Primavera Sound Porto 2026 @ Parque da Cidade (Oporto)
Con cada vez más dificultades para armar carteles a la altura de ediciones pretéritas, los festivales de música viven, por norma general, momentos complicados. Sin mencionar ninguno de ellos, seguramente se te vengan a la cabeza un buen puñado de nombres. Lugares en los que fuiste feliz tantas veces, convertidos ahora en intentos desesperados por sobrevivir. Renunciando, en algunos casos, incluso a su propia personalidad, con tal de llegar a un público diferente que les ofrezca una vida extra.
Viendo como cada vez más artistas de renombre optan por maximizar sus beneficios en residencias o macroconciertos, cada verano parece costar más lograr una programación con la fuerza necesaria para seguir ilusionando a audiencias exigentes. Un año más, Primavera Sound Porto lo hacía posible, volviendo a erigirse como uno de los últimos bastiones del buen gusto dentro del panorama festivalero actual. Un esfuerzo que iba mucho más allá de fichar headliners de talla mundial como Gorillaz, The XX o Massive Attack, cerrando unas segundas, terceras, o incluso quintas líneas de cartel que acabarían siendo de los mejores conciertos de esta edición.

Con la pasada edición aún en nuestro particular retrovisor sentimental, por segundo año consecutivo acudíamos a Oporto para disfrutar de un festival de música que se sigue sintiendo cercano pese a sus dimensiones. Eso sí, evidenciando una mayor saturación en barras y puestos de comida respecto a la temporada anterior, además de varios conciertos especialmente multitudinarios, que coincidirían precisamente con los grandes cabezas de cartel. Por aquí os contamos nuestro paso por el festival luso.
Jueves 11 de junio
Recién llegados a la ciudad portuaria tocaba apresurarse para ver en directo a Nation of Language. Uno de esos grupos que, sin duda, habrían lucido mucho más en la mística de la noche. Aún con el sol de cara, el trío de Brooklyn nos conquistaba de todas las maneras, ofreciendo uno de los mejores recitales de todo el festival. Sonando enormes y magnéticos en todos esos sintetizadores, guitarras y bajos que nos mecían entre los pasajes más ambientales y el pulso bailongo de los ochenta.

Con reminiscencias a esos New Order que marcarían para siempre la música de baile, temas como ‘Sole Obsession’, ‘Across That Fine Line’ o ‘The Wall & I’, nos inducían a mover los pies, con un siempre carismático Ian Devaney tocado por la varita mágica. No faltaba esa otra faceta suya más misteriosa y litúrgica, la que flota por ‘Weak in Your Light’ o ‘Inept Apollo’. Y es que, aunque Nation of Language poseen en su haber una colección mucho más amplia, el formato festival les sienta de maravilla, condensando sus mejores esencias en un setlist reducido pero que mantiene en todo momento un rumbo ascendente hasta el éxtasis colectivo. Solo faltó ponerlos a otra hora más animada para levantar el festival.
Turno ahora para degustar el sabor local de la mano de los portuenses Sensible Soccers. Y, esta sí, se antojaba como una propuesta perfecta para las últimas horas de la tarde. Con el sol tiñendo ya de naranja el cielo, el concierto iría de menos a más, creciendo desde esas atmósferas instrumentales de alma sentida pasando por la electrónica más orgánica. Los portugueses jugaban en casa y se noto pese a competir en horario con un Rusowsky al que por aquí ya le tenemos suficientemente visto.

A quienes no nos podíamos perder era a Big Thief. Daba igual haberles visto hacía menos de 24 horas en Madrid, a su paso por las Noches del Botánico. La suya es una de las propuestas más frescas de la escena folk actual y así llegaban a Oporto; como uno de los grandes reclamos de la primera jornada. Con un inicio que parecía querer calcar el repertorio desplegado en Madrid, con las emotivas ‘Born For Loving You’ y ‘Vampire Empire’ pronosticando un concierto épico, la formación norteamericana daría un volantazo tras regalarnos ‘Masterpiece’ a las primeras de cambio.
A partir de ahí, su recital caería progresivamente en una letanía difícil de justificar en el contexto de un festival. Ninguna banda está en la obligación de tocar para sus seguidores sus grandes éxitos, y basta con echar un vistazo a los setlist de Big Thief para darse cuenta de que no lo van a hacer. Pero sea como sea, después de cuatro versiones (tres de ellas de la propia Adrianne Lenker), y un tono generalizado en el que se sumergían en sus temas más introspectivos y monocromáticos, el ánimo del público quedaría igualmente aplanado.
Sin juzgar la incuestionable calidad instrumental de su actuación, y siendo un gran seguidor de su música, no lograría conectar con este concierto. Y siendo testigos de la vibra generalizada del público, incapaz ya de entrar con energía incluso en los ramalazos de ‘Not’, no creo que fuese este un sentimiento aislado.

Más decepciones con el cambio de escenario, con una Ethel Cain convertida en fenómeno juvenil incipiente y a la que tenía ganas de ver en las distancias cortas. Con una puesta en escena llena de fantasía, que nos transportaba de lleno a la Norte América más rural, con ese rollo «Las Uvas de la Ira», la artista gringa repasaba entre la reverb de su voz sus recuerdos más oscuros. Pero pese a unas primeras filas entregadas, que se deshacían en gritos de histeria en los compases de cada nueva canción, esa energía pronto quedaba diluida por una bruma lánguida, más sedante que emocionante. Asumo que quizás fuese yo quien no estaba en vena para un concierto así, que pasaría por mí de la peor forma posible; sin pena ni gloria.
Tras un rato largo allí, sin esperar nada más que pudiera sorprender y antes de desfallecer por aburrimiento, nuestros pasos nos conducían de nuevo a la búsqueda de la vitalidad con Texas is the Reason. Referenciales dentro de la escena emo noventera, la suya siempre se correspondió con la cara más eléctrica de todo aquel movimiento. Con algunos pasajes más relajados como los de ‘A Jack With One Eye’, pronto conectaban con los guitarrazos y las apabullantes líneas de bajo, para hacer las delicias de los pocos supervivientes de toda aquella ola que estaban en el festival y se acercaron a verles. La voz de Norman Brannon está intacta y ver celebrar en pogo canciones como ‘Back and to the Left’ fue todo cuanto necesitábamos.

Si de melancolía iba la jornada, nada mejor que zambullirse de cabeza en la nebulosa de The XX. El tridente británico volvía a juntarse ocho largos años después de su separación y lo cierto es que nada parece haber cambiado desde entonces. Su concierto se levantaba como una catedral a la nostalgia, con un sonido sobrecogedor (seguramente el mejor de todo el festival) y capaz de abrazarte. Con todas esas armonías vocales, mano a mano entre Romy y Oliver Sim sumándose en cortes como ‘Say Something Loving’ o las finales ‘On Hold’, ‘I Dare You’ y, cómo no, esa ‘Intro’ que yendo a la contra de su significado cerraría el show.
Entre medias, pasajes memorables de las carreras en solitario de todos los integrantes de The XX. Canciones que eran llevabas a lo colectivo con entusiasmo, y entre las que brillarían las composiciones electrónicas de Jamie XX. Una vez más demostrando ser uno de los mejores productores y djs de electrónica del planeta, sonando apabullante en ‘Treat Each Other Right’. No se le quedaría corta la gran fiesta que suponía escuchar el hit de Romy, ‘Enjoy Your Life’, firmando el momento más hedonista del día. O también cuando Oliver Sim se bajaba a las primeras filas para cantar ‘GMT’, ganando en directo una presencia de crooner que lo acercaría a la insuperable sombra de Matt Berninger al frente de The National. En definitiva, un concierto sobresaliente que cumpliría los sueños de los más nostálgicos de la banda inglesa.

Nada mejor después de un arreón sentimental que una dosis de gasolina y chispa con Kneecap. Aunque también a ellos se les percibió más cansados de lo que acostumbran (no es de extrañar con la gira que llevan) y no estuviesen tan enérgicos como la última vez que les vimos las caras, el suyo sería un concierto in crescendo. Tienen nuevas canciones, que siguen ampliando ese imaginario contestatario, que pese a adentrarse en ocasiones en la lisergia del desenfreno, no olvida nunca la lucha de los pueblos, con alusiones a Palestina y la firma de un concierto marcadamente político. Balazos como ‘Guilty Conscience’, ‘FENIAN’ o ‘H.O.O.D’ desataban la locura en una pista que se extendía hasta más allá de la mesa de sonido.
Viernes 12 de junio
Ni siquiera el calor asfixiante de la segunda jornada impedía que nos quedásemos en casa mientras tocaban, a la infame hora de las 16:30 de la tarde, Bestia Bebé. Para quienes hacemos estas páginas, ellos eran algunos de nuestros particulares cabezas de cartel, y pese a haberles visto hace solo unos pocos días en Madrid, aún no teníamos bastante. Con ganas de más y más, unos pocos enfermos del rock argento nos agolpábamos frente a la valla para corear a pleno pulmón cánticos cancheros como ‘Lo Quiero Mucho a Ese Muchacho’, ‘Wagen del Pueblo’ o las recién estrenadas ‘El Atrevido’ o ‘Chaleco Antibalas’.

Siempre con el sonido clásico del rock por bandera, en ocasiones cercanos a los ritmos ramonianos detrás de ‘Omar’ y tantas otras rolas. Otras, en cambio, tirando de fuzz y distorsión para dejar instantes de puro noise, en cortes como ‘Sabés!’, estirados en directo hasta el frenesí guitarrero. En cualquier registro, Bestia Bebé poseen una ristra de canciones que, a nuestro humilde parecer, son himnos de estadios. Después de dejarnos la voz coreando cada tema, y una vez sobrepasado su tiempo estipulado, los argentinos trataban de estirar el chicle acometiendo una ‘Fiesta en el Barrio’ en la que la organización intervenía para cortarla de golpe apagando el sonido. Estuvo feo, pero los horarios en los festivales son así.
Que nadie se nos ofenda si decimos que este convertiría en uno de los conciertos que más disfrutaríamos de todo el festival. A veces en lo más sencillo están los mejores momentos. Nos despedimos gritando un enérgico; «¡Aguante la Bestia!», para alejarnos de allí exhaustos, cantando por el césped algunas de las canciones que se les quedaron pendientes. La pasión es así.

Momento entonces para reposar y coger fuerzas para reencontrarse en directo con Baxter Dury. El suyo sería otro de los conciertos más memorables de toda la edición y adoleció, como tantos otros, de una franja horaria demencial para una propuesta como la suya, siempre bailable y festiva. A las 18:40 de la tarde, parapetados bajo la sombra que proyectaba el escenario principal, nos agolpábamos para mecernos con la brisa de ‘Miami’ o ‘Palm Trees’. Y ya con la camisa abierta y tras hacer sus ya icónicas katas sobre las tablas, el maestro Dury nos regalaba dos trallazos como ‘Albarone’ y ‘Schadenfreude’. Dos rompepistas que habrían levantado el Primavera Sound Porto en cualquier momento de la noche hasta convertirlo en un fiestón. Igualmente se celebró.
De manera contraintuitiva, la tarde en Oporto entraba en una fase cada vez más relajada con la música de Panda Bear. Un concierto donde no, no habría versiones de Animal Collective, aunque sí una de The Notwist, con esa ‘Boneless’ siempre filtrada por las coordenadas psicodélicas de Noah Lennox. Y aunque no logro terminar de conectar con su propuesta, es de valorar lo imaginativo de la misma, expandiendo las texturas electrónicas hasta hacerlas sonar naturales e integradas en una banda. Especialmente refrescante sonaría esa ‘Praise’ de toque surf, con la que alguno se animaría a bailar un poquito.

Ahondando aún más en el bucle shoegaze, Slowdive volvían a detener el tiempo en Portugal. Aunque sonaron espectaculares y acometieron un setlist vibrante, que intentaba atrapar a todos los asistentes desde el comienzo, con una espléndida ‘Star Roving’, la suya sigue sin parecerme una gran apuesta para un festival. Les he visto ya en numerosas ocasiones, en todos los formatos posibles, y aún disfrutando mucho de su música, creo que es una propuesta pensada para una sala de conciertos. Con todo y con eso, la fuerza onírica de temas como ‘Souvlaki Space Station’ o ‘Sugar for the Pill’, se abrirían al cielo de Oporto con una calidez incuestionable.
Dejando la versión más narcótica de lado y pasando a la más adrenalínica, la química volvía a entrar en juego con Viagra Boys. El suyo era otro de esos conciertos subrayados con fosforito en nuestra agenda y el grupo de Estocolmo no defraudaba, completando uno de los espectáculos más destacados de todo el Primavera. Con Sebastian Murphy como chamán de ceremonias, comenzaban a sonar los graves mientras él, descamisado y luciendo panza y cuerpo hipertatuado, se aproximaba un Ventolin a la boca antes de comenzar a cantar. Aquí lo que ves es lo que hay. Sin caretas, los personajazos son ellos mismos. ¿Qué se puede esperar de un sueco que tiene tatuado en el pecho «MUERTE»?

Un arranque espídico, donde los primeras líneas de bajo de ‘Man Made of Meat’ ponían la piel de gallina y provocaban, acto seguido, una tormenta de vasos al aire en dirección al pogo. Un camino que seguirían embarrando ‘Slow Learner’ o esa ‘Punk Rock Loser’, donde los malditos nos reíamos de nuestra propia caricatura. Gente saltando, felicidad compartida pero mensajes muy claros: contra Elon Musk y a favor de Palestina. Sin panfletos ni la necesidad de grandes retahílas moralistas, con una actitud eminentemente política que atraviesa todo su discurso. Todo ello para dar entrada a esa ‘Troglodyte’, tan ácida como simbólica.

Siempre en su equipo de perdedores, ‘Sports’ volvía a dejar imágenes para la historia; toda la pista haciendo remo en el suelo, justo antes de convertirse en una marabunta de brazos y piernas al aire, con Murphy rebozándose por las tablas. Un final que podría haber sido épico, de no ser porque quedaba aún ‘Research Chemicals’, donde el siempre juguetón Oskar Carls bajaba con su saxo al público mientras en el escenario unas luces psicodélicas nos devolvían a la espiral del delirio por última vez. Por favor, bandas del mundo, dejad de intentar imitarles, ¡es ridículo!
Con la sensación de haber visto ya el mejor concierto del festival hasta el momento, pero con el instinto primitivo bien arriba, tocaba agolparse junto a una gran turba para ver a Gorillaz. Acaparando a prácticamente todo el festival para verles, este sería el concierto con más audiencia de todo el evento. Nadie quiere perderse una puesta en escena como esta, donde da igual las veces que les hayas visto antes; todo es diferente.

Con un set centrado en su último trabajo, «The Mountain», por su inclasificable filtro se colaban en esta ocasión ramalazos de otras latitudes menos representadas en la música occidental: desde las melodías arábigas a las asiáticas, pasando por la raga india, siempre con un marcado poso espiritual que sobrevoló todo el concierto.
No faltaron las ya habituales colaboraciones, con Joe Talbot cantando a duo con Damon Albarn una ‘The God of Lying’ que ganaría enteros en directo. Profundamente críticos, también invitaban a las tablas al renombrado Yasiin Bey (Mos Def, de toda la vida) para encarar la siempre contestataria ‘Dirty Harry’, con esos visuales y los frases de Bey rapeando durísimo por encima. También hacían juntos la loquísima ‘Damascus’, donde Gorillaz y Bey recorrían países y culturas enteras sin pasaporte. Con más clase que un colegio, no faltarían clásicos como ‘On Melancholy Hill’ o esa dupla formada por ‘Feel Good Inc.’ y ‘Clint Eastwood’ poniendo la guinda al pastel. No se les puede pedir más.

Sin parar de moverlo, Bad Gyal llegaba a Primavera Sound Porto después de haber tenido que cancelar su show en Barcelona por el fuerte temporal que golpeó el festival. Con ganas de desquitarse, la catalana hacía lo que tenía que hacer: convertir Oporto en una gran pista de baile, donde se quemaron hits de discoteca como ‘Da Me’, ‘Te Daré’, ‘Chulo pt.2’ o ‘Fiebre’. Ya lo hemos dicho alguna vez por aquí; es la mejor en lo suyo y volvió a demostrarlo.
Con el cuerpo ya al límite tras una jornada larguísima, no nos podíamos ir de allí sin probar un poco del rap con actitud punky de Joey Valence & Brae. Después de haberles visto ya en una ocasión, también en Portugal, dentro del Paredes de Coura, ya sabía a lo que iba. Pogo desde el primer segundo, con un torrente de frases disparadas al ritmo de una ametralladora. Quizás se les notó también algo más faltos de energía que en aquella vez, pero canciones como ‘Punk Tactics’ desataban los últimos latigazos de euforia del día.

Sábado 13 de junio
Tirando de reserva y encarando el último día, al igual que sucedió con Bestia Bebé en la jornada anterior, el calendario nos obligaba a madrugar para ver a nuestros queridos Triángulo de Amor Bizarro. A pesar de haberles visto y charlado con ellos hace poco, no queríamos dejar la oportunidad de escucharles en uno de los escenarios con mejor sonido de todo el festival. Con una mayoría de público llegado desde el país vecino, el ambiente resultaría de lo más acogedor, con un buen puñado de fieles cantando cada nueva oración de «Mi Catedral», disco publicado hace tan solo unas semanas y que ya está en el imaginario de la gente.
Cortes como ‘Sacrificio’ o ‘Vigilantes del Espejo’ marcaban el punto álgido de subidón, pero de entre todas las canciones, la que lograría partirme en dos esta vez sería ‘Asmr para Ti’. Sonando descomunal, con vídeos de gatitos de fondo y la voz de Isa Cea revolviéndose en tus entrañas. Precioso momento que provocaría más de un lagrimón entre los presentes.

Si he visto a Triángulo muchas veces, tampoco se quedan atrás las veces que he visto en los últimos años a Yard Act. Pese a ser la suya una música y un directo que me hechizó varias veces en el pasado, no sé si fue por repetición o por cansancio mío, pero no sería esta la vez en la que volverían a entusiasmarme.
Tampoco me emocionaba en exceso un Mike D al que no seguía la pista más allá de los Beastie Boys. Aunque en este caso, igual por el factor de la novedad, sí le terminaría viendo la gracia a esa puesta en escena, con todos esos músicos ataviados con equipación roja, donde el rap se tornaba algo orquestal. Con los galones de haber sido, y esto nadie lo puede discutir, uno de los primeros raperos blancos en petarlo dentro del hip hop, Mike D tiraba de espíritu ochentero en temas como ‘Mind Your Own Business’ o una ‘So What’cha Want’ con la que resucitaba un pedacito de los Beastie Boys.

Con un flow insuperable, Sudan Archives se plantaba ella sola delante de todo el Primavera para dar rienda suelta a una de las performances más originales que he visto nunca. Aquí hay que saber a lo que sea va; al menos todas las percusiones y bases del espectáculo están lanzadas, por más que Brittney Denise Parks, el nombre detrás del apodo, haga el paripé de tocarlo todo con unas baquetas transparentes. ¿Y qué? A quién podría importarle eso cuando tienes delante a un animal de escenario. Con sus lentillas blancas y totalmente endemoniada, Sudan Archives hacía absolutamente de todo, en un ejercicio aeróbico digno de mención que serviría como clase avanzada de exorcismo.
No hay que olvidar que, antes de que llegase el último gran boom de performers, esta tía ya estaba ahí. Sentando las bases de una modernidad a la que aún le quedaban algunos años por llegar. Con un rollo siempre personal, ya fuese con su violín eléctrico o sus bailes, la artista gringa cerraba un directo emblemático que no se le olvidará fácilmente a quienes acudieron a verla.

Desgraciadamente, la exaltación volvía a frenarse en seco con Smerz. Si bien sus discos me generan interés, a las 22:00 de la noche y en la jornada de cierre, no me apetecía algo así. Sentadas en sillas, con una Henriette Motzfeldt sujetando en todo momento su bolso mientas tocaba, sus medios tempos no tardaban en echarme de ahí rumbo al beat de la carpa Cupra.
Ni siquiera ese reducto dejaron abierto para alternar el concierto de Massive Attack. Famosos por cancelar muchas de sus actuaciones si detectan sonidos parásitos que alteren su directo, en un alarde de respeto por parte del festival luso, se dejaban todos los demás escenarios y recintos sin música hasta que terminase la banda de Bristol. Y sinceramente, después de haberles visto en multitud de ocasiones antes, lo último que me pedía el cuerpo era meterme en otro macroconcierto de consignas tan necesarias como repetitivas para quienes ya hemos reflexionado con su poderoso imaginario. Harían pensar a alguno, y eso siempre está bien.

Además, si había que reservar fuerzas para la reivindicación, qué mejor que guardarlas todas para secundar cada uno de los hachazos políticos que lanzaría sobre las tablas Joe Talbot, al frente de Idles. Con el ambiente más salvaje de todo el festival, todo se convertía en una amalgama de cuerpos chocando entre sí con la inicial ‘Levitator’, en la que sí, también algunos valientes se elevaban por encima de las cabezas de la marea humana. Todo con una sensación de riesgo permanente flotando en la atmósfera.
Con una rabia transformada en mensaje, Talbot apelaba a la importancia de conectar en lugares públicos, como los festivales de música, para hacernos fuertes y unirnos frente a lo que merece la pena luchar. Arengando a cuidarnos los unos a los otros y levantar al que sea. En el caso de los pogos, de manera textual. Con un escueto; «esta es una canción antifascista» daba el pie de entrada al bajo y batería de ‘Divide and Conquer’. Un tema especialmente frenético en directo, en el que Lee Kiernan mordía, literalmente, las cuerdas de su guitarra eléctrica en uno arrebato de pureza punk.

También incurrirían en varias ocasiones entre el público, participando en el pogo o tocando entre la turba. Y, al igual que pasaba con Viagra Boys, nada de esto parece impostado ni pose. Es una banda que entra en trance en cada uno de sus conciertos. Pueden gustar más o menos, pero el bullicio de ‘Danny Nedelko’ será uno de los momentos con más decibelios de este Primavera. Hicieron un bolazo con mayúsculas.
Solo quedaba despedirse ya, con la elección entre el concierto de Model/Actriz y un recital de Moullinex & GPU Panic rodeado de enigmas, sin un escenario señalado al que acudir a verles. Todo parecía indicar una gran sorpresa final, pero mientras que se le quitaba un poco el polvo a la bola de cristal, no nos quedábamos sin divisar la oscura puesta en escena de Model/Actriz. Uno de esos conciertos que requieren atención y paciencia, plagado de referencias queer y rico en detalles dramáticos.

Sin querer faltar a la traca final, nuestros pasos nos conducían al escenario principal, donde una gran grúa elevaba al cielo de Oporto un cubículo que se terminaba situando a escasos metros sobre la pista, con Moullinex & GPU Panic dentro de él. Después de haberles visto en otro cierre especialmente nostálgico en Paredes de Coura hace unos años, la premisa volvía a apuntar directamente a la postal.
Más allá de la imborrable imagen, el set de los djs volvía a ser una oda absoluta a la melancolía. Mezclas por las que se filtraba el house y grandes dosis de balearic. Siempre emocionales, se despedían percutiendo a lo bestia nuestros corazones, dejando sonar en bucle las melodías, rebosantes de saudade mediterránea, de ‘Take Me Home’. Un cierre profundamente bello en todo su amargor. Aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Tocaba volver a casa.

Fotografías: Hugo Lima





