Luna @ Teatro Lara (Madrid) 20-04-2015

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Lunes, muy cerca de la calle Luna y una noche de primavera preciosa y despejada en la que brillaba con intensidad la luna. Todas las señales apuntaban a que el momento que estábamos a punto de vivir sería mágico e irrepetible.

Luna deciden volver a la actividad diez años después, retomando la historia desde donde la dejaron para darse un sano paseo por los escenarios sin ningún tipo de expectativa de permanencia. A diferencia de otras reuniones, más basadas en puros ejercicios de nostalgia a los que a menudo suelen acompañar un nuevo material que deja mucho que desear, aquí el peligro estaba sorteado desde el principio y el desafío del regreso se manejaba con destreza, como pudimos comprobar durante las casi dos horas de recital. Y no, no habrá nuevas composiciones porque, como ya aviso Dean; "Hay ya demasiados discos de Luna en el mundo".

Hay bandas que por su sonido, estética y puntuales hits quedan inevitablemente ancladas a un momento que suele ser un sitio seguro al que poder volver y recrear cada vez que a uno le de la gana. Por el contrario, existen otro tipo de grupos que más que una militancia a algún tipo de movimiento se resisten a las etiquetas y basan todo su potencial en la "canción" en mayúsculas. Nada de discos conceptuales, ni del año, ni hostias, solo música que desde que es editada hasta el día de hoy sigue en constante crecimiento. Ese es el secreto mejor guardado de Luna y por ese motivo la forma de desarrollar su repertorio en directo tuvo más de construcción que de rememoración, y es que más que una escena vivida el show que ofrecieron parecía una escena por vivir.

El encanto bohemio del Teatro Lara fue el marco perfecto para disfrutar de ese personal sonido, que necesita de una buena acústica para poder apreciar una propuesta que a menudo tiene su mejor cara en esas peculiares guitarras limpias y cortantes que marcan la personalidad de la banda y que acompañan e impulsan las narcóticas melodías de Dean. A la hora prevista y tras la actuación de Flowers (el trio británico que está abriendo la gira y que, por cierto, recuerda sospechosamente a Galaxie 500) los miembros de Luna aparecieron en el escenario para testear sus instrumentos ellos mismos. Aquí divismos ninguno. Minutos después una emocionante ovación acompaño los primeros acordes de ‘Chinatown’, que los anticipaba en un estado de forma que solo los años y los daños pueden aportar.

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La magia ya estaba proyectándose desde el escenario y como no podía ser de otra forma residía únicamente en las canciones, ya que en Luna no hay lugar para las imposturas. Éstas fueron sucediéndose y el grupo escarbando por un repertorio totalmente engrasado, sin un ápice de óxido. ‘Sideshow By The Seashore’, ‘California (All The Way)’, ‘Bobby Peru’ o ‘Tiger Lily’ conformaron la primera parte del set, donde recuperaron su magistral manera de atacar la intensidad desde la calma más total, sin ocultarse en artificios, destilando la absoluta esencia de la canción, aquello que la hace única y relevante. La relación cuasi "romántica" entre el público y la banda se volvió aún más empática, erizando la piel de los presentes en una bellísima ‘Moon Palace’, donde resolvieron la parte orquestal con una buena dosis de distorsión mientras más de uno mascábamos el hermoso repertorio con cuidado de no tragarlo y prolongar el dulce sabor que nos dejaba.

Como por suerte no cuentan con hit lógicos, lo más parecido a comulgar con toda la audiencia fueron los fetiches sonoros de ‘23 Minutes In Brussel’ y la potencia de ‘Friendly Advice’, coreada por todo el teatro y culminada en un torbellino de guitarras. No faltó el guiño a su admirado Lou Reed en una magnífica ‘Ride Into The Sun’, donde las sencillas aunque complejas líneas que salían del bajo de Britta Phillips disparaban directamente al corazón. Con el set list a esas alturas de la noche cumplido y robado por el público (literalmente) volvieron a subirse al escenario tras otra emotiva ovación para sacarse de la manga una explosiva versión del ‘Outdoor Miner’ de Wire y acabar culminando el irrepetible momentazo que ya se nos empezaba a escapar con un fantástico regreso al grandioso "Lunapark", del que interpretaron desde las entrañas la genial ‘Time To Quit’.

Tras ésta, las luces del Lara se prendieron y en ese instante nos hubiera encantado devolver la aguja del reloj a las 22:00. Pero no fue posible, acabábamos de vivir un momento único e irrepetible que fue mucho más allá de la pura recreación. Diez años después, ya con la industria y nuestros bolsillos desmontados, acabábamos de experimentar en directo la conmoción musical de Luna. Que no se rompa la noche.

Texto: David Doinel
Fotografías: Luis Arteaga

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Tengo un podio en mi casa, soy el primero cuando quiero.

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