Entrevista con Forastero

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"Creo que hemos encontrado un punto en el que a través del cuerpo, del baile y de la energía del movimiento la gente percibe bien una música que tiene cierta complejidad de arreglos y entra muy bien en la propuesta" (Javier Gallego, Forastero)

Seis forajidos curtidos en mil batallas musicales libradas en los márgenes dan forma a Forastero, que debuta en largo en este 2016 con "El Submarinista en el Tejado". Tras una búsqueda de varios años su sonido, que viaja de New Orleans al sur de nuestro país recorriendo el jazz, la electrónica, el soul y el rock más punzante, ha terminado por concretarse en diez balazos instrumentales que agitan cuerpos y liberan mentes.

Para hablar sobre el proceso de creación y grabación del álbum, esa búsqueda de su sonido y la actual escena musical del país estuvimos con Javier Gallego, batería y principal compositor de la banda, manteniendo una agradable y extensa charla que podéis leer a continuación.

Cuando escuché el primer adelanto que lanzasteis y vi el nombre del grupo y quienes lo formabais tuve la sensación de que ya llevabais tiempo haciendo cosas, que me sonaba mucho haber escuchado algo vuestro antes. Cuando me puse a investigar di con un tema en Bandcamp de 2012 pero nada más. ¿Qué ha pasado durante todo este tiempo?

Ha sido un proceso largo. El grupo se forma como en 2011. Yo dejé Dead Capo porque necesitaba un cambio de aires pero quería seguir tocando y montar un grupo en la misma línea pero con más pegada, más directo, más abrasivo, y empecé a reclutar y a llamar a compañeros que tenía cerca y músicos con los que había estado tocando. Ahí se unen gente como Javier Díez-Ena, con el que ya tocaba en Dead Capo y que también estaba en Ginferno, o Javier Colis, con quien también había hecho alguna cosilla. Empezamos con directos, buscando un poco nuestro sonido, y eso nos llevó bastante tiempo. Además, tuvimos que suplir la baja de Abraham Boba, que era nuestro teclista…

Y que empezó entonces con León Benavente imagino.

Claro. Empezó justo cuando estábamos despegando con Forastero y como León Benavente fue un cohete Boba lo tuvo que dejar. Era una pieza bastante insustituible, primero porque era en parte compositor de los temas y luego porque es un músico con mucha personalidad así que la búsqueda de ese sustituto nos paró un tiempo y nos hizo repensar lo que queríamos. Al final han sido distintos obstáculos los que han ido surgiendo hasta que de pronto aparece Lovemonk y nos dice que quiere sacarnos el disco. Podríamos haberlo autoeditado pero que un sello que tiene una infraestructura y unos contactos te dé el empujón es importante. Además también apareció la figura de Juan Santaner, que quiso llevarnos y ya fue como “el tren está pasando amigos, subámonos” (risas).

A nosotros la primera noticia nos llegó vía Industrias Bala, la agencia de Santaner. ¿Cómo llegasteis a él?

Pues fue una cosa inesperada. Nosotros teníamos nuestras dudas sobre que aquello se pudiera vender bien pero que alguien como Santaner, que ha manejado a grandes nombres de la música independiente, se interese por nosotros fue el subidón máximo. Fue amor a primera escucha. En un concierto en la sala El Sol por los refugiados tocamos cuatro temas, que veníamos de grabarlos como maqueta para Lovemonk y los traíamos muy engrasados. Los tocamos, Juan nos vio, le gustó y nos dijo que habláramos. En todo esto han funcionado mucho las buenas coincidencias.

¿Han cambiado mucho los temas desde entonces? El que tenéis subido en Bandcamp es ‘Frenesí’ y sí que suena algo diferente, aunque la base es la misma.

Está la base pero sí que ha habido un ejercicio sobre todo de síntesis y de poda. Ahí ha venido muy bien la oreja de Borja, de Lovemonk, que se ha implicado mucho en el proceso, a veces casi como un miembro más del grupo. A nosotros nos pareció que venía muy bien que alguien diera su visión desde fuera porque desde dentro es más difícil que renuncies a lo que has creado y veas el bosque en su conjunto. Por eso él ha hecho una labor de valorar la música desde fuera, a veces con exigencias, de decir “y esto ¿por qué?”, y cuando tienes que razonarle al profesor por qué has hecho algo… (risas). Hay cosas que sabes y que puedes defender pero hay otras que igual te das cuenta que no son necesarias. Es un disco que en ese sentido hemos trabajado mucho y por eso los temas han cambiado, algunos antes de entrar al estudio y otros incluso durante la propia grabación. Sobre todo ha habido eso, un ejercicio de síntesis. Yo diría que el disco es la sinopsis de lo que había al principio (risas).

Imagino que ha sido un proceso complicado porque al final la música que hacéis es muy dada a eso, a los desarrollos instrumentales largos.

Sí, y quisimos huir precisamente de eso, de la paja mental y musical, del rollo ese de “yo me lo estoy pasando muy bien pero igual me he olvidado que tú estás ahí”. Luego en el directo se desarrolla un poco más y algunos temas se estiran pero en el disco queríamos que fuera conciso.

Bueno, esto también es lo bonito de los directos, que los temas cobren nueva vida y sean algo diferentes.

Claro, se abren un poco, respiran de otra manera. Se tocan como se han compuesto pero sí que hay partes en las que nos soltamos un poco a ver hacia dónde va el tema y luego lo recuperamos. Eso lo hacemos bastante, pero también nos gusta esta concisión, el poder decir mucho en menos, que no es tan fácil. A veces hacerlo sencillo es más difícil que hacerlo complejo.

Ahí están las grandes canciones de pop, hechas con tres acordes.

Eso es. A mí la canción pop me parece un universo fascinante, como un tipo con tres acordes y una melodía tan sencilla ha conseguido expresar el espíritu de una época, porque hay gente que lo ha conseguido.

En la nota de prensa del disco se hacía mención a que con el grupo cada uno de los músicos salía un tanto de su zona de confort acercándose a estilos que tal vez no habían tocado en sus otros grupos.

Esa era la idea. De ahí también el nombre del grupo, el Forastero, el que está fuera o es de fuera y llega de visita, capta el sonido y lo trata de asimilar y adaptar a lo que él trae. Sí que es verdad que tenemos miembros que vienen de la música negra, tenemos a Javier Colis que viene del underground más afilado, del rock y el blues más salvaje, tenemos electrónica acercándose a sonidos jazz o funk de los 70…  La idea era salir de la zona de confort y encontrarnos en un punto intermedio fuera de todos esos puntos y yo creo que si algo tiene de interesante el disco es que hemos encontrado un extraño hilo que cose una camisa con retazos muy distintos, que luego te la pones y dices “pues no queda tan mal” (risas).

Por ejemplo hay un tema, ‘Por la Calle de la Amargura’, que es un tema muy español. Puede sonar a spaguetti western pero tiene una cosa como de Semana Santa, de música española, y en principio se salía un poco de la línea del disco. Yo lo llevé y dije “a mí me parece muy bonito pero igual es una españolada” (risas). Parecía que no nos pegaba pero al final creo que se ha llevado a nuestro terreno y ha acabado integrado en la manera de sonar que tiene el grupo. Y mira que veníamos, unos temas antes, de hacer una versión de Orbital, que debe ser lo más opuesto.

La verdad es que de primeras no pensaría que Orbital fueran una influencia para vosotros pero una vez que escuché el tema y me fui al original sí que vi bastantes similitudes.

Bueno yo creo que hay una parte de la electrónica de los 90, con la que crecimos como jóvenes y adolescentes, que sí que está muy presente. Orbital, Underworld… todo eso nos ha influido y sí que queríamos llevar eso a sonoridades más actuales y más orgánicas, intentando unir lo sintético con lo acústico, y estamos todavía en esa búsqueda. Creo que en el disco está conseguido pero me parece muy interesante seguir rascando en esa dirección a ver que nos sale. De hecho, al principio, el grupo no era tan electrónico, y fue cuando incluimos a Sergio Salvi, un pianista-teclista-productor que toca también en Cosmosoul, cuando fuimos más hacia ahí porque es un máquina en el procesamiento de sonidos. Además que lo hace en directo y le da al grupo un sonido enorme, un color, una potencia... Con él conseguimos mezclar la tradición, que está presente en el grupo, con una mirada al futuro.

También están presentes Morphine, con ese tema que bautizasteis como ‘Morfina’.

Sí, al llevar el saxo barítono es inevitable que salga el nombre del grupo, aunque hay otros como Zu, por ejemplo, que también lo utilizan y tenemos algunas partes que pueden recordar más a ellos. Pero sí, le pusimos el nombre a la canción como homenaje. Nosotros nos alejamos en muchas cosas de ellos pero a mí es un grupo que me gusta y que me ha influido mucho, desde luego.

Bueno como recurso para ponerle título a una canción instrumental, que debe ser complicado, siempre viene bien.

Sí (risas). Los títulos en este caso son una mezcla de azar, imaginación, chiste, momento poético… A veces cuesta mucho porque le quieres poner un título que se acomode a lo que has hecho y que diga algo más de la canción, aunque luego a cada uno una canción instrumental puede evocarle una cosa. Por ejemplo a  ‘En la Calle de la Amargura’ me costó mucho ponerle título, porque quería uno que contase bien lo que yo quería transmitir.

A mí con ‘Dormíamos, Despertamos’ me ha pasado que he visto un mensaje de cómo ha sido la actualidad social en los últimos años, con el tema empezando muy tranquilo y luego alzándose.

Sí, lo hice un poco así. Tiene una subida, un estallido inicial, una bajada y luego otra subida, que es un poco como yo veo la situación social. Ese estallido es en el que surge la frase, con el 15M, luego llega ese periodo de espera y de búsqueda y ahora esta nueva política que a saber dónde nos lleva y que ya es otro tema del que no vamos a hablar hoy (risas).

Sin profundizar en temas políticos sí quería preguntarte si crees que es posible hacer política desde las canciones de un grupo como Forastero y si hay una intención de hacerlo.

Es complicado y creo que alguien que lo escuche debe buscarlo ex profeso porque no damos un mensaje político claro pero sí que hay algún guiño, como la propia ‘Dormíamos, Despertamos’, y yo diría que sí hay una posición ante la vida y ante la música que va inscrita en el nombre, Forastero, y en la manera en como tratamos nosotros la música. Hay una reivindicación de lo extranjero y de la ruptura de barreras, además en un momento como este, tan delicado. Hay una reivindicación de lo foráneo frente a estos nacionalismos que tanto miedo empiezan a dar. También una actitud muy desprejuiciada ante la música, de romper los límites. En ese sentido, que hay que buscarlo y que puede ser recóndito, sí creo que mostramos una posición política o artística comprometida. No nos gusta la música conservadora ni de museo, no nos gustan los límites, nos gusta subvertir el orden de las cosas. Para mí la cultura puede ser muy subversiva sin necesidad de hablar de política explícitamente. Cuando una creación artística te está rompiendo los esquemas ya te está movilizando y alejándote de lo establecido, del canon, provocándote una inquietud. Yo creo que en ese sentido tenemos una actitud libertaria como músicos.

¿Y cómo os veis dentro de la industria musical actual?

Pues también en ese sentido, cuando tú decides hacer una música que no es vocacionalmente comercial, ir al margen, no buscar la canción de éxito… también estas tomando una decisión artística que es política y existencial. Estamos ante una industria que siempre ha sido bastante caníbal y que, llevada por las circunstancias, lo es más que nunca y está convirtiendo la música en una pastilla de Avecrem. Parece que es simplemente lo que da sabor a lo que te rodea. Pelearte contra eso y ofrecer una vía distinta también es una actitud política y contestataria. Al final a todos nos gusta gustar, claro, y lo intentamos, pero los que formamos Forastero estamos acostumbrados a movernos por las catacumbas (risas). Pero bueno, gozamos de bastante libertad ahora mismo, dentro de la precariedad que sufrimos los músicos en este país.

Lo que veo cada vez más difícil es actuar en directo sin una marca detrás. No veo que haya un circuito de salas realmente independiente y las agendas cada vez están más gestionadas por marcas. No sé hasta qué punto esto es positivo o negativo para la escena musical. 

La resistencia al margen de todo eso es una tarea numantina. Yo a que las marcas se metan a apoyar la música, si eso da mejores condiciones a los músicos y no se utilizan sus nombres para beneficio personal, que a veces ha ocurrido, no le veo ningún problema, sobre todo viendo que en este país no lo hacen las instituciones. En España la música se considera un hobbie y es lamentable que no se cuide.

Revisando los créditos del disco he visto que bastantes temas los firmas como compositor. ¿Cómo es eso de componer desde la batería?

Bueno, yo tengo un método muy divertido, que he contado ya alguna vez, y es que lo compongo todo con tarareos (risas). Empecé de manera muy rústica, grabando solo las partes fundamentales, pero he terminado haciéndome algún multipistas vocal (risas).

Pero además de la batería ¿tocas algún instrumento más?

Bueno, manejo algo la guitarra y el piano pero para mí es mucho más rápido cantarlo así que lo tarareo. Es verdad que mis compañeros ya me han pedido que lo haga con un piano midi, porque les resultará más fácil coger el tono y demás. Pero sí, he llegado a grabar las seis pistas de los seis instrumentos con tarareos.

Un poco Pentatonix ¿no?

Sí, sí. Bueno a veces me quedan unos coros muy Beach Boys (risas). No sé, imagino que habrá más gente que lo haga, a mí es el método que más sencillo me resulta. Creo que soy un cantante frustrado y esta es la manera que tengo de cantar en un grupo instrumental (risas). Luego los compañeros ayudan a armarlo y a mí me parece fascinante el paso ese de unos tarareos en mi cabeza a oírlo sonar con una banda. Es una sensación de euforia absoluta. Luego en el grupo hay otras personas que vienen con sus partituras, claro. Son más serias que yo (risas).

Quería preguntarte también por la portada del disco. Me gustó mucho la imagen del adelanto, la ilustración del submarinista, y pensaba que esa sería la portada del LP. Cuando vi la verdadera portada, tan diferente, me sorprendió y al ver que era una imagen de García-Alix imaginé que no se podía dejar pasar la oportunidad de que ilustrara tu portada un artista como él.

Claro, aquello se hizo para la portada del single pero había pasado tanto tiempo entre éste y el disco que había que ofrecer algo nuevo. La verdad que la imagen del buzo nos encantaba también pero bueno, miramos unas imágenes de García-Alix de la exposición “Un Horizonte Falso” y le llamamos, le preguntamos a ver cómo podíamos hacerlo y él nos la cedió gratuitamente.

¿Por qué elegisteis esta en concreto?

Al disco lo llamamos “El Submarinista en el Tejado” porque remitía a ese contraste, del submarinista que está arriba cuando tendría que estar abajo y que a la vez es un explorador de las profundidades. Esa mezcla nos parecía muy Forastero, muy del sonido del grupo, y la foto de García-Alix parece una ciudad vista desde arriba, desde un tejado, pero también tiene ese aire onírico o acuoso, como si estuviera sumergida bajo el agua. Además ese aspecto de metrópolis, de expresionismo alemán… Tenía muchas referencias a lo que nosotros queríamos decir con el disco y tuvimos la suerte de que dijera que sí. Pero bueno, es verdad que la del single es muy icónica y seguro que la seguiremos usando.

Para terminar, no he visto que tengáis fechas de conciertos confirmadas para los próximos meses después de las presentaciones recientes en Madrid, Barcelona y Sevilla. ¿Estáis pendientes de confirmar algo pronto?

La idea es intentar ir a Bilbao, Valencia, Galicia, ciudades grandes, festivales… Pero bueno la idea era primero sacar el disco y presentarlo para ver cómo funcionaba. Ha ido bastante bien de respuesta, bastante público en los conciertos, y parece que a la gente le está gustando.

Siendo seis componentes y tocando casi todos en varias bandas debéis tener difícil lo de compaginar fechas.

Sí, es complicado. Nuestros calendarios son peores que los de un ministro (risas). Encontrar huecos para ensayar y tocar es complicado pero la verdad que estamos todos muy implicados y al final somos un grupo de directo.

Todavía no he podido veros sobre el escenario.

Pues somos un grupo de directo porque al final es muy de baile lo que hacemos. No lo pensamos cuando empezó el grupo pero ha terminado por ser muy bailable. Tiene muchos ritmos muy hacía adelante, repetitivos, pegadizos, con bastante pegada, y en los conciertos se nota esa energía, que de repente la gente se mueve mucho más de lo que nosotros esperábamos. Cuando empezamos era una música más interior, más intelectual tal vez, y con el tiempo se ha ido puliendo y afinando y nos hemos encontrado con que tenemos una especie de jazz electrónico de baile rockero (risas). Creo que hemos encontrado un punto en el que a través del cuerpo, del baile y de la energía del movimiento la gente percibe bien una música que tiene cierta complejidad de arreglos y entra muy bien en la propuesta. Es por el baile como estamos encontrando la puerta de entrada… en las mentes (risas).

Bueno, está muy bien llegar a las mentes a través del cuerpo.

Sí. Es una buena definición (risas).

Fotografía: Lucía Ybarra

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