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Ezra Collective @ Lula Club (Madrid) 01-02-2023
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Ezra Collective @ Lula Club (Madrid) 01-02-2023

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cronica concierto ezra collective madrid

El escenario a media luz, ‘Madrid is where i’m meant to be’ proyectado en las paredes y The Revolutionaries llenando la sala de frecuencias graves. Madrid fue la ciudad elegida como punto de partida de la gira europea de Ezra Collective, tras un periplo de varios años que les ha mantenido recluidos en Inglaterra, con disco nuevo bajo el brazo y una expectación creciente por parte de su cada vez más amplio y heterogéneo público por presenciar el retorno a los escenarios continentales de una de las bandas más completas, complejas, divertidas y radicalmente únicas que nos ha ofrecido el universo británico en mucho tiempo.

Hace ya unos cuantos años se vivió un punto de inflexión en el terreno del jazz contemporáneo con la irrupción de una nueva generación de artistas afincados en Londres, con un talento sobrenatural y una juventud insultante, que desde entonces han venido dinamitando las fronteras estilísticas, estéticas y hasta filosóficas del género para traspasar con creces al público especializado; no hay más que observar el salto de Nubya Garcia, Sons of Kemet, Kokoroko o The Comet is Coming hacia los escenarios de festivales masivos por todo el planeta para decir que el UK Jazz está de moda. Resulta normal, pues, que genere expectación una visita a Madrid de Ezra Collective, el buque insignia de esta brillante generación que ha reconducido el relato del jazz moderno en el siglo XXI; lo que no es normal es lo que pudimos presenciar sobre las tablas de Lula Club en la presentación en directo de su último trabajo, el flamante «Where I’m Meant to Be». No es muy normal reventar una sala en Madrid un miércoles, y menos normal aún es conseguir que varios cientos de gargantas se desgañiten coreando líneas de saxo y trompeta en un desenfreno digno de un directo de la Fania All Stars o de los Africa 70 del mismísimo Fela Kuti. Y no me estoy dejando llevar por la hipérbole; lo que estos cinco tipos nos ofrecieron la otra noche fue una muestra de talento, técnica, energía, compenetración y magia al alcance de muy pocos. 

Todo funcionó en un concierto sin fisuras dirigido por las baquetas y la sonrisa de Femi Koleoso; alumno aventajado de Toni Allen, batería de Gorillaz y motor principal de Ezra Collective. Su hermano, TJ Koleoso, impartió una lección magistral al bajo, transmutándose en Thundercat o Larry Graham en un mismo compás, para que Joe Armon Jones se dejara llevar y convirtiera ‘Togetherness’, por ejemplo, en un viaje de ácido a base de teclados que rezumaban psicodelia setentera. El tándem a los vientos formado por Ife Ogunjobi y James Mollison funcionó como una sola unidad con precisión de relojero, llevando la adictiva y fumeta ‘Ego Killah’ a cotas de brillantez que superaron con mucho a la grabación original. Y así, con una seguridad apabullante y poseedores de una verdad intangible pero que te arrolla como si te atropellara un camión, los miembros del colectivo Ezra nos regalaron una velada en la que la ortodoxia afrobeat se tiñó de dub, arrebatos de furia con pulsión funk, y jazz futurista psicodélico que les hizo volar muy, muy alto.

Discursos anti Brexit, energía espiritual, agradecimientos constantes a un público entregado sin reparos, consignas bienintencionadas en favor de la empatía, y una insobornable misión cumplida a la perfección: poner patas arriba la sala y convertir un desangelado miércoles en una celebración casi ritualística de baile, sudor, comunión y ganas de vivir. Para ello; ‘You Can’t Steal My Joy’ subida de revoluciones con un Joe Armon Jones en estado de gracia machacando sus teclados; ‘The Philosopher’ convertida en un mantra obsesivo de baile y poliritmias afrocubanas; guiños a Daft Punk en mitad de descargas afrobeat; bailes entre el público cuando el escenario se les quedó pequeño; y un ‘Juan Pablo’ explosivo y luminoso como colofón final.

Lo dicho: no es normal lo de Ezra Collective en directo, y me voy a sentir eternamente agradecido con ellos por haberme regalado una vuelta a casa en metro, una noche de miercóles desapacible y fría, con una sonrisa que no me cabía en la cara y esa feliz y poco habitual sensación de haber presenciado algo que vale la pena de verdad. Larga vida al colectivo Ezra.

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