido las voces. Entiendo que siempre es más accesible para la gente, pero también imagino que tenéis un tipo de seguidores que aprecian ese tipo de canciones más raras que comentas.

Ricky: Bueno, en general a la gente le gusta. Si hay una voz, si hay algo a lo que agarrarte, y sobre todo si hay algo que escuchar, en función de una letra, normalmente gusta más o entra mejor. Pero bueno, para nosotros es un equilibrio en el que lo pasamos muy bien. Seguimos manteniendo partes instrumentales y pasajes que nos divierten. Los instrumentales suelen ser frescos, de local, sin haberle dado demasiadas vueltas. Es como una especie de magia para nosotros al tocarlo que disfrutamos mucho. También yo voy perdiendo miedos. A mí me gusta escribir letras y valoro mucho a la gente que escribe bien. Lo tomo con mucho respeto. Y bueno, que cuando estás haciendo letras que, más allá de ser buenas o malas, están bien para uno mismo, que las lees y no te avergüenzas de ellas, te animas a escribir más.

Siguiendo con las voces, tenéis en el disco a Leia (Leia Destruye, Mourn, The New Raemon) cantando en un par de temas que me parecen maravillosos.

Manel: Cuando entra Leia entra un rayo de luz en el disco.

Ricky: Leia es un ser de luz y las cosas son mejores si está ella alrededor. Y no hablo de la música, hablo del mundo en general. Es muy generosa, le tenemos mucho cariño y ella nos lo tiene a nosotros, como sus tíos viejos de Madrid que somos (risas). Salió todo de una manera muy natural. Teníamos una canción instrumental y decidimos pasársela. Le dijimos “tenemos esto, que no va a ningún lado, a ver si te sale algo”.

Manel: Le pasamos la música y ella hizo la letra y la melodía.

La melodía de esa canción me parece increíble.

Manel: Es una locura. En mi cabeza no entraba que se pudiera meter una voz ahí. Me parecía muy difícil. Vamos, ninguno lo pensaba, y el cabrón de Ricky dijo «vamos a pasársela» (risas). Yo pensaba «hostia, justo esa canción… yo no sé si se puede». Y cuando nos devolvió la pista con la voz me voló la cabeza. Increíble, de verdad.

Ricky: Luego se vino a La Mina, al estudio de Granada dónde grabamos el disco, cantó la canción y le dijimos que bueno, que ya que estaba metiera algunos coros en otros. Que podría haber estado en todo el disco, pero tampoco íbamos a abusar (risas). Tenemos suerte con eso, estamos rodeados de gente muy talentosa y muy generosa a la que le gusta hacer cosas con nosotros. Ya tuvimos antes a Ana Franco, de Coffee and Wine, metiendo voces. Y Ramón (The New Raemon) nos ha ayudado mucho también.

Con Ramón grabasteis un single doble que yo pensaba que iba a ser el típico split, de una canción suya y otra vuestra, pero al final fue más como una colaboración en ambas, ¿no?

Ricky: Tendría que haber sido eso, vamos a ser sinceros, pero nos pilló un poco a traspié, justo trabajando en el disco nuestro, y Ramón fue tan generoso que nos invitó a tocar en esas dos canciones suyas.

Manel: Queda pendiente hacer algo como lo que dices. Estas dos eran muy suyas y a mi me costó entrar, porque ya las veía perfectas como estaban. Pensaba que no aportaba nada, pero bueno.

Siguiendo con el disco, me gusta mucho la recta final, con ‘Barna in White’, ‘Luminosa’ y ‘Nuevo Orden’. Parece que, a día de hoy, es difícil mantener al oyente enganchado hasta el final y creo que con este último tramo lo conseguís muy bien.

Ricky: Pues me alegra mucho que lo digas, porque yo siempre pienso eso, que nadie va a llegar hasta el final, y en este disco pensamos mucho en la secuencia de las canciones.

Manel: Yo, cuando escucho un disco y no tengo mucho tiempo, me escucho dos o tres canciones y luego siempre me pongo la última, porque creo que en los discos clásicos que hemos escuchado siempre, la última canción está muy pensada. Siempre tiene una intención. Puede ser un tema diferente, un resumen, un cierre, lo que sea, pero siempre tiene una intención.

A mí me pasa que muchas veces que en la parte central de los discos me encuentro perdiendo el interés y aquí, cuando puede pasar eso, llega ‘Barna in White’, con ese rollo muy animado, medio fronterizo, que te atrapa. Por cierto, ¿en esta canción suenan dos guitarras?

Manel: No, es solo una. Yo he tocado la mayor parte de mi vida en trío y tengo muy interiorizado llenar el espacio de dos guitarras entonces para mí es muy habitual tocar arriba y luego abajo de las cuerdas. En ‘Barna in White’ toco y arrastro, entonces se queda como la cola sonando. No creo que sea complicado, pero es verdad que es una manera rara de tocar.

Ricky: El trabajo de Manel en el disco es flipante.

Estéticamente también tenéis ya una línea muy marcada.

Manel: Sí, nos va bien y creo que lleva a lo que te vas a encontrar. Blanco y negro, todo muy crudo. Lo que ves es lo que hay, sin trampas.

Con el disco anterior al final girasteis bastante y ya tenéis unas cuantas fechas de presentación confirmadas para este.

Manel: Sí, tenemos ya como unas diez confirmadas y varias que están ya medio cerradas también.

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Ser dos y el tipo de sonido que tenéis también os facilitará montar el concierto casi en cualquier escenario.

Manel: Claro. Ahora estamos experimentando el rollo tienda, que es de puta madre.

Ricky: Hemos tocado en alguna librería también. Reducimos todo aún más y lo llevamos a lo esencial y la verdad es que nos funciona bastante bien. También por el tema horarios. Nos gusta tocar fuera del concepto de la noche. Tocar en la Wurli una vez al año está bien, pero no nos mola que la norma sea esa. Raro es que nos veas a ninguno de los dos pasadas las 12 de la noche en ningún lado.

Manel: La vida de tocar en una banda a partir de las 12 de la noche y lo que te encuentras ahí es lo que más me ha ido cansando a lo largo de los años.

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