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Festival Cala Mijas 2023 (Málaga)
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Festival Cala Mijas 2023 (Málaga)

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La búsqueda de un gran festival de música internacional, que actuase como gran referente en el sur de la península, es una de las aventuras que más interés han suscitado al sector en los últimos años. En pleno boom de los festivales, registrándose más de 870 cada año en España, el Festival Cala Mijas ha irrumpido con fuerza con una apuesta por lo macro sin caer, al menos de momento, en la masificación de aforos.

Reportando más de 110.000 asistentes y rozando el lleno en su segunda edición, hasta el propio presidente del gobierno, Pedro Sánchez, se acercaba al evento a sacar pecho de eso que se conoce coloquialmente como «marca España». Esperemos que con mejor reputación que en otros recientes ejemplos, tristemente exhibidos al mundo bajo esa etiqueta. Sin ánimo de suscitar aquí ninguna polémica sobre las ayudas públicas concedidas a estos eventos (para eso ya está Nando Cruz en su cruzada quijotesca), lo que es indiscutible es que, tras su segunda edición, el Cala Mijas asienta su hegemonía en Málaga como macrofestival internacional, con un 28% de público viajando desde fuera del territorio estatal.

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Con tres jornadas de música programadas, la primera de ellas rotulaba en grande las letras de los canadienses Arcade Fire. Gran reclamo de un día en el que también actuarían bandas como Idles, Foals, Buxter Dury o Cupido, entre otras. No obstante, nuestro paso por el festival andaluz no comenzaría hasta un día más tarde.

Viernes 1 de septiembre

Todo comenzaba con un viaje al corazón de la Costa del Sol, para adentrarnos en un recinto cómodo situado en Las Lagunas de Mijas. Y el recibimiento no podía ser más abrumador, escuchando nada más llegar los primeros baquetazos que marcaban el inicio de Amyl and the Sniffers.

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Lo de Amy Taylor y compañía es de las cosas más salvajes que se pueden ver esta temporada sobre las tablas. Con, tal vez el mejor sonido de todo el festival, nos pasaban por encima con una actitud punk incontestable, con Amy desenvolviéndose como una frontwoman absoluta, devorando el escenario con alaridos y bailes esquizoides. Todo ello entre unas guitarras que le guiñan ojo y medio al rock más clásico, por momentos incurriendo incluso en algo parecido al glam. Una mezcla convertida en cóctel molotov en directo. La tralla de cortes como ‘Hertz’ o ‘Freaks to the Front’ nos ponían a sudar y nos conducían, nada más llegar, directos al pogo.

Para quien escribe estas líneas, y sin ser un gran seguidor previo de la formación australiana; el suyo sería el concierto más impactante de este Cala Mijas 2023.

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Dejando el listón en lo más alto, tocaba tomar un poco de aire y cambiar radicalmente de compás. Sin dejar, eso sí, de mover los pies al ritmo del italodisco de Nu Genea. La suya fue una de esas propuestas que me conquistaron a la primera escucha, cuando llegaba a ellos gracias a su majestuoso disco, «Bar Mediterráneo». Nada importaba haberles visto en directo hace tan solo unos meses, su concierto estaba en lo más alto de nuestra agenda y, una vez más, no fallaban en una puesta en escena con hasta ocho músicos tocando a la vez. Fiesta total que llegaba al éxtasis con temas imparables como ‘Tienaté’ o ‘Marechià’, con Fabiana Martone desplegando unas alas multicolor de su vestido turquesa. Pura esencia napolitana.

Haciéndose de rogar con un retraso en los horarios y acumulando a la inmensa mayoría del público entorno al escenario principal, llegaba el turno de The Strokes. Ellos eran el principal motivo de nuestra visita al festival, en la que sería la primera vez que veía en directo a la que, vaya por delante, ha sido una de las bandas que marcarían mi adolescencia.

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Y el comienzo no pudo ser más decepcionante. Difícil adjetivo cuando, de primeras, saltan a la yugular con tres temazos que, en condiciones normales, habrían puesto patas arriba a cualquier público del universo. Hablo de ‘What Ever Happened?’, ‘Alone, Together’ y el hitazo, ‘Last Nite’. ¿Cuál es el problema entonces? Un sonido ridículo en lo que a potencia se refiere, que ni siquiera alcanzaba a cubrir la zona de la mesa de sonido. He presenciado muchas veces conciertos en los que, aunque suena mal, el público traga y disfruta del show. Pero en este caso fue tan escandaloso, y había tantas ganas acumuladas, que la olla a presión estalló y comenzaron a escucharse cánticos masivos de; “¡no se oye, no se oye!”.

Seguramente nunca sepamos con certeza de quién fue la culpa; ¿Fue un problema de la banda?, ¿de los técnicos de sonido?, ¿de la producción del festival? Pese a que el sonido mejoró con el paso del tiempo, tardó mucho en encontrar un nivel aceptable, que nunca adecuado para un recital semejante que, además, en formato festival, cabe esperarse totalmente envolvente y sobrecogedor. Puede que esto también mermase la actitud sobre el escenario de una banda que, pese a estar tocando y cantando sin fallos, parecían totalmente absortos en un mundo aparte.

Pero pongamos también las cosas en su justo sitio. Se han publicado algunas crónicas que se quejan incluso del setlist, y por ahí sí que no paso. De las 19 canciones que abordaron en directo, tan solo las dos canciones que rescataron del mal disco, «Comedown Machine», resultaron prescindibles. ¿Cómo te puedes quejar de las canciones cuando te tocan más de medio disco del «Is This It» y más de medio disco del «Room On Fire»? Dos de las mayores obras discográficas de la historia del rock de los últimos 25 años. Con himnos así, acabamos entrando a la fuerza en un concierto que terminó siendo amplificado por las voces de varias generaciones. En fin, sabor muy agridulce, pero no pierdo la fe. Habrá mejores ocasiones de ver a los Strokes.

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En consuelo llegaría a lo grande, con la electrónica de Delaporte devolviéndonos el ánimo en otro concierto altamente energético. Su propuesta en directo es bastante más sorprendente que en sus grabaciones de estudio, subiendo mucho en pegada con unos beat que apuntaban al baile sin contemplaciones.

Un sendero electrónico del que ya no nos bajaríamos en toda la noche, disfrutando a lo grande de Underworld. Para muchos, “el grupo de la canción de Trainspotting”. El mítico dúo se quitaba cualquier tabú en seguida, y lo conseguían con una sesión finísima, que destilaba toda la graduación de aquellos años locos de los 80, donde la música de baile conquistaría las islas británicas, Valencia y, dese ahí, el mundo entero. Por supuesto, sonó ‘Born Slippy’ y Mijas se convirtió en un crisol de nostalgia durante algunos minutos.

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Dando de nuevo el relevo al producto nacional, eran ahora Playback Maracas quienes cogían el testigo, moviéndonos al ritmo de temas propios y clasicazos como ‘Night Call’, del maestro Kavinsky. Fue uno de esos conciertos divertidos y perfectos para cerrar una velada. Pero no. Con toda la adrenalina en el cuerpo, aún quedaba visitar uno de los escenarios característicos que dan personalidad a este festival. Me refiero a La Caleta, donde se programaba sin descanso electrónica hasta el cierra de fiesta. En este caso, el maestro de ceremonias al que se le encomendaba tan noble misión era un tal Palm Trax. Desconocido absoluto para mí pero con un buen gusto que mantendría a un número considerable de personas bien atentas a su sesión hasta el amanecer, culminando por todo lo alto nuestro primer asalto.

Sábado 2 de septiembre

Con una jornada por delante en la que las lluvias amenazaban seriamente gran parte de la programación, la hoja de ruta nos conducía  exprimir al máximo los conciertos más matutinos. Ahí estaban, a pie de playa y alegrándonos el día, Aiko El Grupo. Su power pop y sus letras, tan juveniles como ácidas, tienen la capacidad de cargarle las pilas y rejuvenecer a cualquiera. Y así terminamos, cantando puño en alto en mitad del pogo mañanero cortes como ‘K Pesao’, la celebrada versión de ‘Toro’, de El Columpio Asesino, o la hipercoreada ‘A Mí Ya Me Iba Mal De Antes’. Bolazo para empezar el día y resucitar.

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Más sol en la cara para no perderse a La Plazuela. Repitiendo en el horario de tardeo, como ya hiciesen en el Bilbao BBK Live, el grupo granadino demostró en Mijas que, si bien son perfectos para animar el cotarro con unas cervecitas al sol, son un grupo que pese a su cortísima trayectoria ya están preparados para levantarte un festival entero a altas horas de la noche. El público llenaba el escenario principal para no perdérselos y el suyo sería también uno de los sonidos que más destacaron en un festival que, por demasiados momentos, careció de potencia. Ponían al respetable a bailar su «Roneo Funk», contagiando un buen rollo y una intensidad en las bases que crece muchísimo en directo respecto a su disco de estudio. ¡Impecables!

Y aquí tal vez la programación del festival, pese a ofrecer alternativas más animadas, no atinaba excesivamente en los horarios de los conciertos. Venir de La Plazuela y meterse un concierto de José González tal vez no sea la idea más adecuada para lograr seguir el ritmo de una última jornada de un macrofestival, eventos siempre muy exigentes en cuanto a cansancio. Y no me malinterpreten, la música de José González es de una calidad incuestionable, pero tal vez el orden de los factores debería haberse intercambiado. La suya se trata de una de las puestas en escenas más sobrias que se pueden llevar a un macrofestival estival: un cantante de folk y canciones intimistas  con una guitarra sentado en una silla. Sin duda, un concierto digno de un teatro y un público descansado.

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Desde ahí la cosa no pintaba mucho mejor, con el argentino Duki como única alternativa más allá de un escenario de La Caleta donde la electrónica sonaba sin parar. Pese a que su concierto en el escenario principal también consiguió escapar de la austeridad acústica de otros, hay pocos elementos en su música que me hagan conectar con su propuesta, además de haberle visto también muy recientemente en Bilbao. Mientras, las tormentas siempre amenazantes, se iban retrasando en la noche dando algo de esperanza para un cierre sin complicaciones.

Por suerte, sí conseguían animarme, y mucho, unos Metronomy especialmente enchufados, que disfrutaban sobre el escenario bordando un concierto memorable. Alternando las variadas cadencias de sus distintas facetas, su original caleidoscopio de sonidos llegaba al clímax dejándose lo mejor para el final. En ese último arreón sonaban perfectas ‘Right On Time’, ‘The Look’ y, sobre todo, una ‘You Could Easily Have Me’ que devolvía el rock guitarrero al Cala Mijas y que en directo elevaba las pulsaciones de unos sintetizadores que fueron coreados por una masa ingente de brazos al aire. Un final de concierto rebosante de épica. ¡Justo lo que se necesitaba!

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Pero de nuevo, la euforia se cortaba de raíz en el concierto más esperado del día, el de una Florence and The Machine que volvía al festival malagueño cerrando su gira y regresando al ruedo tras unos problemas de salud que, pese a no desvelarse, se intuían mucho más dramáticos de lo que parecía a priori. A nivel artístico, su concierto sería intachable, pero a la excesiva acumulación de gente en torno al escenario principal (el único momento francamente agobiante de todo el festival), los problemas de un sonido nuevamente carente de decibelios, los largos speeches entre canciones y el tono lúgubre de muchas de sus canciones, terminaron por sacarme de un concierto con el que no logré conectar.

Asumo que sería una cosa mía, fruto del cansancio acumulado y del contexto, pero más allá de algunos fragmentos proféticos al más puro estilo Nick Cave (por momentos incluso excesivamente forzados), buscando las manos y la complicidad de los más fieles, y algunos de sus temas más reconocibles, su directo me dejaba helado.

Echando el resto, aún tenía ganas y energías para intentar resarcirme con Baiuca y su banda en directo. Y con toda la mística galaica, se obró el milagro. El productor gallego convertía Mijas en una gran fiesta, repleta de matices celtas y oriundos de esa tierra que lleva por bandera y que empapa toda su música de un aura especial. Literalmente además. Según tocaban ‘Fisterra’, la famosa tormenta aparecía en escena, desatando las bromas de las cantantes de la formación, quienes aseguraban entre risas haber traído la lluvia consigo desde Galicia.

Pero más allá de anécdotas exotéricas, su actuación sería de lo más destacado del festival, realizando un setlist variado donde todo encontraba un contrapunto y una alternancia. Valga de mención ese extraño instrumento, una suerte de rastrillo con cascabeles que añadía aún más folclore y visceralidad al recital. Sigo sin saber lo que era, pero da igual. Lo importante es que tenemos a uno de los mejores y más personales djs de toda la escena mundial, y esto sí que debería ser orgullo nacional, o territorial, o qué sé yo, como quieran llamarlo.

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Terminaba Baiuca y, cómo no, cesaba la lluvia (creen ustedes lo que quieran), para borrar cualquier excusa de acercarnos a The Blaze pese al agotamiento. Y el esfuerzo tenía premio. El dueto francés son, sin lugar a dudas, una de las sensaciones de la temporada. Están petándolo gracias a un último disco, «Jungle», que ha sabido conectar la electrónica más sensible con un público mayoritario, que no siempre es tan receptivo ante este tipo de propuestas. Tiene mérito y son, tal vez junto a Fred Again, los últimos fenómenos de la electrónica capaces de romper esa barrera.

Pese a todo, me acercaba a su directo algo reticente, después de haberles visto, también en el Bilbao BBK, en un concierto magnifico pero excesivamente tranquilo para darse en la madrugada. Por fortuna en esta ocasión cambiaban las tornas e imprimían garra desde el inicio, amparados por un diseño de iluminación y visuales poético y sugerente. No faltaban ‘Eyes’, ‘Territory’ o una ‘Dreamer’ que conseguía emocionarme pese al palizón.

No había tiempo para más, y la lluvia, ya en forma de DANA en algunas regiones más al norte, volvía amenazar y ponía el punto final a nuestra cobertura. Me quedo con pena de no haber cerrado con la épica de un pogo bajo la tormenta viendo a La Élite, pero no se puede pedir más para un verano en que, una vez más, la música ha vuelto a darme años de vida. ¡Gracias!

Fotografías cedidas por la organización

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