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Entrevista con Nacho Casado: «Conseguir emocionar con una melodía es complicado, porque están todas inventadas, pero a mí me motiva mucho intentarlo»
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Entrevista con Nacho Casado: «Conseguir emocionar con una melodía es complicado, porque están todas inventadas, pero a mí me motiva mucho intentarlo»

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A veces lo más bonito de dedicar tu tiempo a esto de juntar palabras es encontrarte por el camino con propuestas que, aparentemente alejadas de tus coordenadas sonoras, consiguen tocarte la fibra y acariciar tus emociones. La de Nacho Casado es una de ellas. Llegué a él hace unos años por la vía Hidden Track, ese sello que cada día admiramos más y que, indudablemente, el tiempo pondrá en el lugar que se merece, si no lo está haciendo ya. Con ellos, el músico ilicitano del que hablamos hoy iniciaba en 2018 una carrera en solitario que venía precedida por sus años en La Familia del Árbol, banda que cosechó cierta relevancia en la década pasada y que formaba junto a su pareja, Pilar Guillém.

Dejando atrás aquella etapa, orientada hacía sonidos folk-rock, digamos más convencionales, Casado arrancaba una aventura bajo su nombre propio desbordante de personalidad, con influencias de la bossa nova y sonidos de los sesenta y setenta y siempre con una marcada mirada melódica. Sus canciones no dejan de ser pop y sus melodías universales y con esos mimbres es difícil no terminan conectando, sea cual sea tu bagaje musical previo como oyente. 

Toda la música que me gusta es muy melódica. Conseguir que alguien se emocione con una melodía es complicado, porque están todas inventadas, pero a mí me motiva mucho jugar con eso e intentarlo”, afirma el propio Nacho.

Nos reunimos con él hace unas semanas, con su “Disco Bleu” todavía sin publicar, aprovechando su paso por Madrid. Visita obligada de promo, concierto en sesión matinal y fin de semana para disfrutar con la familia, que le acompaña en el viaje, tanto en el físico a Madrid como también en el musical. Su nuevo disco es un paseo, más o menos metafórico, por la vida de Nacho y tanto su mujer, Pilar, como su hijo, están constantemente presentes en sus canciones.

Para mí es un disco muy personal y lo que más me gusta es tratar un tema importante desde un prisma pop, con una letra sencilla. Hay canciones que hablan de lo preocupado que he estado por mí mismo y de cómo no me he dado cuenta del esfuerzo y sacrificio que hacen por mí los que me rodean. Me he sentido un poco mal con esas cosas y aquí han salido. Digamos que he querido pedir perdón por todo eso que, consciente o inconscientemente, he ido haciendo. Creo que el disco tiene un poso muy grande de ese pensamiento, de decir: “me he dado cuenta de esto y no me gusta”. He intentado explorar toda esta faceta, muy personal, y bañarla de esa sencillez pop de la que hablábamos”.

No hay duda de que lo ha conseguido. Canciones como ‘De Padres a Hijos’, en la que se dirige directamente a su descendencia, o ‘Venganza en la Pista de Baile’, con la que nos abre una ventana a los enamoramientos de juventud, son claros ejemplos de ello. Todas sus composiciones vienen además vestidas por una intención aparentemente muy audiovisual. La manera de narrar de Nacho convierte en inevitable ponerle imágenes en nuestra mente a lo que cuentan sus canciones. 

Yo es que tengo un bagaje muy audiovisual, más que literario. El cine y la televisión es lo que me ha formado culturalmente. Hay que tener en cuenta, además, que yo he vivido siempre en una ciudad muy industrial y que todo lo que consumía era una cultura popular que venía de Estados Unidos, sobre todo, y también de Inglaterra. Aparte, todos mis discos están pensados de una manera narrativa. Intento crear una historia completa, que el disco te vaya acompañando. Lo malo es que ahora todos estamos con Spotify, o la plataforma que sea, creando playlist constantemente. Yo soy el primero que me hago playlist para todo y tengo la sensación de que mucha gente está muy loca por componer tres temas para que entren en las listas y se olvidan completamente del formato disco. Yo he intentado no hacerlo”.

Si nos vamos ahora a lo puramente sonoro, en «Disco Bleu» encontramos melodías pop acompañadas de preciosistas arreglos instrumentales, con las cuerdas y las percusiones como claras protagonistas. Con ellas en lo alto tenemos arrebatos disco funk, como el de la propia ‘Venganza en la Pista de Baile’, juegos melódicos muy sesentas y ese influjo de la bossa nova y la fusión de la música brasileña con el jazz que está presente en sus canciones ya desde el primerizo «Verao», mucho más desnudo instrumentalmente, y un “Amor, Música y Lágrimas” publicado hace un par de años y del que se siente continuista esta nueva referencia.

“Verao” quería hacerlo así, primero por el reto de sacar un disco de guitarra y voz, que me parece una cosa muy compleja, y segundo por un momento personal que vivía. Mi hijo era muy pequeño aún y cuando yo podía tocar y componer era en huecos concretos, sin hacer mucho ruido. Quedé muy contento con el resultado pero en ese caso no quería repetirme. Ahora, en cambio, lo que quiero hacer es esto. No he querido cambiar la fórmula respecto a “Amor, Música y Lágrimas” porque cuando acabé aquel disco me quedé con la sensación de que se podían hacer más cosas en esa línea. También que en La Familia del Árbol mutamos nuestro sonido de un disco a otro y es un poco cansado. Además, ¿por qué hay que hacerlo? Es verdad que hay gente que lo hace muy bien pero ahora mismo a mí no me interesa”. 

Siguiendo con las influencias, no sorprende que los Beach Boys estén presentes en su música, pero es inevitable preguntarse cómo llega un chaval de Elche hasta los sonidos brasileños y cómo consigue insertarlos de una manera tan personal en su sonido.  

El primer CD que me compré fue en el Continente, un supermercado que ya no existe. Ponían unas cubetas de ofertas y cuando metí la mano saqué dos, uno de The Byrds y otro que se llamaba Grandes del Brasil. Este lo compré porque cuando era pequeño tenía un teclado Casio y mi madre me contaba que siempre ponía la melodía pregrabada de Chica de Ipanema. Siempre he tenido ahí esa melodía, desde la infancia. Luego también que la bossa es un estilo que en los 50 y 60 tuvo mucho éxito y a mí me gusta mucho la música de esa época.

Por ejemplo, del disco he quedado muy satisfecho con ‘Flores y Almohada’, que es lo que entienden mis padres o mis abuelos por una canción romántica. Un tema muy de Eurovisión, de cantante con trajecito, pajarita, una banqueta y una copa al lado. Es una cosa que hace mucho ahora Alex Turner y a mí me encanta. El single de adelanto del disco de Arctic Monkeys (ndr: en el momento de la entrevista “The Car” todavía no se había publicado) me parece increíble. Esas pausas, ese rollo crooner… A mí eso me flipa. Me gusta mucho aplicarlo a mi música y añadirle además ese carácter latino. Pensamos que cantantes melódicos como Roberto Carlos son una cosa muy hortera y luego te pones a investigar en su música y se te va la olla”.

Lo difícil, como siempre que no eres un artista que genera grandes cantidades de dinero y mueve masas, debe ser trasladar todo este universo sonoro al directo. Aunque en el caso concreto de Nacho, si desnudas sus canciones y muestras sus esqueletos de guitarra y voz estas pueden funcionar a la perfección, lo que siempre es una ventaja, además de algo que le engrandece cómo compositor ya que, aunque parezca fácil, no es algo tan habitual. 

Llevo un tiempo tocando solo. La idea es hacerlo así y luego, si la cosa va bien, tener un formato banda y poder hacer algo más rítmico y festivo. Pero si lo hago tiene que ser bien hecho, porque si monto algo con banda no sería para hacer el disco y ya está. Me gustaría que fuera algo más tipo jam, un rollo Curtis Mayfield o Tim Maia, de no parar de bailar. En solitario potencio más el lado melódico, más bossa, que también me gusta mucho, aunque igual un purista te dirá que eso de bossa nova no tiene nada. Pero bueno, tampoco es mi intención”.

Puestos a salir a tocar fuera, no sería sorprendente que Nacho visitara Japón. Quienes le siguen en redes sociales pueden ver que la mayoría de sus mensajes en Twitter son en japones, y es que en el país asiatico han recibido sus canciones con los brazos y abiertos y ya sabemos de la pasión con la que se vive allí la música. 

El primer y el segundo disco se han agotado tres veces allí. Ya solo tuiteo en japonés, prácticamente (risas). Es que son muy agradecidos y también muy curiosos. La distribuidora envió el disco anterior, salió en un par de medios y gustó bastante. Me encantaría ir a tocar, desde luego, pero hay que ver qué tal funciona este”. 

Abría este texto diciendo lo bonito que es dedicar tu tiempo libre a escribir y descubrir trabajos como este “Disco Bleu”. También lo es pasar un rato tan interesante charlando sobre música con personas como Nacho, sin nada que demostrar a nadie pero con una ilusión aparentemente inquebrantable y un respeto innato por este noble arte de componer canciones. Después de más de una hora de conversación, recomendaciones musicales y repaso a la industria discográfica apago la grabadora y me voy pensando: ¡Qué Maravilla!

Fotografías: Silvia Poch

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