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Rubén Pozo @ Sala El Sol (Madrid) 25-01-2024

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Tenía que ser así, en una noche de luna llena, cuando Rubén Pozo volviese a los escenarios después de gastar otra de sus siete vidas. Espero que aún le queden unas cuantas más a este gato, que regresaba a las tablas después de un susto de salud, en medio y después de sus conciertos del pasado diciembre junto a Leiva. En esos en los que, por unos instantes, viajamos al pasado para repasar nuestra educación sentimental. Para corear algunas de esas canciones que cruzaron en rojo nuestra generación para quedarse de por vida. Pero esa es otra película. O no tanto, más bien un trozo de la misma. Aquí estaba, otra vez y ya no sé cuantas van, uno de mis héroes musicales.

Con la mirada de las mil noches, Pozo se presentaba en Madrid con todo vendido, en la siempre elegante sala El Sol. Toda ella engalanada para esta celebración de resurrección en la que no faltaría de nada. Para empezar, una banda al completo que se engrosa según van saliendo bien las cosas. Con el paso de los años he visto al maestro capear el temporal en plazas de todo tipo, siempre con una sonrisa y el alma intacta de quien ama lo que hace. Buena señal en este festejo, al que se sumarían contrabajo y teclados a su formación más recurrente en los último tiempos. Mención especial para Pitu a la guitarra, emblema viviente del rock and roll de barrio castizo. Ese del que ya queda poquito. Pura clase de una especie en extinción.

Repasando presente y pasado, Rubén Pozo y los suyos convertían la pista en un karaoke colectivo que no solo vive de la melancolía. Temas como «Gente» o «Asco y Vergüenza» eran coreados como himnos, al nivel de clásicos de su discografía, como ‘Rucu Rucu’, ‘Chavalita’, ‘Guitarra Española’, ‘La Chica de la Curva’ o una ‘Ozono’ que resonaría especialmente cruda.

Pero no dejaría tampoco sin regalito a los más nostálgicos. De su pluma nacieron algunas de las canciones que más me han emocionado siempre de Pereza. Ahí están, cómo no, ‘Madrid’, ‘Matar al Cartero’, ‘Pirata’ y una ‘Margot’ que siempre logra partirme en dos. También se agradecía volver a escuchar en una sala una de esas canciones de puro rock canalla, esa ‘Grupis’ que Rubén reivindicaba como vivencia juvenil, sin rollos raros. No envejece tampoco esa ‘T-Rex’ desenfadada que marcaba que la función estaba a punto de terminar. Caía ‘Madrid’ y, sin bises ni tiempo para más, se despedían felices hasta la próxima. Comenzaba a sonar entonces por megafonía la música de Bowie; ‘Heroes’. Pues eso, nada más que añadir.

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