Big Thief @ Noches del Botánico (Madrid) 10-06-2026
Idealizados por la sensación que dejó en mí uno de los conciertos más sobrecogedores que recuerdo haber vivido en La Riviera, la banda norteamericana Big Thief regresaba a Madrid tres años después de aquella efeméride. Lo hacían en uno de esos conciertos revestidos, igualmente, de un aura especial; dentro de la programación de Noches del Botánico, en ese escenario donde el intimismo adquiere nuevas connotaciones. Seguramente el telón de fondo perfecto para disfrutar de una propuesta como la suya. Por si fuesen pocos los motivos para no perderse esta cita, llegaban también con un disco editado el pasado año. Una colección notable que dejaba unos cuantos tesoros musicales más en su discografía.
Aunque la sorpresa en este sentido sería mayúscula, tocando, en todo el repertorio, únicamente una canción de su último álbum. Acostumbrados a abordar cada noche un setlist diferente y, en ocasiones, poco complaciente con el público mayoritario, la banda comenzaba con una extraña canción titulada ‘Bloom’. Una de esas que no figuran en sus registros. Una joya inédita que, rebuscando en la hemeroteca digital, data de 2014, y cuya autoría corresponde a Buck Meek y a Adrianne Lenker, en lo que sería una etapa primigenia incluso a la gestación de la propia formación. Un brindis a la melancolía que no podía sino anticipar un concierto emotivo, tanto arriba como en frente del escenario.

No dejaban muchas dudas cuando acometían, de primeras, dos de los cortes más magnéticos de su trayectoria. Con solo unos minutos de concierto, ‘Born For Loving You’ ya lograría erizarme la piel. Todo gracias a esa voz desgarradora y dulce por momentos, pero siempre melódica, con una Adrianne Lenker inmensa, demostrando tener unas condicionales vocales a la altura de muy pocas cantantes en el mundo. No se quedaba atrás en esa ‘Vampire Empire’ totalmente catártica, que se sublimaba de nuevo en la garganta rota de Lenker. También en los metales que introducía James Krivchenia, golpeando con la contención justa un platillo abollado a posta. Igual que la canción, haciendo de lo imperfecto algo precioso.
Manejando los tiempos y los tempos, Big Thief soltaban temas tan rotundos como ‘Not’ o ‘Certainty’, separados con delicadeza por pasajes más intimistas y alejados de la fuerza del hit. Ahí nos dejarían el silencio sepulcral que se apoderada del jardín botánico en ‘Forgive the Dream’ y una ‘Incomprehensible’ que sonaría tan especial en la atmósfera de Madrid que incluso la propia Lenker se conmovía al terminar; «He podido sentirlo, gracias». Y siguiendo con este ramalazo menos evidente, darían también vida a la versión de un, por aquí poco conocido, Chris Smither, rediginificando la tradición de la música country de la que tanto beben con ‘Leave the Light On’.

Como si tratase de una versión de sí mismos, las guitarras de Meek, en el plano más melódico, y Lenker, arañando la distorsión más ruidosa, esbozaban la sonrisa de los asistentes con esa ‘Shark Smile’. Un tema tan inapelable que podría haberles haberles hecho de oro si se hubiese gestado en los ’70, con la capacidad de coger todas las mejores esencias de todo aquello y traerlas renovadas hasta nuestros días para darle nuevos significados a la música de raíces.
Al amparo de un sonido perfectamente ajustado, que se mantendría intacto durante todo el recital, Big Thief no nos hacían esperar para los bises, acometiendo a quemarropa las definitivas ‘Change’ y ‘Masterpiece’. Un final desbordante, a la altura de un concierto hermoso y sensible, con capacidad de sobra para volver a removernos por dentro.





