Los Planetas + Christina Rosenvinge @ Pirineos Sur (Lanuza) 11-07-2025
Con los conciertos de Nacho Vegas y Suede aún resonando en la comarca, Pirineos Sur volvía a abrir sus puertas para otra jornada de tintes épicos. Hasta las orillas del pantano de Lanuza llegaría el viernes la música de Christina Rosenvinge, con el sol poniéndose sobre las aguas. Toda una mística que anticipaba la llegada de la noche, donde Los Planetas terminarían firmando uno de los conciertos más atronadores que se recuerdan de la banda granaína.
Precisamente en su Granada natal tengo un recuerdo nítido: un concierto de Los Planetas en la Plaza de Toros de la ciudad, con Alcalá Norte y Depresión Sonora como bandas invitadas. Aquellos tres directos terminarían convirtiéndose en algunos de los conciertos inolvidables de ese año, sonando todos ellos inmensos en la acústica del recinto. Pero ya en aquella ocasión, la mayor parte del público que había ido, en exclusiva, a ver a Los Planetas, estaría inerte durante las dos primeras actuaciones. No parece misión fácil abrir para una banda tan generacional como la suya.

Estas mismas dificultades se harían patentes también durante algunos momentos de la actuación de Christina Rosenvinge en Pirineos Sur. La cantautora iniciaba su cancionero con una melosa ‘La distancia adecuada’ que, por fortuna, reduciría el espacio entre ella y el público más abierto de miras. No sería posible conectar con otra parte de la audiencia, que siguió hablando como si nada, incluso cuando la artista madrileña recordaba en unas sentidas palabras la figura de su difunto padre. Con todas sus aristas y sin idealizaciones póstumas. Justo antes de dedicarle ‘Romance de la plata’, la canción que ella misma le fue a cantar al cementerio. Toda ella revestida con una aura de gravedad, desprovista de drama pero siempre confesional, acercándose al espíritu de la profunda y magistral Patty Smith.

Con su habitual simpatía, se comunicaba también con el auditorio metiéndose en el papel de juglar para transmitir por medio de la tradición oral la historia de Safo. Inspiración de su disco, «Los versos sáficos» (2023), del que rescataba canciones como ‘Hoy duermo sola’, ‘Pajarita’ o ‘Ligera como el aire’. Siempre reivindicativa e inteligente, su prosa seguía explorando la pasión desde diferentes ángulos en ‘Tu boca’. En ella, y junto a su banda de músicas, daban rienda suelta a las melodías más estivales mientras algunas barcas se aproximaban a remo al escenario flotante. Una postal idílica para dejar grabado junto a este concierto intimista.

Ya con las estrellas comenzando a llenar de migas el cielo, se cambiaba el escenario para dar la bienvenida a Los Planetas. A la hora señalada y bajo un gran expectación, la banda saltaba a las tablas con una energía apabullante. Los baquetazos de Eric y el icónico riff de guitarra de Florent desataban los gritos de éxtasis con la inicial ‘Segundo Premio’. Con un muro de sonido que se elevaba implacable en la región oscense, con la voz de Jota perfectamente ajustada, Los Planetas dejaban claro desde el comienzo que esta iba a ser su noche.

Les he visto en directo ya innumerables veces, y de entre todas ellas, esta entraría de lleno en el podio de las veces que mejor han sonado. Es difícil de describir un concierto sin caer en lo superlativo, cuando de buenas a primeras despachas himnos tan generacionales como ‘Qué puedo hacer’ o ‘Pesadilla en el parque de atracciones’. Un setlist que conformaba un tridente inicial que atacaba directamente a la melancolía noventera. A la juventud más dorada de un público que creció con su música. Medalla de oro también para ‘Espíritu olímpico’ y esas armonías que devolvían el romanticismo a lo más alto del cajón.
Aunque si de altitud se trata, ‘Señora de las alturas’ sería uno de los cortes más elevados de su concierto. Absolutamente sobrecogedores en el frescor de la noche pirenaica, Los Planetas nos llevaban hasta las puertas de lo divino para dejarnos caer desde lo alto, con un estribillo que lograba ponerte la piel del revés. Igualmente sagrada, retumbaría contra la ladera de piedra ‘Santos que yo te pinté’. Con la guitarra de Florent asumiendo una voz propia, una vez más continuando las frases para darles significados abiertos, para que fuesen completados al gusto del espectador.

Bordeando su propia órbita, se sumían en los devaneos del space rock en ‘DB’ y volvían a la tierra para encarar un tramo final cargado de hits. Desde ‘Un buen día’ a ‘Alegrías del incendio’, para desatar una vez más la euforia con ‘De viaje’, todas ellas coreadas puño en alto por una multitud que estaba ahí para rememorar su propia leyenda. Y Los Planetas se lo brindaron. Volvían de los bises para rematar un concierto de antología, en el que terminarían sonando ‘Cumpleaños total’ y la ya clásica ‘La caja del diablo’.
Por lo especial del lugar, por la intensidad y brillantez del sonido de la formación y por las canciones escogidas para la ocasión, este pasaría a ser de manera automática uno de esos conciertos que recordaremos todos los que estuvimos allí.





