Weezer – «Gold Album» (2026)
Da igual cuantos tropiezos haya en la carrera de Rivers Cuomo (y no son pocos los que hay), el fan de Weezer siempre esperará con ganas, esperanzas y buena predisposición un nuevo álbum de la banda. Los precedentes, además, eran esta vez regulares. Si bien es cierto que «Ok Human» y «Van Weezer» funcionaron bien, mostrando cada uno una cara de su sonido, los posteriores cuatro EPs dedicados a las estaciones del año les sumergieron, de nuevo, en la más absoluta intrascendencia. Tal vez si hubieran reunido las mejores canciones de los cuatro habrían publicado un disco decente. Tal vez ni eso. Por suerte, este nuevo homónimo, el sexto ya sin nombre, sí que lo es.
«Gold Album», que así toca bautizarlo, tiene singles inmediatos, como ‘Up in the Clouds’, la inicial ‘Say Yes’ o una ‘We Might as Well Be Strangers’ en la que suman a la ecuación la voz de Karly Hartzman, de Wednesday, y que deberían incorporar desde ya a todos los directos de la banda. Nada que envidiar tiene esta a algunos de sus grandes hits añejos. Tampoco desmerecen otras como ‘C.E.O’, en la que echan el freno y nos llevan de manera descarada a la magistral ‘Undone (The Sweater Song)’, de su primer disco, de la que emulan voces fraseadas y su energía mientras Cuomo canta, no sin ironía, que el público solo quiere que hagan temas noventeros y recuperen los clásicos. En parte, seguramente, no le falte razón.
En ‘Shine Again’ las guitarras crepitan como hacía décadas que no lo hacían y la distorsión juega a favor en otras como ‘Don’t Make It Weird’ o ‘Hoops’, mientras que en ‘Nowhere’ intercalan acústicas y hasta algo de épica con solvencia. Y, lo que es más importante, en ninguna de ellas descuidan unos estribillos que siempre fueron uno de los grandes fuertes del grupo. Algo habrá tenido que ver en todo esto la producción de Kenny Beats, que ha trabajado con gente como Idles o Geese, y que parece haber conseguido recuperar la mejor cara del grupo también en cuanto a cuestiones meramente técnicas.
Con todo ello, Weezer nos ofrecen otra media horita de buena música que sumar a su discografía. Disfrutémosla, aunque sea siempre con la ceja alzada, alerta por ver cuando llegará el próximo tropezón de la banda, si es que llega.






