Thrice @ Cool Stage (Madrid) 17-11-2019

Quince años han tenido que pasar para que Thrice volvieran a actuar en salas de nuestro país, con tan solo una breve incursión hace dos años por el Download Festival entre medias. Algo bastante sorprendente a tenor de lo visto en sus conciertos de Barcelona y Madrid este fin de semana, con todo vendido semanas atrás y una sala abarrotada, al menos en el caso de la segunda fecha, como hacía tiempo que no veíamos. La banda norteamericana ha ido creciendo tanto en personalidad como en popularidad con los años y tras tomarse un largo descanso en 2016 retomaban su carrera dónde la dejaron. Desde su regreso, el más que notable “To Be Everywhere is to Be Nowhere” y un mucho más irregular “Palms” pasaban a engrosar una discografía hasta entonces sólida, personal e imprevisible como pocas.

Como era de ley después de tantos años de espera, su repertorio no se centró especialmente en su último disco sino en repasar durante hora y media su carrera. Lo hicieron, además, consiguiendo que diera un poco igual de que disco era cada canción que sonaba, imprimiéndoles a todas la crudeza e intensidad propia del directo y haciendo retumbar las paredes del Cool Stage en todo momento. Potenciaron al máximo las partes más cercanas al post hardcore de sus inicios, con temas como ‘The Artist in the Ambulance’, ‘Silhouette’ o ‘Stare at the Sun’, y al metal, con una impresionante ‘The Earth Will Shake’ que enmudeció al público o esa ‘Of Dust and Nations’ en la que Teppei Teranishi saca su vena de guitar hero. Tampoco dejaron de mostrar su cara más melódica en temas como la preciosa ‘Red Sky’, una 'In Exile' llena de matices, la más actual ‘Black Honey’, que fue celebrada al nivel de sus hits pretéritos, o la final ‘Beyond the Pines’, que ponía un cierre emotivo pero algo descafeinado a la noche, más cuando llegaba después de la explosión punk de ‘Deadbolt’, tema más viejo del repertorio y que cómo tal fue presentado por Dustin Kensrue. El cantante, uno de los más personales de la escena, demostró seguir en la mejor forma, tan solo dejándose arropar en algunas de las partes vocales más desgarradas por Eddie Breckenridge, quién forma desde el bajo y junto a su hermano Riley una base rítmica totalmente engrasada. Así funciona a la perfección una maquinaria que esperamos siga demoliendo salas a su paso por muchos años y que las de nuestro país estén en su punto de mira con más asiduidad. Después de lo vivido en esta gira seguro que tanto ellos como nosotros haremos todo lo posible para que pase.

Texto: Iván Díaz
Fotografía: Luis Arteaga

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