METZ @ Moby Dick Club (Madrid) 18-11-2017

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El directo de METZ es una experiencia física casi cercana al dolor, especialmente para tus oídos si no cuentas con unos buenos tapones. El trío canadiense ha llevado al extremo una propuesta que se ha curtido a base de una y mil giras hasta alcanzar un sonido tan aplastante como preciso. La crudeza de la distorsión, una voz del inframundo y toneladas de sudor componen un viaje que arrasa con todo y que no sobrepasa la hora de duración, porque a partir de entonces tendrían que empezar a matar prisioneros. Atrapados como tales nos vimos el pasado sábado en una Moby Dick que se convirtió en el refugio ideal para un sonido como el suyo, que volvió a rayar la perfección y que nos golpeó con fuerza el pecho.

Siguiendo con el ciclo habitual de disco-gira-disco, METZ volvían a nuestro país para presentar su última referencia, un “Strange Peace” en el que a ratos viran hacia un sonido algo más rebuscado pero que no deja de ser un artefacto directo y sucio. Aún así, el setlist de su paso por Madrid estuvo bastante repartido entre las tres referencias discográficas que han publicado hasta el momento y de hecho fue ‘The Swimmer’, de su anterior LP, la encargada de abrir el show con ese inicio progresivo que parece tímido y que acaba en explosión nuclear. Aplastantes desde el primer segundo, tan sólo unos problemas con el bajo pudieron aplacar medianamente un furioso arranque en el que vomitaron también ‘Mess of Wires’, artefacto de rítmica metalera, y una ‘Get Off’ que supuso el primer recuerdo a su debut y la primera lucha en el pogo. Tras ella, ‘Spit You Out’ rompió unas cuantas nucas a base de enfermizo groove y temas como ‘Mr. Plague’ o ‘Eraser’ mostraron la cara más enrevesada del grupo, que incluso se permitió alargar algunas de las partes instrumentales en un bucle de distorsión y ultrasonidos.

Ya en la segunda mitad del concierto, que se sucedía sin respiro, ‘Cellophane’ dejó claras las virtudes de su último álbum con ese buen sabor melódico que respira el tema y con un Alex Edkins desatado y cuya camiseta había desaparecido hacía tiempo bajo un manto de sudor que llovía sobre el público cada vez que movía su cabellera. Y para cambiar rápido de tercio, ‘Kicking a Can of Worms’ nos devolvía a los METZ más ultradistorsionados para encarar ya una parte final que cerraban con la rugosa ‘The Mule’ y la ya clásica ‘Acetate’. Tras ella, todos a casa temblando y teniendo más que claro que no había opción posible de bis. Ni falta que hacía. 

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