Little Simz – «Lotus» (2025)
Englobada dentro de esa generación de nuevas figuras del rap procedentes de las islas británicas, a Little Simz podemos considerarla toda una veterana, ya que ha alcanzado la década de vida discográfica. Una trayectoria claramente ascendente que tuvo su pico de popularidad a partir del brillante “Sometimes I Might Be Introvert” (2021), momento en el que comenzó a trabajar con el productor Inflo, y que la ha mantenido en el candelero desde entonces y hasta la publicación de este “Lotus” que casi no llega nunca. Según ha contado en varias entrevistas, la cantante se vio obligada a denunciar al productor por impagos que alcanzan los dos millones de libras. Un conflicto, todavía no resuelto, que tuvo lugar cuando se encontraban trabajando en nuevas canciones (Simz ha afirmado incluso que tenían material para publicar hasta cuatro nuevos discos) y que desembocó en un descarte de todo ese material y un bloqueo creativo del que, por suerte, parece que no tardó demasiado en salir. Empezando de cero, y tal vez movida por la rabia y el afán de reivindicación, ha conseguido crear un disco a la altura de sus mejores trabajos.
Esta vez de la mano del productor Miles Clinton James ha dado forma a trece canciones en las que prevalecen los sonidos orgánicos y hasta los arreglos orquestales frente a las bases electrónicas o programaciones. Una instrumentación que hace que el disco no se limite estilísticamente al rap sino que transite entre el soul, el R&B, el jazz o el puro pop-rock.
“Thief, and you know what it means. Selling lies, selling dreams. Thief”, canta en el estribillo del tema que abre el disco con una instrumentación oscura y como quitándose todo el peso de encima a las primeras de cambio. Alzando el dedo acusador, sin dar nombres pero sin ambages. Un contundencia que permanece en ‘Flood’, con tambores de guerra de fondo y una reivindicación personal y respeto a sus orígenes, contando con la colaboración de los artistas africanos Obongjayar y Moonchild Sanelly. A partir de aquí, Simz parece liberarse de toda tensión y entran en acción temas como ‘Young’, con línea de bajo y fraseado juguetón, o los ritmos caribeños de ‘Only’. Demuestra que también maneja el spoken word y lo ejerce a la perfección sobre guitarras acústicas en ‘Peace’ y frente a un manto de cuerdas en ‘Hollow’. Desborda flow en ‘Lion’ junto a Obongjayar y en una ‘Enough’ en la que nos pone a bailar con guiños a Doechii y Bad Gyal en su letra. Y se pone en manos de un Michael Kiwanuka que hace suya ‘Lotus’ con un estribillo tan reconocible como algo convencional y que, por poner alguna pega, abre una recta final del disco tal vez demasiado aletargada. Una mínima pega a un disco que debería aparecer en todas las listas de lo mejor del año.





