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Gorka Urbizu + La Joya @ Teatro Eslava (Madrid) 18-04-2024
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Gorka Urbizu + La Joya @ Teatro Eslava (Madrid) 18-04-2024

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Una de las grandes sorpresas que nos ha dejado este año ha sido el regreso de Gorka Urbizu a la actualidad musical tras el final, hace ya algo más de cuatro años, de Berri Txarrak. «Hasiera Bat» nos cogió por sorpresa a todos y sirvió para demostrar que hay otra manera de hacer las cosas, sin grandes estridencias, sin semanas de adelantos, de adelantos del adelanto, de alimentar el algoritmo. Y, sorprendentemente o no, funcionó. La gente conectó con unas canciones delicadas, emotivas, elegantes, minimalistas y bastante alejadas del sonido que convirtió a Berri Txarrak en historia musical de nuestro país. Tocaba ahora ver cómo se trasladaba esta propuesta al escenario en una gira que ha contado desde el principio con el respaldo del público, agotando casi cada fecha a su paso y obligándoles a repetir en numerosas ciudades.

Madrid no fue una excepción, y tras venderlo todo para su concierto en Teatro Eslava se añadió una nueva fecha, la que tuvo lugar el jueves, con una también considerable afluencia de público. Se encargaban de abrirla La Joya, el dúo que forman Ricky Lavado y Manel M. Hontoria y que presentó, visiblemente agradecidos por compartir escenario con alguien tan afín en actitud como Urbizu, las canciones de «Lower Hermosa». Con un sonido limpio y contundente y el juego constante entre los ritmos de batería de Ricky y los latigazos de la guitarra de Manel consiguieron mantener la tensión y el silencio de un público que, poco a poco, iba llenando la sala. Llevaron al extremo en cada movimiento la etiqueta del slowcore, encarando sus canciones sin prisa y controlando los silencios. Recorriendo el camino que va de la delicadeza a la agresividad más visceral, con temas como ‘Sinsonte’ como estandarte de todo lo que son. De todo lo buenos que son.

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Con extrema puntualidad (sí, hasta eso lo clavaron) tomaban posición en el escenario los músicos que están acompañando en esta aventura a Gorka. Mariana Mott y Joan Pons a las baterías, Jordi Matas al bajo y Amaia Miranda a la guitarra arrancaban con los acordes de ‘Maitasun Bat’ para que, tan solo unos segundos después, Urbizu saltara a escena levantando la ovación del público y echando abajo con tan solo un par de frases toda esa tensión contenida que parecía sobrevolar la sala. Un sonido absolutamente impecable, una distribución sobre el escenario de gran potencia visual y la sensación de estar viviendo algo único, probablemente efímero, hicieron que la siguiente hora y media fuera un torbellino de emociones. Desde la complicidad entre los músicos, con constantes miradas y sonrisas entre ellos, hasta el respeto del público, tan silencioso como ruidoso según demandaba el momento, funcionaron en una comunión perfecta, como hacía tiempo que no vivía en un concierto.

Sobre el escenario, los temas de «Hasiera Bat» cobraron una nueva vida, más directos y viscerales pero igual de emocionantes y emotivos que en su versión de estudio, diciendo tantísimo con tan poco. Desbordante de belleza sonó ‘Janela Bat’, jovial y llena de vida ‘Lilura Bat’ y contundente y agresiva una ‘Toki Bat’ coreada y bailada en sus dos minutos de pura precisión, con el bajo de Matas volando libre y el duelo de guitarras entre Gorka y una Amaia siempre elegantísima en los arreglos aumentando la tensión emocional del momento.

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Con las virtudes de «Hasiera Bat» más que asumidas por todos, tocaba descubrir qué canciones completarían un set de hora y media de duración. Lo hicieron versiones ajenas, como una ‘Hegal Egiten’ de la mítica banda Itoiz celebradísima por el numeroso público vasco de la sala, o ‘Etorkizuna Ginenean’, de los punk rockeros Leihotikan, compuesta con Urbizu y que desnudaban aquí sorprendentemente del zapatillero ritmo hardcore para adaptarlo al sonido de la banda y hacerla suya. Algo similar ocurría con sus recuerdos a Berri Txarrak, con una ‘Katedral Bat’ que no perdió intensidad alejándose de la distorsión, o una ‘Maravillas’ que encaró en solitario Urbizu después de anunciar que, aunque no la estaban tocando hasta ahora, se iba a saltar el guion para «hacer una canción antifascista, ya que estamos en la tierra de la libertad».

Menos transformadas sonaron la oscura y sobradísima de groove ‘Helduleku Guztiak’, encajada aquí como un guante, y una ‘Lemak, Aingurak’ que invitó al desmadre pop antes del cierre definitivo. Tras un viaje, o incluso una liturgia, como dijo el propia Gorka, repleto de picos y valles de intensidad, medida al milímetro pero ejecutada con naturalidad, se despidieron con ‘Besterik Ez’, tema que cierra también «Hasiera Bat» y que nos puso a todos la puntilla emocional con sus más de cinco minutos de desbordante belleza instrumental. Fue una noche tan especial que algunos no pudimos resistirnos a repetirla al día siguiente, con idéntico resultado y la sensación de que estamos ante una propuesta musical única. Eskerrik asko, Gorka.

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