Entrevista con Salvaje Montoya

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"Empezó todo tirando del hilo de Los Saicos, este grupo garagero protopunk de Perú, que empezamos a escucharlos, nos volvimos locos y dijimos ¡ostia, hay que hacer esto ya!" (Valentino, Salvaje Montoya)

"Rompiendo la Yuca" es el segundo trabajo de Salvaje Montoya. Un disco en el que rinden pleitesía a la música latinoamericana impregnando su ya de por sí particular sonido garajero con ritmos que vienen de la cumbia y el punk más primitivo del otro lado del Atlántico. Para charlar sobre este nuevo trabajo nos reunimos con Valentino y Germán (el grupo lo completan Miguel Ángel Blanca y Miquel Andreu) en el marco más bizarro posible: un añejo videoclub cerca del rastro de Madrid en el que las cintas de porno en VHS se apilaban en cualquier esquina y mientras su selecta clientela charlaba sobre bukkakes, anales y demás practicas alejadas del sexo tántrico.

¿Cuáles han sido las diferencias entre la grabación de este disco y el anterior? Da la impresión de que en este contáis con una producción algo más pulida y en el primero el sonido era algo más “sucio” y directo.

Valentino: Este lo produjimos directamente con el técnico que hacía labores de grabación, Iban Gabarró, de Estudios Lluerna. El anterior lo hicimos con Sergio Pérez pero esta vez Miguel Ángel estuvo haciendo cosas allí con Medievo, otro grupo, y quedó muy contento porque era muy fácil trabajar con él.

Germán: Él se hizo el estudio de las referencias que nos molaban, incluso se fabricó unas cajas específicas para los amplis, para buscar un sonido concreto. Y en cuanto a diferencias, el primer disco digamos que no teníamos tan claro la línea musical que íbamos a seguir, era una trituradora tremenda de referencias y estilos y en este segundo sí que hay dos líneas más marcadas, por un lado la cumbia psicodélica y un poco de latinismo y luego una parte más de garaje clásico.

Valentino: Este también lo hemos mimado más, hemos tenido más tiempo y las cosas más claras. Pero al final es un sonido también un poco infernal, con reverb a tope, los amplis muy cañeros, todo muy apretado… y es lo que buscamos, ese sonido de cloaca infesta.

Siguiendo con lo de las influencias que comentaba Germán, ¿de dónde os viene esta influencia latinoamericana? Vamos, que ¿quién está liado con una ecuatoriana?

(Risas) Valentino: Pues lástima, lástima, porque tienen unas caderas de fantasía. Pero no, yo creo que empezó todo tirando del hilo de Los Saicos, este grupo garagero protopunk de Perú, que empezamos a escucharlos, nos volvimos locos y dijimos ¡ostia, hay que hacer esto ya! Hemos estado perdiendo el tiempo, hemos tirado años y años a la basura escuchando grupos de heavy metal chunguisimos (risas).

Germán: Luego también hubo un punto de inflexión entre disco y disco que fue cuando fuimos al concierto de Sonido Gallo Negro. Vimos a una banda que hacía cumbia psicodélica con una formación de ocho músicos, entramos en trance y dijimos “este es el camino a seguir”.

Valentino: Los Peyotes también fueron una influencia interesante, un grupo que hacía garaje, que combinaba el rollo este ye-ye pero con el tema latino. Y al final el disco va por ahí, un sonido gordo pero con pinceladas de esa música así más caliente, más sabrosona.

¿Y qué opináis de esas influencias que os atribuyen de algunos grupos que cuesta más encontrar en vuestra música?

Valentino: ¿Siniestro Total te refieres?

Por ejemplo

Valentino: Bueno pues la verdad que es un grupo que yo nunca he escuchado.

Germán: Yo creo que es más por el directo macarra, que la puesta en escena no es de un concierto de rock al uso. Hay mucha interacción con el público e intentas montar un show y Siniestro Total también tenía mucho de eso, de ir manteniendo el caldero caliente (risas).

Valentino: También las letras, que tienen un punto de ironía y el macarrismo este que destilaban, una actitud punk.

También alguna otra como Guadalupe Plata.

Valentino: Bueno este grupo sí que ha estado en la pared de referentes. Pony Bravo también, y tampoco tenemos nada que ver musicalmente.

¿Cómo pensáis que os puede llegar a ver la gente más purista del garaje?

Valentino: Está claro que no somos un grupo de corte clásico ni de manual de garaje. No nos van a invitar a festivales de estos como el Surforama, donde van grupos de género muy marcados. Es una lástima porque nos encantaría tocar en estos sitios pero entendemos que nosotros hacemos una coctelera musical: esto nos mola del garaje, esto nos mola de la cumbia, esto del dubstep, lo cogemos, lo metemos en una trituradora, le damos al turbo y de ahí sale una movida chunguísima (risas). Y eso es nuestra música. El que sea muy de género y esté acostumbrado a unas pautas no las va a encontrar, tal vez alguna de vez en cuando pero todo lo demás le va a descolocar. Pero bueno, tiene que haber grupos de todo tipo y me parece genial que haya grupos así. De hecho, ojala lo fuéramos porque al final son los que ganan pasta (risas).

“Rompiendo la Yuca” nos ha sorprendido bastante porque, aunque escuchando el primer disco se intuía un poco hacia donde ibais, ese primer single, ‘Santa Mamita del Raval’, ya es descaradamente cumbiero.

Valentino: La cumbia salvó nuestra vida (risas).

Contadnos algo de ese videoclip tan de serie Z para el tema.

Valentino: Pues hablando con Kikol Grau, que es un director que ha ganado algún premio por un documental de Eskorbuto, le dijimos que queríamos hacer un vídeo y que tenía carta blanca. Le dimos un cheque en blanco y le dijimos que hiciera lo que le diera la gana. Eso sí, no hay un puto duro (risas). Y estuvo dando vueltas y dijo que quería montar una macarrada, pillando una peli mexicana y montando una pieza paralela robando imágenes de la película. Todo muy de vhs, de colores quemados ochenteros, con un montaje lleno de errores y cambios de plano…

Germán: Y con una producción totalmente casera. Yo buscaba los motoristas, el buscaba la churri que bailaba, engañamos a los colegas para hacer los bocatas… Ha sido todo muy macarra pero la verdad que hemos quedado muy contentos con el resultado.

Valentino: Tiene mucho de ese espíritu nuestro de meter todo en una coctelera y que luego hay cosas que funcionan y otras que fracasan pero bueno, vamos a por todas.

En el grupo tenéis a Miguel Ángel Blanca tocando el bajo. ¿Habéis sentido en algún momento que se os haya considerado el grupo donde toca el cantante de Manos de Topo a pesar de que tal vez no participa tanto en la creación de las canciones?

Valentino: Bueno al final las canciones las hacemos entre los tres, el que menos participa en eso es el batería.

Germán: Musicalmente igual las trabajamos más nosotros dos y luego las letras entre los tres. Pero bueno, aquí lo que pasa es que somos amigos de la escuela y el objetivo original del grupo es verse, tener la excusa perfecta para quedar. Al principio no había mucha expectativa de que esto fuera a ningún lado más allá de eso.

De todas maneras quien venga a Salvaje Montoya buscando algo de Manos de Topo no va a encontrar nada.

Germán: No, claro. De hecho mucha gente que viene a vernos y conoce a Manos de Topo dice “este grupo sí que me gusta” (Risas).

Valentino: Pero eso es el que te lo ha dicho, el que no le ha molado se ha largado y ya está (risas). Hombre, pero sí que tiene repercusión. Manos de Topo son más conocidos y creo que sí que hay gente que viene a vernos por eso. Y también tener a Blanca ha abierto alguna puerta, siempre nos puede pasar algún contacto pero en ningún momento es una cosa muy notoria. Al final cuando nos vamos por ahí estamos los cuatro haciendo el cafre y solo pensamos en hacer el tonto y el imbécil, en ningún momento Miguel Ángel dice “bueno me voy que he quedado aquí con una gente…” (risas).

¿Os gusta a vosotros Manos de Topo?

Valentino: Sí, es un proyecto muy personal y sí que nos mola.

Germán: Cuando nos ha dejado la novia nos lo hemos puesto, como todos (risas).

Los dos discos los habéis publicado con BCore, ¿sois conscientes de que sois el grupo menos BCore de todo BCore?

Germán: Le hemos dicho a Jordi que monte ya un sello BCore Latino (risas).

Valentino: Pues sí, BCore nació como un sello de grupos de hardcore y nosotros la verdad que no pegamos mucho ahí pero bueno, estamos muy contentos con ellos, hacen las cosas muy bien.

Germán: Con los recursos que tienen, trabajando allí tres o cuatro personas hacen un trabajo muy bueno y siempre nos hemos sentido arropados, tanto en el primero como en el segundo. Incluso siendo la única banda de este estilo nunca nos hemos sentido discriminados, al revés. Jordi (ndr: Llansamà, director del sello) viene a los conciertos y todo.

Valentino: Se mantiene lejos pero viene (risas).

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Y pasando a hablar del futuro, ¿cómo veis una proyección a Latinoamérica? Sería un paso bastante lógico.

Valentino: Pues sería un puto sueño pero tenemos claro que vamos los cuatro pero no volvemos los cuatro (risas). O alguno vuelve con un miembro menos porque con lo gilipollas que somos nos metemos en líos fijo y allí los líos se los toman en serio (risas).

Germán: Otra cosa que puede pasar es que se tomen un poco como burla nuestra música, que no es el caso. Tú vas allí y es como si te viene aquí un escandinavo a tocarte flamenco.

Valentino: Pero más que por la propuesta musical es por lo que podamos hacer antes y después de los conciertos, porque yo me veo allí todo ciego de mezcal haciendo el imbécil y…. me da miedo (risas).

Hablando de fiesta ¿la jarana esa que montáis al final del disco, en el track oculto, fue improvisada o la preparasteis?

Valentino: Pues fue una jarana artificial pero que al final se transformó en una real, que empezó a las 12 de la mañana, vino una que tenía que trabajar por la tarde y era su último día y dijo “que cojones, yo me quedo aquí con vosotros”… Ahora la van a joder (risas). Y acabamos por ahí borrachos perdidos yendo a un concierto a Sidecar que no nos dejaron entrar porque estaba a tope y hasta las 3 o 4 de la mañana. Lo que fue la canción se grabó en un bar de el Raval, Las Marinas.

Germán: El bar referencia de esa cultura ravalienses y del canallismo (risas).

Valentino: De esa Barcelona kinki, canalla, ladrona y travesti…

Algo que se está perdiendo ¿no?

Germán: Sí, sí. Ahora pasas por el Raval y tienes el bar cutre pero al lado uno de “pitiminis” de la ostia.

Valentino: Ahora está lleno de turistas y sus tarjetas Gold, que es lo que quieren.

¿Os inspiráis mucho en ese Raval de hace años?

Valentino: Sí claro, es nuestra fuente de inspiración y lo que nos gusta, ese imaginario.

Germán: El imaginario es que tú vas tocando por ahí tus cumbias y van saliendo las mulatas bailando, sexo libre…

Valentino: No hay miedo a las enfermedades de transmisión sexual (risas).

Germán: Y ahí es cuando te levantas en tu casa y dices “no, estaba soñando” (risas).

En general ¿cómo veis la escena en Barcelona?

Valentino: Pues muy bien, cada vez salen más grupos, de gente más joven que toca muy bien. Y que siga así, que es de puta madre.

Germán: Se nota que hay regeneración. Hay focos, como los Sant Feliu, Vic… sitios que son un caldero de los que no paran de salir bandas, aunque no tengan nada que ver con nosotros. Y lo que ves es eso, que se van dejando sitio a todas estas bandas más jóvenes.

Valentino: Grupos nuevos que se toman las cosas muy en serio, que al final creo que es en lo que no coincidimos, porque nosotros nos tomamos esto un poco a pitorreo (risas).

Y ya para terminar contadnos cuales son vuestros planes de futuro. ¿Qué tenéis programado para los próximos meses? Tocáis en el Primavera Sound ¿Vais a vender el abono que os dan como habéis dicho en alguna entrevista?

(Risas) Valentino: Claro, claro, para ir al Marinas con buen dinero calentito e invitar a los colegas y hacer una fiesta de verdad. Sí, sí, está medio vendido ya, no es broma (risas). Si es que ya vemos tantas referencias y nos volvemos locos. Miras el cartel y dices “¿estos nombres?” Podrían ser inventados y no me entero, estoy muy out.

Germán: El domingo, que es cuando tocamos, iremos a ver a The Saurs y a Thee Oh Sees. En cuanto a gira tenemos una por el Levante de tres conciertos y luego por Barcelona queremos presentar el disco también en plan local, por los pueblos y algún festivalillo.

Valentino: Y nos molaría ir a Galicia a muerte, que no hemos ido aún. Como está tan lejos de Barcelona o te montas dos o tres bolos o la cosa te sale jodida. Hay que buscarse cosas entre medias. Encima ahora el Valentino’s de León, que es un puticlub donde hacían conciertos, ya no los hacen. Esa era la parada obligatoria, un poco intermedia.

Además vuestra música es muy de puticlub ¿no?

(Risas) Valentino: Sí, sí. Ahí grabaron un videoclip Guadalupe Plata, por cierto.

Germán: Todo un reto grabar un videoclip mientras una tía está ahí bailando…

Valentino: Hombre tu dejas de tocar seguro (risas).

Guadalupe Plata son unos grandes defensores de esa estética bizarra pero vosotros también, con esas sesiones de fotos, bastante brutales.

Germán: Esto fue Helena Torrent, una fotógrafa de bastantes grupos de allí de Barcelona. Ha hecho cosas con Za!, con grupos de Aloud Music… Fuimos a una casa abandonada en Sant Feliu de Codines que era como una discoteca y todo estaba allí tal cual aparece en las fotos.

Valentino: Además no pedimos permiso y a los veinte segundos de montarlo todo vino un policía y no sé qué le dijeron, que habían hablado con el alcalde, que le habían dicho que sí se podía… Bueno no sé qué hizo, hizo su magia y dijo el policía “bueno haced lo que os salga de la polla pero no arméis mucho escándalo” (risas). Y nada, estaban todas las botellas por allí y aprovechamos para representar esa fiesta final, que acabas derruido y dices "¿qué hago con mi vida?" Y era un poco transmitir eso en las fotos.

Germán: Era como el escenario final de alguna cosa que también nos ha pasado (risas).

Valentino: Tiene un punto de hechos verídicos, sí.

Texto y fotografías: David Doinel e Iván Díaz

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