The New Raemon @ Sala But (Madrid) 17-03-2018

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Diez años va a cumplir “A Propósito de Garfunkel” y diez años llevan las canciones de The New Raemon acompañándome en la vida. Recuerdo aquella mezcla de escepticismo y curiosidad con la que encaré por primera vez este proyecto de quien para mí era “la voz de Madee”, banda que llevaba también un puñado de años estrujándome el corazón. Lo que parecía (y posiblemente en su momento lo fuera) una vía de escape a la electricidad de su banda de siempre acabó convirtiéndose en el proyecto vital de un Ramón Rodríguez que, diez años después, sigue plasmando emociones en palabras como pocos lo hacen. Trascendente y versátil, el músico catalán ha ido dando forma en esta década a un cancionero compacto, con idas y venidas y adaptable a casi cualquier contexto, desde sus giras en solitario hasta esas en las que ha unido fuerzas con bandas como Maga, con quienes le vimos compartir escenario en un arrebato de eléctrica visceralidad, o, más recientemente, Ricardo Lezón de McEnroe.

Sin renunciar a los clásicos, ni a esos inevitables quejidos lastimosos en forma de canción, su paso por la sala But el sábado sirvió como precioso colofón a una primera década de música que enmarcaba hace unos meses con “Quema la Memoria”, disco recopilatorio y libro ilustrado por Paula Bonet de preciosa factura. Con él como excusa y respaldado por la que es ya su banda habitual encaró un repaso ágil a su trayectoria. 22 canciones en 90 minutos divididas en bloques sonoros que iban de la amabilidad acústica del arranque, con ‘La Cafetera’ y ‘Sucedáneos’ por bandera, hasta el derroche de intensidad con el que repasaba su último trabajo de estudio, un “Oh, Rompehielos” en el que hicieron extensa parada con Charlie Bautista como invitado de lujo. Que desde el público se pidieran versiones como ‘Pollo Frito’ en lugar de la siempre solicitada ‘Te Debo un Baile’ y que temas que se encuentran tan lejos de ser un hit como ‘Desencuentros’ o la oscura ‘El Fin de la Resistencia’ fueran coreados con emocionante complicidad y respeto dejaron claro que la ascendente trayectoria de Ramón no se ha basado en el pelotazo sino en la solidez, sonora y también emocional. Si lo más difícil cuando haces música es conectar con la gente una vez que lo consigues el vínculo es eterno.

Creo que algo parecido a eso sentimos todos con los compases iniciales de ‘Tú, Garfunkel’, un adiós anunciado y que fue coreado a pleno pulmón para poner fin a la noche tras el emotivo recuerdo a Lezón. Varios temas del disco que publicaba junto al líder de McEnroe además de una escalofriante versión de ‘Agosto del 94’, con Ramón solo sobre el escenario, rendían homenaje a un proyecto que decía ‘hasta luego’ no hace demasiados meses en el mismo marco. Tampoco fue éste un adiós. Septiembre está a la vuelta de la esquina y de la mano del otoño llegarán nuevas canciones, nuevas giras, nuevos conciertos y, sobre todo, nuevas emociones.

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