Dark Light

La Vida de Ryan (Parte 2)

ryan adams

ryan adams

Puedes leer «La Vida de Brian (Parte 1)» aquí.

Lista de Spotify para acompañar la lectura del artículo.

Tras la publicación de «Gold» y un disco menor como «Demolition», Ryan Adams se enfrenta a la dificil tarea de dar continuidad a su momento más exitoso como músico hasta la fecha. Para ello se centrará en hacer lo que mejor sabe: componer y grabar de una manera casi enfermiza para seguir dando forma a una discografía que, a día de hoy, se antoja envidiable.

Esta casa no se vende

Durante 2002 y 2003 Adams trabaja compulsivamente en la composición de “Love Is Hell” con la idea de que vea la luz en 2003, pero Lost Highway Records, su sello, se negó nuevamente a publicarlo por miedo a que no fuera comercialmente viable, lo que obliga a Ryan a volver al estudio. Dos semanas más tarde presenta a la compañía “Rock N Roll”, una colección de canciones más estándar, con el hit instantáneo ‘So Alive’ a la cabeza y joyas que aparecerían también en “Love is Hell”, como la gigante ‘Anybody Wanna Take Me Home’.

Además de compartir alguna canción, estos dos discos harían lo propio con la fecha de publicación. La compañía cede ante el artista y acuerda que el sello lanzaría “Rock N Roll” y “Love Is Hell”, pero con la condición de que éste último se dividiría en dos partes. Así, en noviembre de 2003 vieron finalmente la luz los ya citados álbumes mientras que la segunda parte de “Love is Hell” lo hizo en el mes de diciembre para posteriormente, en mayo de 2004, ser lanzadas de nuevo ambas, esta vez como un único álbum.

Comercialmente los dos discos funcionaron bastante bien a pesar de que «Rock N Roll» fue denostado por la crítica. En contraste con este, “Love Is Hell” está repleto de piezas lentas. La más extraña de todas ellas es una versión del ‘Wonderwall’ de Oasis bastante interesante que le valió otra nominación a los Grammys.

La identidad del álbum se traduce en canciones lentas, parcialmente desnudas, con tono intimista, salvo algunas excepciones como la genial ‘This House Is Not For Sale’ o la que da título al álbum. Cuenta además con esa pequeña obra maestra que es ‘Political Science’, que abre el disco rescatando la esencia del mejor Jeff Buckley. Este mismo año, Ryan reúne varios músicos de acompañamiento para formar The Cardinals y comenzar una nueva etapa en la que una producción musical constante le llevará, en 2005, a editar nuevamente dos discos: “Cold Rose” y “Jacksonville City Nights”.

El primero de ellos es un álbum doble en el que nos presenta junto a The Cardinals 18 canciones en las que aparecen todas sus facetas; su lado eléctrico y rockero en temas como ‘Beautiful Sorta’, ‘Let It Ride’ o ‘Cold Roses’ y su lado más acústico con ‘Meadowlake Street’ o la espléndida ‘Mockingbird’. Además de apuntes de country, pop o blues en otro puñado de temas. La presencia de los Cardinals no se limita únicamente a aparecer en los créditos. Es éste, en muchos sentidos, un disco de banda, probablemente por eso nos recuerde algo a aquellos celebrados discos de Whiskeytown, aunque hay claramente aquí una vuelta a los orígenes que quedará confirmado en la siguiente edición.

ryan adams the cardinals

Siguiendo la corriente de la avalancha de álbumes que se había propuesto, algunos más aceptados que otros pero todos a un altísimo nivel y con grandes momentos, “Jacksonville City Night” supone un regreso al género que conoce perfectamente y por el que tanto habían clamado los fans de Whiskeytown. Un maravilloso álbum del mejor alt-country con proezas como ‘The End’, de una intensidad inalcanzable, o el irresistible dueto con Norah Jones en ‘Dear John’.

Al margen de los Cardinals, Ryan publica a finales de año otro disco, este en solitario, de título “29”, más flojo pero aun así inspirado. Entre su repertorio de ambiente blues trasnochado destaca ‘The Sadness’, un guiño a la música española que será lo más cerca que estará Ryan de nuestro país, del que tiene un recuerdo un tanto surrealista, tal como declaró el artista en una entrevista a Silvia Beltrán para Ruta 66: “Recuerdo que en España pedí pescado y ¡¡me lo trajeron entero con las espinas!! También recuerdo que las chicas españolas llevaban unos pantalones muy extraños, acampanados a rayas. Recuerdo cosas muy extrañas de España pero sí, me encantaría volver”.

Delirante y anecdótica fue también la conversación telefónica que su sello, Lost Highway, mantiene con el artista con motivo de la triple edición que había levado a cabo en 2005. Conversación que éstos graban y difunden posteriormente vía internet:

“L.H.: ¿Cuántos discos vas a hacer este año?

“R.A.: Pues grabaré unos cinco o seis. Eso sí, si consigo sacar tiempo de estudio para grabarlos

El sello empieza a tomárselo un poquito a guasa, aunque es evidente que Ryan no está del todo sobrio durante la conversación. Adams continúa diciendo que quiere cambiar su nombre artístico por otro, Microroboticon, y a partir de aquí el cachondeo se desata.

“L.H: …Ahh ¿como si fueras un transformer?…”

La idea de Ryan era cambiar el nombre artístico también en los discos anteriores, así “Gold” estaría firmado por Microroboticon. Los del sello estallan de la risa.

A estas alturas de su carrera, Ryan está situado más allá del bien y del mal y su incontinencia creativa le pasa factura. Había protagonizado varias espantadas de los escenarios, fuertes discusiones con sus fans y algún que otro ataque violento a la prensa que desencadenaron una cruzada personal contra el crítico musical Jim Derogatis, al que dejaría varios mensajes bomba en el contestador. También en esta época calificaría jocosamente a los omnipresentes Wilco de ser un grupo aburrido.

El abuso de drogas, alcohol y pastillas durante esos años hizo estragos en un Ryan Adams que, totalmente desorientado, tendría que empezar a replantearse volver a buscar su brújula.

Donde hubo fuego…

Ajustándonos a los hechos puramente musicales, que deberían ser los únicos relevantes, para principios de 2006 Ryan tenía 32 años y un curriculum extremo y admirable: tres discos con Whiskeytown, ocho en solitario editados y no se sabe cuantos en el limbo y en cuestión de rarezas. Además, como productor había trabajado con su colega Jess Mallin en su primer álbum o con el mismísimo Willy Nelson en “Somebird”, al margen de colaborar con un sinfín de artistas norteamericanos.

Después de una agotadora gira junto a los Cardinals durante el 2006, Ryan se recluye en el estudio para dar forma al que será su noveno álbum oficial, “Easy Tiger”, editado en 2007. Incluye canciones que ya habían visto la luz en su anterior gira así como viejos temas que no habían sido publicados. El disco tiene parajes hermosos, hermosísimos, brillando intensamente en temas como ‘Oh My God, Whatever, Etc.’, ‘The Sun Also Sets’, la emocionante ‘Off Broadway’ y la clasicota pero encantadora ‘Rip Off’, además de incluir la canción que Ryan llevaba tiempo buscando pero que no terminaban de salir, ‘Two Hearts’, directa y aplicada.

Tras éste, “Cardinology”, de 2008, será la última referencia que edite bajo su sello de siempre, Lost Highway, y también el último álbum en compañía de los Cardinals. Aunque algo irregular, la vuelve a clavar en temas como ‘Fix It’, ‘Magick’ o ‘Go Easy’. De carácter definitivamente rock, la fórmula llegaría a sonar agotada en algunas ocasiones. No obstante, sus problemas de salud provocados por la enfermedad de Ménière, que venían afectando a su estabilidad y audición provocándole ataques episódicos de vértigo entre otros síntomas, junto con el desencanto que arrastraba con el negocio musical, los medios y el comportamiento de sus fans, le llevaron a anunciar en 2009 la disolución de The Cardinals y que se tomaba un respiro para emprender caminos más personales.

Cuando en 2004 Ryan se cayó del escenario al foso de la orquesta en el Royal Court Theatre de Liverpool y se rompió la muñeca fue obvio que se cancelaba la gira. Sin embargo, por aquel entonces no se sabía que Adams estaba luchando desde el 2000 contra el tinnitus, el vértigo y otros trastornos auditivos. De hecho, dar conciertos le estaba resultando cada vez más complicado. “Lo que yo interpretaba como miedo escénico se debía realmente a una serie de problemas de salud que iban a peor”, declaró Ryan en 2012. “Ya he perdido parte de mi audición pero sigo teniendo un 50-60 en mi oído izquierdo, que no está mal. No se cómo tomármelo, solo tengo que trabajar con lo que tengo”, añade.

Los días salvajes de Ryan pasaban a mejor vida y aquel que vivía como si no hubiera mañana, se drogaba como dieta habitual, y era auténticamente impredecible en directo, estaba ahora más interesado en curarse y recuperar su estabilidad. Muchos achacaron tal cambio a su noviazgo con Mandy Moore pero nadie sabe los verdaderos motivos salvo el propio artista.

Igualmente, nunca llegaré a entender por qué hubo y hay tanta gente esperando ver a Ryan caer. Acusado de arrogante, de crear obras excesivas o de ser un niño acomodado, esperemos que este artículo sirva al menos para dignificar a un tipo que, sobre todas las cosas, es humano y un artesano de canciones adicto a su trabajo, que nada siempre contra la corriente y a quien no parece que haya nada ni nadie que lo pueda detener.

ryan adams 2008

Con su propio nombre

Durante los últimos años, dos desde la ruptura con The Cardinals, Ryan continua sacando a la luz nuevo material a través de su propio sello, PaxAm, que fundó en 2004 para dar salida a los proyectos que no eran aceptados por Lost Highway. En mayo de 2010 aparecería en una edición de vinilo limitadísima, que sólo se podía adquirir a través de su página, su particular homenaje al heavy metal, de título “Orion”. Interesante como curiosidad y tachado por la prensa como uno de esos chistes que se ríen y se archivan, fue acusado de confundir lo excéntrico con lo creativo. En contraposición a tanto «bla bla bla», desde aquí recomendamos su escucha. También en diciembre de ese año, PaxAm edita en formato doble “III/IV”, un disco formado por descartes de “Easy Tiger” y “Cardinology”, que no desmerece en absoluto a sus obras de origen.

Dejando aparte su coqueteo con el metal y proyectos paralelos a cada cual más extraños, para 2011 publica oficialmente y con distribución internacional “Ashes and Fire”. Puede que no sea su mejor disco pero a estas alturas ni falta que hace. Un álbum calmado, acústico, en definitiva lo mejor que sabe hacer el de Jacksonville, contando historias relajadas en las que se disfruta de su voz y la emotividad de sus lánguidas guitarras acústicas. Y lo cierto es que había muchas ganas de recuperarlo así, en esencia.

Producido por el mítico Glyn Jones y con Norah Jones acompañándolo en algún que otro tema, el cancionero, inspirado a la par que reposado, se sucede intimista desde la inicial ‘Dirty Rain’ pasando por ‘Save Me’, con una carga importante de emoción que estalla en ese diamante que es ‘Lucky Now’.

El lanzamiento de “Ashes and Fire” supone también el regreso de Ryan a los escenarios, esta vez comedidamente en solitario, sin más producción que su voz, su armónica, guitarra y piano. El resultado de esta extensa gira que lo volvió a llevar en solitario por toda la geografía se recopila en una excesiva caja de quince vinilos que recogen íntegramente los mejores conciertos que el músico realiza tras volver a los escenarios después de su enfermedad. PaxAm y Capitol Records lo lanzan al mercado en una tirada limitada bajo el nombre de “Live After Deaf”, en junio de 2012.

Y con su propio nombre, a cara descubierta y en primer plano, nos presentó “Ryan Adams” el que es hasta la fecha su último álbum, el número catorce. Crudo y frontal, sin maquillaje ni artificios arranca nuestro Romeo macarra con ‘Gimme Something Good’, apuntando en su texto que “toda mi vida me he estado moviendo, sosteniendo algo que ya no tengo como si estuviera roto”, para continuar clavándonos la melancolía donde más duele con ‘Kim’ y regalándonos delicadezas como ‘My Wrecking Ball’, donde se deja el alma en un texto emocionalmente inmenso dedicado a su difunta abuela. También dispara con su guitarra rock nervioso, enredado en reverbs, volándonos la cabeza con ‘I Just Might’, una de las más grandes del repertorio y en la que sentencia que quizás toda promesa que la gente hace esté destinada a las piedras. La oscuridad llega a ser un tema recurrente aquí, aunque también hay lugar para algún destello a lo largo de un disco directo, con pocos acordes, que no abusa de los solos pero que cuenta con la suficiente rabia como para emocionar con muy poco.

El chico de Jacksonville lo vuelve a hacer y, seguramente sin proponérselo, firma el disco del año. Por si fuera poco, dos semanas antes de la salida del mismo lanza la edición limitada del que será el primer volumen de una serie de 7” bajo el nombre de “PaxAm Series Single” y que tendrán una temática diferente en cada entrega. “1984” es un homenaje al hardcore punk de los 80s que tanto influenció al artista en su juventud, compuesto por diez canciones que no superan los dos minutos de duración y entre las que destacan pildorazos como ‘When The Summer Ends’ u ‘Over and Over’. El volumen 2, “Jacksonville”, es su particular homenaje a la tierra y al género que le vio nacer. “Vampires”, el tercero, es su particular regalo de Halloween, con estética siniestra y cuatro pistas diabólicamente gores. “Do You Laugh When You Lie?” conforma el volumen 4 y es quizás el más deudor de su anterior álbum. Y por último, al menos de momento, el volumen 5, “No Shadow”, publicado recientemente y que cuenta con la colaboración del actor Johnny Depp. Una impecable colección de singles entre la cual hay que destacar “1984” por encima de todos, siendo éste uno de los mejores EPs del siglo.

En la actualidad, Ryan se encuentra realizando una esperadísima gira con banda por Europa en la que, según las crónicas, se está dejando la sangre en todos los conciertos. El último delirio lo protagonizó hace unos días en Copenhague, cuando su amiga Natalie Prass, que ejerce en este tour de telonera, sufrió un retraso en su vuelo y Ryan, lejos de convertirlo en un drama, vio la oportunidad de transformarse en ella. Un vestido, medias, un buen meneo a su pelo y listo para saltar al escenario a interpretar el repertorio de su amiga ante la sorpresa del público danés. Desde luego sentido del humor nunca le ha faltado. “La humedad me ha estropeado un poco el pelo…” afirmó en el papel de la cantante.

Concluyendo este pequeño homenaje a este gran genio añadir que si hay algo que le distinga de sus contemporáneos es que él, a diferencia de su generación, ha seguido su camino y no el de las multitudes, haciendo en todo momento lo que le ha dado gana, arañando la fama para luego perderse en sí mismo y consiguiendo al final que su repertorio sea totalmente atemporal.

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