Él Mató a un Policía Motorizado + León Benavente @ Noches del Botánico (Madrid) 23-07-2025
Como las cosas bonitas que perduran en el tiempo, convertidas ya en costumbres, Él mató a un Policía Motorizado volvían un año más a visitarnos de gira. Hace mucho tiempo que perdí la cuenta de las veces que he visto en directo a la banda argentina, pero pocas cosas me podrían impedir faltar a mi cita anual con este ritual. Más aún actuando con el telón de fondo de Noches del Botánico. Un entorno idílico que se teñiría en esta ocasión de un atardecer especialmente rojizo. Puesta de sol amarga que, además de protagonizar multitud de fotos con teléfonos móviles, sería el triste presagio de que los incendios desatados en Madrid y Ávila estaban totalmente descontrolados.
Con el resacón mundialista aún muy presente en el sentir de todos los argentinos, y tras volar desde Estados Unidos después de asistir a la final de Copa del Mundo, Santiago Motorizado y los suyos llegaban a Madrid con los ánimos bajos. Visiblemente cansados, arrancaban su concierto tirando de oficio, como si de algún modo se encomendasen a la música para, una vez más, salir del bache. Ese mismo escollo del que tantas veces antes nos hicieron salir al resto de nosotros con sus canciones.

En un arranque extraño, en el que por primera vez en años se saltarían su propia liturgia de empezar con ‘El Magnetismo’, la ola de calor se combatiría volviendo al invierno con ‘Navidad en Los Santos’ y ‘El héroe de la Navidad’. Dos de esas rolas que comenzarían a definir el imaginario musical de la banda en sus orígenes, hace ahora ya más de veinte años.
Recuperando poco a poco el pulso al que acostumbran a latir, canciones como ‘Sábado’, ‘Mujeres bellas y fuertes’ o ‘Amigo piedra’ lograrían aumentar el brío de la formación. Aún más lo haría un guiño en las pantallas: con la imagen de Leo Messi cabizbajo tras la dichosa final y el rótulo de «cuidarte siempre a vos en la derrota». Él Mató dedicaban al incuestionable héroe de los albicelestes la emotiva ‘El tesoro’. Todo ello con el empuje de una audiencia que arroparía cariñosamente a los argentinos. Allá donde el fútbol es religión, esta efeméride deportiva seguramente les importaba muchísimo más a ellos que a la mayoría de nosotros. Y por aquí les queremos mucho.

En un final catártico marca de la casa, himnos de estadio como ‘Yoni B’, ‘Ahora imagino cosas’, Chica de oro’ o ‘Mi próximo movimiento’ desataban unos tímidos pogos en medio de un público como el de Noches del Botánico, poco habituado en general a este tipo de ceremonias. Sin sacarse todavía de la cabeza el Mundial, un sonriente Santiago felicitaba al público español por el éxito futbolístico y se despedían hasta más ver. Ojalá sea pronto.
Sabedores del público mayoritario que tiene su ciclo de conciertos, en esa apuesta que parece dirigirse con especial atención al indie de mediana edad, los programadores volvían a acertar poniendo como plato principal de la noche a León Benavente. En mi caso personal, llevaba algún tiempo sin verles en directo y, por qué no decirlo, algo desconectado de sus últimos pasos musicales. Los mismos que abrían con seguridad un recital incontestable, que con temas como ‘A la moda’ o ‘Nada’ me recordaban la energía que irradiaban todos y cada uno de sus directos.

Con un Abraham Boba siempre a la cabeza de la bestia, moviéndose con elegancia por el escenario mientras alentaba a la audiencia en cada nuevo corte. La máquina de baile de León Benavente conectaba a la primera y se volvería imparable en hits como ‘Como la piedra que flota’ o ‘Ánimo, valiente’, en las entroncaría con el indie más puro. Pero sería con su mezcla de spoken word y ritmos hedonistas con los que más conseguirían agitar el avispero. Ese ramalazo que parece aproximarles a las corrientes hedonistas de Baxter Dury y compañía, canciones como ‘En el festín’, ‘Ser brigada’ o ‘Gloria’ subían la intensidad para llegar al clímax.

Todo ello aderezado con la presencia, casi atávica, de un Martí Perarnau que hace de todo sobre las tablas, y que sería presentado con honores por Boba, como el gran fichaje que es. León Benavente siempre ha sido una banda solida en las distancias cortas, pero con un tipo así en tu alineación, se enfrenta mejor cualquier partido. Así se llegaba al final del juego, con una también espídica ‘Ayer salí’, en la que las líneas de bajo y los sintetizadores marcaban el rumbo para un Abraham Boba que hacía una incursión en el público para dejar la imagen icónica de la jornada; saltando entre el público en la última celebración.





