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Entrevista con The Secret Society: “El underground es el lugar idóneo para desarrollar ideas y repensar la música que hacemos porque es ahí, en los márgenes, donde todo es posible”
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Entrevista con The Secret Society: “El underground es el lugar idóneo para desarrollar ideas y repensar la música que hacemos porque es ahí, en los márgenes, donde todo es posible”

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entrevista the secret society gira 2024

En los últimos años tuvimos varias veces la sensación de que el fin de The Secret Society estaba cerca. Este es siempre uno de los miedos que vivimos con nuestros grupos favoritos. El otro es justo el contrario, que nunca pongan fin a su trayectoria y que la inercia les sumerja en la autocomplacencia y el tedio hasta dejar de ser trascendentes para el que está al otro lado. Y no son pocas las veces que esto pasa.

Ni una cosa ni la otra ha ocurrido todavía con The Secret Society. Si bien es cierto que la banda, de la manera en la que la hemos disfrutado en los últimos años, parece haber llegado a su fin (quién sabe si de manera definitiva), una nueva etapa se ha abierto como consecuencia de ello. Tras su mudanza a Hamburgo, y después de que el grupo ofreciera tan solo un par de conciertos en Madrid en los últimos tres años, Pepo Márquez nos sorprendía hace unos meses anunciando que en 2024 volvería a girar por nuestro país. Recorrerá nueve ciudades en nueve días a partir del viernes 18 de octubre y se subirá al escenario junto a su amigo y músico Klas Van Hasselt, con quién está creando nuevas canciones y adaptando algunas de las habituales de un grupo que cuenta ya con más de dos décadas de trayectoria.

Para echar la vista atrás, repasar toda esta carrera y contarnos que nos puede deparar el futuro más inmediato del proyecto cruzamos unos correos electrónicos con el propio Pepo. Podéis leer el resultado a continuación.

Hace poco comentabas en redes que “Bomb the Past”, vuestro segundo EP, cumplía veinte años y que, sorprendentemente, lo habías vuelto a escuchar y no lo odiabas. ¿Qué sentiste al escucharlo?

Es muy fuerte cómo pasa el tiempo. No recuerdo qué me llevó a escucharlo, supongo que intentar recordar cómo hacía canciones el Pepo de aquella época. Iba preparado para encontrarme con cualquier cosa y me sorprendió mucho el convencimiento con el que grabé todo aquello, la fuerza y la pasión. No es que esto último haya cambiado –de hecho, creo que no ha hecho más que aumentar–, pero me dejó buen cuerpo el hecho de que no me diera vergüenza escucharme veinte años después.

Un año antes, en 2003, publicaste “January” ¿Cómo recuerdas aquella época? 

Siempre que pienso en los años de cuando empecé a grabar y a tocar por ahí acabo pensando lo mismo: en la suerte que tuve de vivir aquello en esa época, no sólo de mi vida, sino también de la historia de la escena independiente, la industria de la música y el mundo en general. Internet todavía era el rincón al que acudíamos para refugiarnos de la realidad y no como sucede hoy, que es el sitio del que huimos cuando no queremos desconectar de la realidad; no teníamos teléfonos inteligentes, nuestras conexiones se limitaban al email y todo estaba por construir y, por tanto, por descubrir. Fue una época de anonimato en el buen sentido: hacías cosas de las que sólo se enteraba un número muy reducido de gente, pero que las recibía casi con la misma pasión con las que las hacíamos. Una época de contactos personales, de vivir muchas veces esa sensación de anticipación por las cosas que iban a pasar y de las que no tenías toda la información por adelantado. Incluso como parte también del público –que lo era–, fue una época de ensayo-error: dónde obtener la información, dónde conseguir los discos, cómo enterarse de que tocaban June of 44 en Siroco, etc.

Cuando conseguías entrar en ese círculo, el siguiente paso natural era activarte y empezar a montar grupos, conciertos, fanzines, sellos o todo a la vez. Y es exactamente lo que hice. Soy un antinostálgico militante y me niego a pensar que el pasado siempre fue mejor. Sin embargo, sí que es verdad que en toda esa precariedad había mucha emoción.

¿Ha cambiado mucho desde entonces tu manera de moverte dentro (o al margen de) la industria musical?

Supongo que me he ido adaptando de manera natural, sin abandonar nunca la crítica. Creo que todo tiene que ser criticado y puesto en duda para, al menos, entenderlo. Entiendo que esa actitud crítica me ha ayudado a navegar por todos los cambios que se han producido en la industria en tan poco tiempo: desde el mp3 al streaming pasando por los contratos 360º, las redes sociales, la hiperactividad, el auge y caída de los festivales, el algoritmo o la normalización de que los que hacemos música tenemos que hacer de todo, todo el rato.

Yo entiendo que no soy un perfil muy amable para ciertos sectores de la industria, pero sucede también que no me importa y que tampoco hago nada para gustar a nadie. Intento que todo lo que haga (sea música o algo relacionado con la música) esté alejado de la frivolidad y la banalidad. Si consigo eso, el resultado o el alcance que pueda tener no me preocupa.  

Tras estos dos trabajos cortos llegó el primer largo, “Sad Boys Dance When No One’s Watching”, en el que ya empezaban a introducirse otros elementos; algo de distorsión, cajas de ritmo… ¿Qué era The Secret Society en aquel momento? Escuchándolo a día de hoy me suena un poco a disco de transición hacia lo que vais a acabar siendo. ¿Tenías claro en ese momento que querías dirigir tu sonido hacia un lugar nuevo? 

Yo no lo llamaría “disco de transición”, pero sí lo llamaría “disco de aprendizaje”. No sabía demasiado de las cosas, pero me gustaba cómo sonaban artistas como Bruce Springsteen, Jason Molina, Elliott Smith, Pedro the Lion, Rocky Votolato, Ani Difranco o Will Oldham, de modo que sí tenía la brújula orientada en esa dirección. Me fichó Acuarela sin haber mandado una sola maqueta. Víctor Lenore, que todavía conservaba cierta influencia en las decisiones de Jesús Llorente, hizo de enlace. Recuerdo que la primera vez que nos sentamos los tres juntos a comer, Llorente me dijo: “No sé si te voy a fichar, pero sé que te ficharía”. Ya no queda nada de eso: el restaurante Gumbo de la Calle del Pez cerró, Llorente dejó Acuarela (y de hablarme) y Lenore se volvió amable con la ultraderecha, entiendo que por cuestiones de pura supervivencia.

¿Qué te llevó a introducir la electricidad en el sonido del grupo? 

Fue una cuestión material: en cuanto empecé a pensar más en el formato banda y me hice con una guitarra eléctrica que me gustaba –me costó 99 dólares en Atlanta y todavía la uso–, pudimos empezar a hacer ruido. Para mí la distorsión nunca ha sido extraña: crecí con discos de Sepultura, Faith No More, Metallica, Sick of it All, Obituary o Pantera. La primera guitarra que tuve fue una imitación a una Ibanez que me regaló mi tío por mi 14 cumpleaños. Ahora es normal que cualquier chaval que empiece a tocar lo haga con un equipo profesional: pedales top, ampli de válvulas y guitarras carísimas. Durante los 90 esto era implanteable, al menos en mi caso. Recuerdo que un vecino tenía un amplificador Marshall de válvulas y a veces iba a su casa a tocarlo. Un día me lo prestó y me fui cargando con él de su portal al mío, a pulso, y casi pierdo los brazos. Cuando llegué a mi casa, mis padres se enfadaron muchísimo por haber pedido prestado algo tan caro y me obligaron a llevarlo de vuelta sin llegar siquiera a enchufarlo.

De todos mis amigos, sólo dos o tres tenían amplificador; el resto conectábamos la guitarra eléctrica a la minicadena y rezábamos para que los altavoces soportaran la sobrecarga de la señal. En mi caso, sobrevivieron. Fueron años de compartirlo todo. Tenías lo que podías y esa mentalidad me sigue acompañando hasta ahora: al venirme a Hamburgo presté todo mi equipo excepto una guitarra acústica, una eléctrica y un ampli.

En 2008 llega “I Am Becoming What I Hate the Most” abrazando ya definitivamente esa electricidad que os caracteriza (entre otras cosas) a partir de entonces. Es un disco que me gusta mucho. Muy crudo, aunque con mejor sonido, y con todos los mimbres de lo que creo que perfeccionaríais definitivamente en el siguiente. También empieza a haber más canciones en castellano. ¿Cómo recuerdas aquel punto? 

Ese disco es más importante de lo que parece a primera vista. Ya tenía una banda más o menos estable, aunque sin bajista (todos los bajos de ese disco los grabé yo cuando ya habían sido grabadas las baterías y las guitarras), con Andrés Perruca (de El Niño Gusano, Tachenko y Bigott) a la batería y Javier Vicente (Big City, Carasueño), a las guitarras, teclados y lapsteel. Tocamos mucho fuera de España, tocamos en festivales enormes y todo era excitante, porque “Sad Boys Dance When No One’s Watching” fue disco nacional del año para Go! Magazine y estuvo muy arriba en todas las listas del resto (Mondosonoro, Rockdelux, etc). Eso elevó muchísimo el perfil del grupo.

El disco, a pesar de publicarse en 2008, se empezó a grabar en septiembre de 2006. Se publicó tarde porque Acuarela no pagaba los masters y yo no tenía dinero para hacer frente a la grabación, de modo que me pareció bien que Javi Ortiz de Estudio Brazil no soltara el master hasta recibir el dinero. Como pasó tanto tiempo, hubo canciones que se concibieron en inglés y que luego, en las sesiones de febrero de 2007, transformé al castellano. Fue Dominique A, a quien conocí en un festival en el que coincidimos en Moscú en junio de 2006, el que me empujó a atreverme a cantar en mi idioma. Me dijo algo así como: “Tu música ya está bien. Ahora tienes que hacer que tus letras sean únicas y nunca podrás lograrlo cantando en otro idioma”. En aquella época hasta Standstill se habían pasado al castellano, Artur de Aina dejó el inglés para cantar en castellano en Nueva Vulcano y, en general, el universo me decía que era el momento de hacerlo. Y así lo hice.

También es el disco que, hasta entonces, más suena a banda. Desde fuera igual fue el primer momento en que sentimos que The Secret Society era más un grupo que un proyecto en solitario. No sé si tú también lo sentiste así en aquel momento, si fue en algún otro o si realmente nunca has tenido ese pensamiento.

Es que éramos una banda, en el sentido de que éramos tres personas muy unidas que compartíamos mucho más que el tiempo y el espacio de The Secret Society. Incluso en las fotos de promo dejé de aparecer yo solo. Aprendí muchísimo de Perruca y de Javi Carasueño. Tocábamos mucho también y yo estaba desatado musicalmente: me atrevía con todo y, dentro de mis posibilidades, me salía todo. Tengo cientos de ideas para canciones grabadas en cassette de aquella época que escuché hace no mucho y de verdad que me sorprendió la cantidad de material que tenía en la cabeza. En algunos de esos bocetos ya se escuchan ecos del siguiente disco. Esa fue la época de la explosión de MySpace y resultó ser crucial para ampliar el radio de acción de la banda. Tocamos en Francia, Austria, Alemania, Italia, Rusia, Guinea Ecuatorial, etc.

Después llegaría “Peores Cosas Pasan en el Mar”. Otra vez hablando desde cómo se ven (o cómo las veo yo, al menos) las cosas desde fuera, diría que es el disco más importante de tu carrera. Creo que conectó de una forma muy profunda con mucha gente y que, tal vez, la apuesta definitiva por el castellano en las letras ayudó a que así fuera. No sé si tuviste esa sensación en aquel momento. ¿Notasteis que público y/o prensa estaba más receptiva?

Ese disco es el disco por el que siempre será recordada mi pequeña sociedad secreta. Y es un alivio, porque es un buen disco y es, sin duda, el mejor disco que pude hacer con lo que tenía y sabía en ese momento. Un disco sin estrategia, a tumba abierta, casi en primeras tomas, y sin importarme nada más que reflejar en las letras lo que sentía en ese momento. El contexto era muy favorable: no tenía más obligaciones que ir a trabajar, no tenía hijas que atender, no tenía pareja, había montado Gran Derby Records con amigos y de verdad que creía que todo era posible. Estaba inspirado y dedicaba mucho trabajo y mucho tiempo a esa inspiración. Fue una época especialmente sensible para mí, tras una ruptura sentimental dolorosa pero merecida, y un panorama que casi me gritaba al oído: “Si no es ahora, ¿cuándo lo vas a hacer?”. Todo eso se escucha en ese disco, al menos yo lo escucho.

Respecto al alcance que tuvo, se debió al contexto histórico: por un lado, las redes sociales no lo habían jodido todo y todavía eran herramientas útiles para amplificar un mensaje, el que fuera. También existía todavía ese sentimiento de pertenencia a una escena donde nadie glorificaba a La Oreja de Van Gogh o a Pignoise, un sentimiento de “nosotros aquí y ellos allí” y, por último, unos medios que eran todavía leídos y escuchados, que eran relevantes. Este disco fue muy bien tratado por los medios de comunicación, tanto los musicales como los más generalistas, hasta el punto de que me costó una crisis interna con dos de los miembros de Gran Derby Records que también sacaban sus propios proyectos en el sello y que pensaban que yo dedicaba más tiempo “a lo mío” que “a lo suyo”. No había que ser el lápìz más afilado del estuche para entender que teníamos una oportunidad con ese disco y, en lugar de celebrarlo, empezaron a aflorar envidias. Para mí fue el primer clavo en el ataúd de Gran Derby Records y de nuestra amistad. Pero así son las cosas a veces y lo único que podemos hacer es aprender y avanzar.

Hace un par de años lo repasasteis al completo en directo y te aseguro que para los que estábamos en las butacas fue muy emocionante. ¿Cómo recuerdas aquel concierto? ¿Sentías que tal vez era la última vez que tocabas algunas de esas canciones?

No fue la mejor experiencia de mi vida, la verdad, pero no por cómo salió, que creo que salió bien, sino porque fue muy raro para mí: por un lado, ni Manel ni Meta ni Ricky formaron parte de la grabación de “Peores cosas pasan en el mar”, lo cual lo convierte, para ellos, en una herencia más que en patrimonio personal. Y, por otro, siempre he pensado que repasar un disco reflejaba una actitud muy acomodaticia, como de vender por más dinero un sofá que ya compraste barato hace 15 años, sólo porque ahora estén de moda esos sofás. Pero bueno, nos pagaron muy bien, logísticamente fue sencillo porque cada cual miró sus partes en casa escuchando el disco y a mí me permitió seguir alargando un poco la sombra de esa época de The Secret Society. Ahí me quedó claro que vivir en Hamburgo iba a suponer un problema para continuar con la banda tal y como estaba en ese momento, porque un grupo no se sostiene con cada miembro ensayando por su lado: hay que respirar el mismo aire, hay que reírse mucho en la misma habitación, hay que mirarse a los ojos y hay que practicar el lenguaje sin palabras. Nada de eso funciona conmigo viviendo aquí.

Volviendo un poquito atrás de nuevo en el tiempo, en 2017 publicabais “Hacemos Ruidos Raros al Rompernos”. Ya hablamos bastante en la anterior entrevista de aquel momento del grupo y ya entonces comentabas que sentías que la banda con la que lo grabaste y con la que te hemos visto sobre el escenario los últimos años (con alguna pequeña variación) era la formación más sólida de The Secret Society. ¿Crees que de haber seguido viviendo en Madrid habríais mantenido la dinámica habitual de un grupo?

Sin duda alguna. Y no sólo eso: tengo ensayos grabados justo después de la pandemia con los cuatro en el local que, cuando se los mandé a Javi Ortiz, me dijo: “Esto es lo mejor que habéis hecho nunca. Por favor, grabadlo ya, como esté, y luego ya trabajarás en las letras”. Pero no lo hicimos por diversos motivos y esas ideas de canciones quedaron suspendidas en el drive asociado a mi cuenta de email. Me da mucha rabia escucharlas, porque en ese pequeñísimo lapso de tiempo logramos sonar a algo entre Unwound, Sonic Youth o Fugazi, sin dejar de ser The Secret Society. Y supongo que ya nunca más podremos sonar así ni tocaremos los cuatro juntos en la misma habitación. Hice unas polaroids muy bonitas de todo aquello que atesoro todavía hoy. Mis hijas se han aprendido los nombres de mis amigos mirando esas polaroids.

En los últimos años hemos podido veros en Madrid, al menos una vez al año. Siempre parecía haber algo de ritual en ello, de reunirnos para sentir que The Secret Society seguía existiendo, aunque siempre parecía hacerlo en la cuerda floja. En varias ocasiones dijiste que tal vez era la última vez que tocabais en este formato. Ahora vemos que puede haber otras maneras de escuchar esas canciones en directo. ¿Tenías este nuevo formato de alguna manera ya en mente desde hace tiempo?

No, nada de esto está planeado. Este nuevo formato es, otra vez, fruto de las condiciones materiales y del contexto. Quizás porque no quería volver a formar una banda al uso, quizás porque todavía es demasiado pronto para no echar de menos a Ricky, a Manel, a Perico, a Meta, a David T. Ginzo. Muchas veces las decisiones se toman más como reacción que como acción. Lo que era evidente es que era ridículo seguir manteniendo la falsa ilusión de tener un grupo en Madrid mientras mi casa está en Hamburgo. Un grupo no es eso y todos los implicados lo sabemos. Un grupo es La Joya: son amigos, viven cerca, ensayan mucho, salen por ahí, escuchan discos juntos, van a conciertos juntos, construyen en paralelo. Eso es un grupo. Y eso es lo que estoy intentando volver a construir aquí.

Siendo sincero, la última vez que tocamos en la Sala Sol sentí que esa era la última vez que íbamos a tocar juntos. Y en lugar de sentir pena o rabia, sentí alivio y gratitud. Seguimos siendo amigos, seguimos escribiendo todos los días en un grupo de whatsapp llamado Secret Full Family, y seguimos formando parte de la vida de los otros. Eso, y no vender discos, es lo que me importa.

the secret society entrevista hacemos ruidos raros al rompernos

Enlazando con esto, y si no lo haces ya en la anterior respuesta, cuéntanos cómo se gesta esta nueva aventura junto a Klas Van Hasselt. ¿Qué nos puedes contar de él y su relación con la música?

Klas y yo nos conocimos en septiembre de 2011 en Hamburgo, en la boda de mi hermana. Desde entonces, nos hemos visto cada vez que venía de visita a la ciudad o cada vez que él acudía con Naja, su pareja, al Primavera Sound. Nuestra amistad floreció gracias a la música. Él siempre ha trabajado en tiendas de discos. Actualmente es co-propietario de Zardoz Records, una de las mejores tiendas de discos de Hamburgo y una de las mejores que conozco. Anja también es co-propietaria de otra, Groove City Records, especializada en jazz, hip hop, soul, dub, jamaican, etc. Entre los dos tienen tantos discos que si vas a su casa tienes la impresión de haber entrado en un almacén. Es demasiado, incluso para mí.

Cuando nos mudamos a Hamburgo, Klas y yo empezamos a vernos más. Él siempre ha tocado el bajo y los teclados y estaba en una banda un poco extraña de música india/ paquistaní, con un pibe tocando el sitar encima de un pupitre, un guitarrista con todos los ticks más odiosos del rock y un batería de jazz. Los fui a ver un par de veces y de verdad que no sabías cómo podían convivir todas esas personalidades en un mismo proyecto. Cuando esa banda quedó en suspenso, le pregunté a Klas si le apetecía tocar conmigo. Al principio pensamos en hacer algo nuevo, que no fuera The Secret Society. De hecho, tuvimos hasta un nombre: The First Responders, pero me di cuenta de que mi limitada capacidad de atención no podía mantener dos proyectos diferentes y decidí seguir con The Secret Society pero de otra forma. Se lo propuse a Klas, le dije la posibilidad de girar por España y fue la primera vez en 13 años desde que le conozco que pude percibir júbilo en su sonrisa. Es un tipo callado, reservado, serio, con un conocimiento exagerado de música, cero latino, cero juerguista, cero bromista. Es perfecto.

Es la primera vez que sales de gira desde 2018 ¿Cómo ha sido retomar la sensación de montar una? ¿Te has encontrado muchas más trabas a la hora de organizarla que en aquel momento o en otros anteriores? 

Sobre el papel, no tenía ningún sentido hacer una gira así de larga, sin haber terminado ni una sola de las nuevas canciones, sin tener disco nuevo, con un miembro recién llegado con el que ni tan siquiera me puedo comunicar en su idioma o en el mío. Y quizás por eso me lancé a hacerlo: ya tendría tiempo de encontrarle el sentido mientras le daba forma. Empecé a contactar con las salas en mayo y la respuesta fue emocionante: todo facilidades, todo buenas palabras, todo bien. He cerrado la gira por whatsapp, literalmente. Supongo que esa es la prueba de que la gente confía en mí, de que confían en The Secret Society y de que sigo siendo ese grupo raro con cierto prestigio que no necesita más justificación para formar parte de una programación.

Según iba cerrando salas, iba armando el itinerario y, en paralelo, iba contactando con los grupos y artistas con los que quería compartir cada noche. Más que una gira, es casi una celebración: voy a tocar con artistas que admiro, que son amigas y amigos, en salas amigas, con promotores amigos y para gente amiga. Esto es un privilegio al que no todo el mundo puede acceder y soy consciente de ello. Llevo desde 2002 con The Secret Society, más activo a veces, menos otras, y nadie se ha olvidado de nosotros.

fechas gira secret society octubre 2024

Ya sabemos cómo está el panorama en cuanto a la música en directo a día de hoy. Entre la resaca de la pandemia y unos festivales que parecen dispuestos a canibalizar la escena, cada vez parece más difícil disfrutar de música en salas destinadas a ello. Hace poco hablaba con Los Sara Fontán al respecto y me decían que, aunque el underground también ha sufrido este deterioro, sí que se han encontrado con propuestas que han sobrevivido o incluso algunas nuevas que han surgido, tal vez porque cuando no tienes nada ni dependes de nadie también es más difícil que factores externos te afecten o hagan que desaparezcas. No sé si, por tu experiencia, compartes algo de esta idea.

El underground fluctúa, pero no está en peligro. Nunca lo ha estado. El underground no es un destino temporal ni una plataforma de lanzamiento: es una idea que hemos heredado gracias a otros artistas y otras bandas, a pensadoras y pensadores, a agitadoras y agitadores, que entendieron que no necesitaban la aprobación de los grandes medios ni de la maquinaria multinacional de la industria del arte y el entretenimiento para operar donde quisieran. Además, el underground es el lugar idóneo para desarrollar ideas y repensar la música que hacemos, el arte, lo que consumimos o nuestras aspiraciones, porque es ahí, en los márgenes, donde todo es posible. Porque cuando no tienes nada, siempre existe la posibilidad de crear algo. Y no tiene nada que ver lo mucho que hayan crecido grupos marginales como Godspeed You! Black Emperor, por poner un ejemplo. Tiene que ver con una manera distinta de observar el mundo y reflejarlo en lo que haces. Por eso es imposible entender el underground sin entender la disidencia, la resistencia o la protesta. Y, en ese sentido, cuanto peor vayan las cosas, más motivos habrá para seguir construyendo alternativas. Al ser un movimiento cíclico, sólo podemos datar el principio, pero nunca anticipar el final, porque no tiene fin.

También has decidido prescindir de ticketeras y gestionar las entradas a través de un sistema de reservas propio, con un precio cerrado de 10 euros para todas las fechas y sin gastos de gestión. Cada vez son más los grupos que están montando sus propias ticketeras pero no es todavía una práctica habitual. ¿Crees que para un grupo de cierta popularidad es imposible escapar de las redes de estas empresas que, además, ya sabemos por qué tipo de gente están dirigidas en no pocos casos?

Creo que todo es cuestión de querer hacerlo. Si quieres hacerlo, si quieres prescindir de la comodidad de un sistema ya establecido, lo haces. Es probable que no te salga a la primera, pero la repetición perfeccionará la costumbre. Las tiqueteras no son una mala idea, como tampoco lo es un coche eléctrico. La cuestión es que tanto la tiquetera como el coche eléctrico no solucionan lo que venían a solucionar y crean problemas nuevos: el tráfico en las ciudades sigue siendo tráfico, aunque ahora los atascos estén formados de coches eléctricos y las tiqueteras han convertido algo tan sencillo como comprar una entrada por internet en una pesadilla, ya no solo por los precios dinámicos de algunos conciertos, sino por las comisiones injustificadas, por dedicarse a promocionar a los de siempre, contribuyendo aún más a agrandar el hueco entre artistas, y por establecer un sistema de reventa ilegal con el que ganan todavía más dinero. Si a eso le añades casos como el de Bubby Sanchís, nazi declarado, supongo que la decisión de no querer participar de ese negocio se entiende sola.

Otro detalle importante de la gira es que en todas las fechas estaréis acompañados por otra banda y las elecciones están cuidadas con mimo. Aparte de artistas y bandas como La Furia o La Jetee, a las que ya conocía, me ha llevado a descubrir a otras como Ensaña o Süma. ¿Cómo ha sido, o está siendo, ese proceso? ¿Te quedas con las ganas de compartir escenario con algún grupo que, por lo que sea, no ha podido sumarse a las fechas?

Me da pena no tocar con La Joya y con Tuya, porque Ricky, Manel y David T. Ginzo, además de ser The Secret Society, son tres de mis mejores amigos. Pero no se ha podido hacer por fechas y supongo que eso mismo ya es un aliciente para organizar otra gira en 2025.

Respecto a los artistas y grupos con los que vamos a tocar: como vivo fuera, eso me impide asistir a los conciertos de mis amigos, así que, en una demostración de egoísmo extremo, voy a poder disfrutar por primera vez de Ensaña, a los que adoro; Capibara, con Javi liderando y al que conozco desde que él era menor de edad; a Süma, con Frank Rudow que formó parte en el pasado de The Secret Society; a La Furia, con la que me une una profunda amistad y a la que no he podido ver nunca en directo; a La Jetée, con los que comparto un posicionamiento ideológico que se aplica a todo lo que hacemos. La única banda que no conocemos de antemano es a La Mujer Inversa. Le pedí a Luis de El 21 que fuera él quien eligiera al artista esa noche, con dos premisas: que hubiera mujeres en la formación y que fueran locales. Me parece muy importante lo de las mujeres, porque estoy agotado de la sobrerrepresentación masculina en la música. En esta gira habrá mujeres en el escenario en Oviedo, Barcelona, Huesca y Vitoria. Podríamos haberlo hecho mejor, pero esto es mejor que nada.

the secret society ensayo 2024
Hace unas semanas disteis vuestro primer concierto ¿Qué sensaciones tuvisteis en esa primera vez que tocabais juntos ante el público? ¿Sientes que las canciones han tomado un nuevo rumbo después de pasar por ahí? 

Las canciones antiguas están viviendo una vida muy diferente a lo que imaginé hace años y, gracias a eso, vuelvo a sentir que me apetece tocarlas. Eso es muy positivo porque no hay nada mejor que tocar motivado. Que acostumbrarse a la nueva forma que han tomado o que las hemos forzado a tomar. Y las canciones nuevas son, de momento, indomables. Ahora son así, pero estoy seguro que irán tomando su forma final a medida que las vayamos tocando en directo. Hay mucho de incógnita en este proceso y es excitante poder vivirlo. Hacía mucho, demasiado, que no terminaba una canción y me quedaba satisfecho con el resultado. En las últimas semanas esto ha sucedido bastantes veces. Me parece un privilegio.

Respecto a tocar con Klas, es un reto. Yo no le digo qué tiene que tocar y qué no, de modo que también me voy acostumbrando a su manera de interpretar las canciones que he escrito. A esto se le añade que él no sabe nada, ni una palabra, de español. Ni tan siquiera “una cerveza por favor”, así que tengo que traducirle cada letra para que al menos entienda que no estoy cantando “caca, culo, pedo, pis”, sino cosas que para mí son importantes. A veces, cuando lee una nueva letra traducida, me mira y me dice: “¿Pero vas a cantar todo esto, de verdad?”.

En algunas de las demos que hemos podido escuchar de las nuevas canciones a través de tu canal de Telegram nos encontramos con que prescindes de las guitarras o que, como poco, no son las protagonistas. Aunque esto es algo que ya habías hecho antes ¿está siendo en general muy diferente el proceso de composición de estas canciones? ¿Piensas mucho o desde muy pronto cuál va a ser el resultado final de estas?

Ahora mismo escribo las canciones a partir de una melodía de voz y de un ritmo. El resto de añadidos no son importantes para mí. Si hay un piano en lugar de una guitarra, ningún problema. Si hay una trompeta en lugar de un violín, ningún problema. Lo único de verdad que me interesa de las nuevas canciones son, por este orden, la melodía, el ritmo y la letra. Cuando tengo los dos primeros elementos, me vuelco en la letra. Y luego vestimos la canción como podamos o como queramos. No es importante porque para mí el mensaje de la canción no está en los arreglos.

¿Tienes muy claro el tipo de disco que quieres publicar esta vez? 

No, todavía no. O no es algo que haga de manera premeditada. Cuando tenga terminadas todas las canciones, pensaré en ello. No me quita tiempo ni me desvía de mi objetivo actual: melodía, ritmo y letra. Podría tocar todas las canciones nuevas en versión pop, hardcore, metal o soul y seguirían siendo las mismas canciones.

En las letras de las demos que hemos podido escuchar es fácilmente reconocible tu manera de escribir. Encontramos en ellas melancolía, rabia, muertes, el amor como algo siempre complejo… Tal vez es una pregunta muy íntima, pero, ¿desde qué estado emocional escribes a día de hoy? 

Es una pregunta muy íntima.

Para terminar, cuéntanos qué podremos encontrarnos en los conciertos de la gira.

Van a ser conciertos muy determinados por la propia limitación de ser dos personas más un sampler. Eso hará que los conciertos sean menos ruidosos, pero no menos intensos. Creo que la intensidad sigue intacta. Nunca nadie ha venido a vernos a bailar o a hacer pogo, así que tampoco nadie echará de menos eso. Será una hora que pasará rápido y en la que espero poder sembrar una o dos ideas que cada cual pueda llevarse a su casa y desarrollar a su modo. Eso y que tenemos ya no sólo la posibilidad sino también la obligación de celebrar que estamos vivos. Que estamos aquí, que estamos juntos en esto y que nunca vamos a ser los mismos que ahora.

Pepo Marquez 2024 entrevista

Fotografía “Hacemos Ruidos Raros al Rompernos”: Jordi Antón
Fotografía portada y cierre: Anja

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