Big Thief – «Double Infinity» (2026)
Big Thief es uno de esos grupos que me conquistó en directo. Aunque sus discos no me desagradaban, obviamente, no fue hasta que presencié aquel despliegue tan cotidiano y sencillo como visceral y contundente sobre el escenario de La Riviera cuando me di cuenta ante qué tipo de grupo estaba. Una banda única, que sin plegarse a los designios de la industria iba desarrollando una carrera que, en retrospectiva, he descubierto sin altibajos. Y una banda cuyos miembros desbordan tanta calidad que sus discos en solitario son casi igual de interesantes. Aquella noche vi que lo tenían todo: actitud, sonido y canciones.
Desde entonces, fiel a su causa, he disfrutado de los últimos trabajos de Adriane Lenker y Buck Meek. También de ese doble single grabado en España junto a Joan Pons y Jordi Matas que contiene la que considero que es una de las mejores canciones de la banda, ‘Vampire Empire’. Y me veo ahora completamente atrapado por los temas de su nuevo disco, “Double Infinity”, como en un bucle del que no consigo salir.
Reducidos oficialmente a trío tras la salida del bajista israelí Max Oleartchik por “motivos personales” (se rumorea que relacionados con algunas posiciones ideológicas relativas al genocidio en Gaza), Lenker, Meek y el batería James Krivchenia, lejos de simplificar su sonido, se han rodeado de colaboradores en unas sesiones de estudio que han dado, como resultado, una obra muy de banda, rica en instrumentación y con algunos de los ambientes sonoros más cuidados de su trayectoria.
Un álbum en el que, en ocasiones, la voz de Lenker no hace más que flotar sobre capas de sonido y fogonazos de electricidad, como ocurre en una ‘Words’ en la que, como parece rezar su estribillo, sobran las palabras. O en esa ‘No Fear’ de cuyo ambiente espacial, con las congas rodeando la hipnótica línea de bajo y una estrofa que no deja de repetirse, es imposible escapar. Una fórmula, la de la repetición constante, con la que también juegan en ‘Happy With You’, pero esta vez sobre un ritmo acelerado.
En otras, es lo que nos cuenta en su letra el hilo principal, como en la inicial ‘Incomprehensible’, un relato cotidiano con el paso del tiempo como protagonista y un montón de frases visuales. O es la narración arrastrada de Lenker la que nos va guiando por los parajes sonoros, como en la cálida y acogedora ‘Los Ángeles’. Sea como sea, todo discurre como en medio de un ambiente onírico, un dream-folk en el que parecen sentirse tan cómodos como en aquellos arrebatos de distorsión a los que no tenían acostumbrados. Un disco rico en instrumentación, que suple cierta falta de electricidad a base de percusiones, acústicas, coros y voces adicionales y que con todo ello da lugar a una colección de canciones delicadas y de lo más placenteras.





