Dark Light

Entrevista con Ricky Lavado, autor de «Historia del Rap. Cultura Hip Hop y Música de Combate»

Ricky Lavado libro historia del rap hip hop

A Ricky Lavado le conocemos, principalmente, por ser batería y percusionista en numerosas bandas, desde Standstill hasta Egon Soda, pasando por Mi Capitán, The Secret Society, Nudozurdo o Captagon. Si algo tienen en común éstas es que transitan por terrenos rockeros todas ellas, con numerosas influencias enriqueciéndolas, pero siempre con las guitarras bien afiladas. Es por eso que, cuando descubrimos que el segundo libro que publicaba Lavado (el primero fue “Endora”, del que os hablamos por aquí en su día) llevaba por título “Historia del Rap. Cultura Hip Hop y Música de Combate” (Redbook Ediciones), la sorpresa fue mayúscula. Es lo primero por lo que le preguntamos cuando nos reunimos con él la mañana en que el mundo se volvía loco y los misiles rusos empezaban a caer sobre Ucrania. “Yo nunca he sido rapero, pero la cultura hip hop siempre me ha apasionado y me sigue apasionando. Seguramente, como género musical, sea de las cosas principales de mi vida desde siempre. También a nivel cultural. Aunque yo provenga de una cultura como la del hardcore, en mi cabeza siempre han estado relacionadas, con mogollón de vasos comunicantes entre ellas en cuanto a contenido o actitud. Creo que hay puntos que están muy relacionados, con toda una base en común. Ese contenido de clase, la actitud de protesta, el origen callejero, el do it yourself… Todo eso lo comparte con el hardcore y el punk y es algo que no está tan presente en otras músicas”, nos cuenta Ricky.

El libro es un ejercicio tan didáctico como ameno y se presenta estructurado en cinco grandes bloques. Cada uno contiene una parte más narrativa y otra de consulta, con artistas y obras esenciales comentadas, y a través de ellos recorre la escena Hip Hop desde sus orígenes hasta todo lo que engloba hoy en día una cultura y una música ya normalizada e interiorizada por todos, con grandes figuras de megaéxito mundial y nuevas propuestas que hacen que nunca deje de evolucionar. La tarea, parece, no ha sido fácil: “Ha sido un trabajo un poco loco. Hay que ver cómo te planteas las cosas y ser realista y humilde porque son casi 50 años de música en continua evolución a nivel planetario. Fue un trabajo duro de esquematización de contenidos, enfocándolo de forma cronológica, empezando por New York y ampliando desde ahí. Cuando me lo propusieron, a través de un amigo en común con la editorial, me pareció un reto muy interesante y muy divertido”, afirma el autor.

Uno de los puntos clave en el recorrido que traza el libro es sin duda la aparición de ‘Walk This Way’, improbable unión del rap con el rock protagonizada por dos bandas tan poco afines sonora y estilísticamente como eran Run DMC y Aerosmith. “Es uno de esos hitos históricos de la música que implica mucho más aparte del éxito en concreto de la canción. De alguna manera marca la salida de la cultura hip hop de las fronteras del guetto y la entrada por todo lo alto en el mainstream. Es el salto de algo minoritario a algo mundial. “Walk this Way” lo bailó el planeta entero y por eso es un momento muy interesante”, afirma Ricky.

A partir de aquí se suceden las historias de éxito en la escena y en la parte bautizada como La Edad Dorada es dónde encontramos a gran parte de los nombres históricamente ligados al rap para quienes hemos seguido la escena desde una, digamos, prudente distancia. Finales de los 80 y principios de los 90 es la etapa en la que explotan Public Enemy, 2Pac, Wu-Tang Clan, De La Soul, N.W.A., Beastie Boys o Notorius BIG, entre muchos otros. Es aquí también cuando el sonido se diversifica entre corrientes como la del gansta rap, que desemboca en marcados episodios de violencia, o una más festiva y desenfadada protagonizada por las bandas del interesante colectivo Native Tongues.

Tras aquellos años, entramos en la parte dedicada a El Nuevo Milenio, etapa en la que el sonido sigue expandiéndose y abordando nuevos territorios, tanto sonoros como geográficos, con incursiones en las escenas francesa y británica, y una cuarta dedicada al presente y futuro de la escena. Respecto al efervescente momento que estamos viviendo, Ricky nos cuenta: “Me fascina una cosa que veo en común en varios géneros y es que hay gente muy joven haciendo música hoy en día muy creativa y con una calidad exagerada. Artistas como Kendrick Lamar Little Simz están haciendo cosas maravillosas. Me parece que es un género vivo. Y aquí hay una nueva generación de raperas muy jóvenes, como Sofia Gabanna o las Ninyas del Corro, que además recuperan códigos y elementos muy característicos de los 90. Juegan con eso, pero suenan actuales. El hip hop tiene esa cosa de no funcionar “matando al padre”, como sí ocurre en muchos otros estilos. Adopta el soul, el jazz, el blues y no se funciona mediante ruptura con lo anterior, sino que se asimila. Gente joven sigue sampleando cosas de los 90 y eso me encanta”.

Al hilo de artistas como ellas le preguntamos si considera que la del hip hop ha sido históricamente una cultura machista. A lo largo del libro no solo encontramos casos de violencia entre bandas (especialmente sonadas fueron las muertes de 2Pac y Notorious Big en los 90) sino que también descubrimos otros de tráfico de drogas o relacionados con abusos machistas. “Es evidente que está presente, aunque si generalizamos no sé si la cultura hip hop tiene un componente mayor de machismo que el rock de toda la vida, o la salsa, o los tangos, por decir otros dos estilos musicales. Creo que, desgraciadamente, no hay que rascar mucho para encontrar el machismo en todo. Tal vez esa idea del rapero gánster sí que está muy masculinizada. En las páginas de este libro hay violadores, narcotraficantes y gente muy chunga que son indiscutiblemente figuras enormes en lo musical y en lo artístico. A la vez, eso convive con toda una tradición larguísima de mujeres contestatarias, con actitud, con mensaje y con una base política”, afirma Ricky con semblante serio.

También es reseñable la cantidad de artistas que viajan meteóricamente desde el guetto hasta la mansión y la ostentosidad, sin que esto suponga para sus seguidores ningún tipo de conflicto en cuanto a traición de valores, como si ocurre en otros estilos. “Hay un elemento de base en el rap que es ese relato aspiracional de clase, y éste es fundamental. Es un poco como el viaje del héroe y ocurre lo mismo, por ejemplo, con los futbolistas. A nadie se le ocurre criticar a Ronaldinho por salir de la favela y acabar siendo multimillonario. Es que realmente ese es el relato”, zanja Lavado al respecto.

La quinta y última parte del libro está dedicada al rap en español, y no solo al hecho en España, sino también al procedente de América Latina, con referentes absolutos como Ana Tijoux o Calle 13. También el recorrido aquí es desde los orígenes, con grupos seminales como CPV, 7 Notas 7 Colores, Solo los Solo o Violadores del Verso, hasta artistas actuales como Ayax y Prox, Natos y Waor o Erik Urano.

Habiendo crecido Ricky en Barcelona y yo en Madrid, no me resisto a preguntarle por cómo se vivieron allí esos inicios del rap en castellano, cómo accedían a los grupos de fuera y si veía otras escenas, como la madrileña, como algo muy ajeno. “Pues vuelvo a lo que hablábamos al principio, porque otro punto en común con la escena hardcore en la que crecí es precisamente la manera de acceder a la música. Esa circulación de cintas, de fanzines, el escribirte cartas con gente…”, nos cuenta mientras recuerda, no sin cierta nostalgia, su acercamiento a bandas como 7 Notas, 7 Colores: “En el “Hecho es Simple” son tan buenas las canciones y el punto de brillantez de Mucho Muchacho es tan bestia que, hoy en día, lo sigo escuchando y me compensa que cualquier otra cosa del disco suene desfasada. Tiene un nivel de chulería inalcanzable. En cuanto a Madrid, lo de CPV era muy heavy. Yo los veía siendo jovencillo y parecían genuinamente peligrosos, daban miedo de verdad. Esa aura me flipa”.

Para terminar, la pregunta del millón. ¿Es un libro dirigido a neófitos en la materia o más bien a fans completistas? “Lo ideal sería que le sirviera a todo el mundo, pero tampoco hay que ir de pretenciosos. Una cosa muy clara que tenía, era que no quería hacer una obra con una intención enciclopédica, porque sería inacabable y de locos. Yo creo que presenta un relato lo suficientemente bien construido para que le pueda interesar a alguien que nunca se ha acercado a la cultura hip hop, pero también para alguien que sí la controla pero que no está tan al tanto de todos los diferentes estilos que abarca. También quería que hubiera mucha presencia de rap en español, porque creo que ahí hay un vacío editorial muy tocho”, zanja Ricky.

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