American Football @ Sala Copérnico (Madrid) 13-06-2017

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Se me forma cierto nudo en la garganta aún hoy al escuchar las canciones de American Football y recordar su concierto. Quienes descubrimos al grupo cuando éste ya no existía teníamos desde hace tiempo una cuenta pendiente que pensamos que jamás saldaríamos y eso, siendo sinceros, también generaba cierta mística alrededor de su música. Tras publicar en 1999 el que seguramente sea el disco con más personalidad de la corriente emo, American Football se diluían en el espacio dejando un puñado de canciones que durante años se encargaron de rompernos el corazón dando el sentido más absoluto a un término poco después denostado. No hay un sonido más emocional que el que generan las melodías rotas de Mike Kinsella, las cristalinas guitarras de Steve Holmes y ese golpeo, tan cerebral como visceral, de Steve Lamos, encargado además de bañar las canciones con el puntual sonido de una trompeta.

2014 fue el año de la resurrección. Sin previo aviso American Football volvían a la vida y con Nate Kinsella al bajo completaban una formación que los llevaba de vuelta a los escenarios en una gira que acabó pasando, un año después, por el Primavera Sound de Barcelona. Allí disfrutamos de su concierto pero nos costó conectar con unos temas que, como todos sabíamos, estaban destinados a sonar en la intimidad de una sala y con un público centrado en sentir sus canciones. De nuevo pensamos que jamás podríamos vivirlo, y de nuevo nos equivocamos. Con un segundo álbum bajo el brazo American Football prolongaban esta historia, que ya va dejando de ser un amor de verano, y nos brindaban, ahora sí, la oportunidad definitiva con una gira por salas que hacía parada en Barcelona y Madrid.

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Con la misma sencillez con la que clavan melodías como puñales aparecieron en el escenario, con Holmes en lo alto y Kinsella al frente, para hacernos volar durante la siguiente hora y media. Brillante sonido a la altura en una Copérnico dedicada a la causa, con un público respetuoso que hizo que el único ruido que acompañara a las intervenciones de la trompeta fuera el del aire acondicionado. ‘Where Are We Now?’, tema inicial de su nuevo disco, sirvió para introducirnos en la historia y a lo largo de ella fueron salteando canciones de sus dos trabajos discográficos, que fluyeron como uno solo a pesar de haber pasado casi veinte años entre ellos. Canciones como ‘I’ll Sea You When We’re Both Not So Emotional’ y ‘Honestly?’ dejaron claro que Kinsella conserva esa manera de romper su voz haciendo del ligero desafine algo bonito. Por otra parte, es una auténtica delicia disfrutar del golpeo de Holmes, tan peculiar en sus formas como efectivo en su fondo. Como un batería de jazz intercalaba ritmos y diferentes intensidades con sutileza, convirtiendo un set sencillo de cajas y platos en toda una caja de ritmos imposibles.

De entre los temas más actuales destacó la luminosidad guitarrera de ‘Home Is Where the Haunt Is’, con Nate puntualizando al teclado, una ‘Everyone Is Dressed Up’ cuya trompeta nos hizo volar o ‘My Instincts Are the Enemy’, sin duda una de las mejores canciones que el grupo ha escrito y que nos erizó el vello de cabeza a pies. Lástima del ligero parón antes de encarar la parte final del tema debido a que Holmes parecía no estar en el tono correcto a pesar de que todo parecía sonar a la perfección para nosotros. Tras ellas se despedían, como no podía ser de otra manera, con ‘Never Meant', tema imperecedero que sacaba del letargo a un público ensimismado y que por primera vez alzaba la voz, e incluso algunos puños al cielo, para decir adiós a un grupo y un concierto que jamás olvidaremos. Seguramente sea la última vez que los veamos en directo, pero nunca se sabe...

Texto: Iván Díaz
Fotografías: Luis Arteaga

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