B.B. King: La leyenda del blues

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A estas alturas y justo cuando se cumple una semana de la extinción de la estrella más brillante del blues, muchos de vosotros conoceréis ya algunos de los detalles que marcaron la vida y la carrera musical de esta supernova llamada B.B. King, sobre todo aquellos más morbosos y no por ello menos necesarios para comprender su música. Y es que la de B.B. King parece una de esas biografías escritas por un experimentado guionista de Holywood: nacido en una plantación de algodón en Mississippi, criado junto a su abuela desde temprana edad, huérfano a los nueve años, y progenitor de al menos 15 hijos de diferentes madres, Riley B. King llegaba al mundo en 1925, en plena ebullición de lo que pocos años más tarde eclosionaría dando lugar a la Gran Depresión. Un contexto en el que para acabar de añadir dramatismo, cabe destacar que estamos hablando del sur de Estados Unidos, un lugar con una fortísima represión racial que continuó durante gran parte del siglo XX. Los detalles de su vida, más propios de las mitologías populares que de lo mundano, y tal vez en algunos casos a medio camino entre la realidad y la ficción de las fábulas que corren de boca en boca, dieron lugar a una personalidad única con una sensibilidad artística nunca vista para la música. Un don y una predisposición natural que hicieron que B.B. King traspasara esa frontera que separa a cualquier ser humano de la eternidad.

Estas líneas, seguramente tan repetidas estos días, tan solo pretenden ser un sentido homenaje a la vez que un acercamiento de su legado a todos aquellos que, bien por su edad o por las modas musicales del momento, nunca repararon en este músico colosal y absolutamente imprescindible para entender la música tal y como hoy la conocemos.

Una gran historia de amor

Los primeros contactos de B.B.King con la música, tal y como manda la tradición de la música negra, le sitúan en el coro de gospel de una iglesia. Un lugar en el que no tardó en sacar a relucir su poderosa voz, tal vez olvidada por algunos en cesión de su maestría con la guitarra, que con el paso de los años acabaría siendo más expresiva incluso que su propia voz, la única intérprete capaz de transcribir en palabras todas sus emociones más íntimas. Pero no nos adelantemos, eso no sería hasta muchos años más tarde, y es que la realidad era que B.B. King disponía de una voz única que nada tenía que envidiar a la de los grandes solistas de la música negra. Cualidad que no pasó desapercibida y que pronto le convirtió pese a su temprana edad en primer corista, permitiéndole formar parte del que sería su primer grupo: The Famous St. John Gospel Singers, con los que siendo apenas un adolescente giró por los pueblos de la zona.

Como a todos los jóvenes de la época, el servicio militar obligatorio llama a su puerta y le conduce a una nueva aventura en la que descubre más a fondo el blues. Una revelación casi profética que le lleva con tan solo 23 años a desplazarse a Memphis a probar fortuna. A estas alturas la Gran Depresión ya queda lejana pero sus efectos aún son más que palpables en la sociedad americana, sobre todo en el ámbito rural donde se produce un gran éxodo hacia las ciudades en busca de nuevas oportunidades. Alojado junto a su primo Bukka White, talentoso músico de la primera hornada del denominado Blues del Delta (del Mississippi), B.B. consigue trabajo en una de las grandes emisoras de radio locales, siendo disc-jokey en la WDIA al tiempo que empieza a tocar por pequeños clubs de la famosa calle Beale Street, donde comienza a gestar su nombre artístico y pasa así de ser conocido como "Beale Street Blues Boy" primero, "Blues Boy" después y finalmente "B.B. King".

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Con su carismática personalidad no tarda en convencer a los directores de WDIA, que le ofrecen llevar el programa más largo de la emisora, algo que acabará siendo fundamental para promocionar su propia música y ser descubierto por la discográfica independiente Bullet Records, afincada en Nashville. Con ellos debuta con dos singles, el primero dedicado a su primera esposa y titulado "Miss Martha King". Dos grabaciones que pese a su claro lugar dentro del mercado independiente, llaman la atención de Modern Records, discográfica de mayor tamaño con quien B.B. King grabará sus primeros éxitos, empezando por la versión de Lowell Fulson de 'Three O´clock Blues', single que en 1952 alcanza el número uno en las listas de rhythm and blues. A este éxito le seguirán otros como 'Woke Up This Morning', 'You Upset Me Baby', 'Every Day I Have the Blues' o su famoso 'Sweet Little Angel', singles que todos ellos llegan al top 10 en las listas de R&B, y que forman parte del que será su primer álbum de estudio "Singin' the Blues" (1956).

Tras estos éxitos comerciales, y comenzando ya la caída de popularidad de las big bands, B.B. King logra contactos en Nueva York y comienza a ser solicitado para actuar al frente de las orquestas más importantes del país dentro del género del rhythm and blues. Un ritmo frenético de conciertos que según cuentan algunas leyendas le llevo a dar hasta 342 conciertos durante las 366 noches del año bisiesto de 1956.

Gracias a estas maratonianas giras, B.B. King empezaba ya a tener cierta fama por todo el territorio nacional. Siempre acompañado de la única mujer a la que siempre fue fiel, su inseparable "Lucille". Una historia de amor que surgió al poco de llegar a Memphis, cuando una pelea entre dos hombres durante una de sus actuaciones acabó provocando un incendio en el local. Habiendo sido evacuados ya casi todos los asistentes, B.B. King se percata de que su guitarra aún continúa dentro, y como el más heroico de los bomberos, se adentra en el edificio en llamas para rescatarla de la quema. Al día siguiente se contabilizan dos muertos en dicho incendio y se esclarecen las causas del mismo: ambos hombres peleaban por una mujer llamada Lucille, episodio que le sirvió a B.B. King para bautizar desde entonces a todas sus guitarras, naciendo así la leyenda de "Lucillle", una de las guitarras más famosas de la historia del rock y a quien B.B. King dedica una de sus canciones más antológicas.

La coronación del rey del blues más allá del color

Tras diez años grabando para los hermanos Bihari, propietarios de Modern Records, en 1961 su carrera dará el salto definitivo al firmar con ABC (Paramount), uno de los grandes sellos discográficos de Estados Unidos. En su primer disco con ellos, B.B. King elabora un álbum en vivo que figurará en toda lista que se precie sobre los mejores directos de la historia. Hablamos de "Live at the Regal", un concierto en el Regal Theatre de Chicago que pasará a la eternidad y en el que se deja ver una gran conexión con una audiencia en su gran mayoría negra. Ese mismo público que le ha llevado en volandas desde que empezase a despuntar en Memphis hasta la la cima del mundo. Un directo que en estos días después de la muerte del maestro, el propio Eric Clapton definía como "donde todo empezó para mí".

Precisamente es este nuevo contrato el que le abre definitivamente las puertas de un nuevo escenario. B.B. King ya no solo es "música negra", es algo universal que escapa de esta etiqueta y llega al público blanco como todo un fenómeno a respetar, más allá de una cultura de música tradicional casi antropológica que poner en los libros de historia.

B.B. King vive su gran ascenso a la fama al tiempo que se convierte en uno de los mejores guitarristas de la historia. Su dominio técnico de la guitarra ha alcanzado ya cotas de sensibilidad nunca antes vistas sobre un escenario, solo ensombrecidas por la furia y el salvajismo incontrolable de un portento de la naturaleza llamado Jimmy Hendrix. Si Hendrix era capaz de follarse literalmente a su guitarra, B.B. King representaba el erotismo puro, él hacía el amor con la guitarra de la manera más elegante posible. Tanto es así que del vientre de Lucille nacieron algunos de los inmortales retoños más bellos que haya dado jamás la historia de la música.

El revival del blues

No obstante y pese a los éxitos de B.B., a finales de los 60 y principios de la década de los 70, el blues y los estilos más clásicos como el jazz dejan paso definitivamente a una nueva oleada de sonidos que avanza con la fuerza de una revolución. El rock and roll. Vivimos en la época de la consolación de grupos como The Beatles o The Rolling Stones, bandas con una nueva generación de fans que constituyen una gran masa social. Son la moda en ese momento pero sin embargo no se olvidan de sus influencias más próximas. Precisamente ahí es donde vuelven a encajar figuras como Muddy Waters, Buddy Guy y por supuesto B.B. King, un artista que nunca dejó de estar presente.

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Se produce entonces un nuevo revival del blues, que pese a que nunca desapareció, fue relegado durante años a un público más adulto y minoritario, y permanecía por el contrario alejado de las nuevas generaciones de jóvenes. Una audiencia que volverá la vista atrás gracias a álbumes como el "B.B. King in London", en el que entre otros participa Ringo Starr (The Beatles), o "Indianola Mississippi Seeds" y "L.A. Midnight", dos discos grabados junto al guitarrista Joe Walsh (The Eagles). También reseñable es sin duda la gira "The Rolling Stones American Tour 1969", en la que los Stones contaron con B.B. King como artista invitado en muchas de sus actuaciones.

En esta línea se atreve incluso a versionar el hit de The Lovin' Spoonful, 'Summer in the City', y a coquetear con sonidos como el soul en su vertiente más moderna, empapado de toques funky como en la versión que hace de 'To Know You Is To Love You', uno de los clásicos de Stevie Wonder. De este affaire con el soul y el funky surge la colosal 'Ghetto Woman', uno de sus mayores éxitos en un tiempo en el que no deja, ni mucho menos, de serle fiel al blues. Tanto es así, que un poco antes, en 1969, firma la que será su canción más recordada: 'The Thrill Is Gone', un tema de blues compuesto por Roy Hawkins que el gran King rescata del olvido, demostrando una vez más su capacidad para hacer suya cualquier canción, sea del estilo que sea.

Esta etapa viene a reforzar la idea de que B.B. King se trata de un artista inquieto, enamorado de la música en todas sus vertientes y que disfruta enriqueciéndose con otros géneros nacidos del blues. Una mentalidad a la que muchos coetáneos suyos llegaron más bien obligados por las mareas de la industria.

La consagración del mito

En las décadas que vendrán, B.B. King ya no tiene nada que demostrar a nadie, es una leyenda viva que se dedica a grabar menos y a actuar más. Con una capacidad abrumadora para llegar a todo tipo de públicos, el bluesman más famoso de la historia se permite homenajear directamente desde su trono de rey del blues al rey del rock, Elvis Presley, con el álbum "Love Me Tender", un disco grabado junto a la última formación de Elvis en el que versiona la archiconocida canción interpretada en su día por el hijo pródigo de Memphis.

En 1988 se da otro baño de masas al grabar junto a U2 el brillante documental "Rattle and Hum", que embalsama como una auténtica reliquia a la banda irlandesa en la cúspide más dorada. Junto a Bono y los suyos interpreta 'When Loves Comes To Town', convirtiendo este en uno de los puntos más álgidos y sobresalientes de todo el documental.

En ese mismo año se celebra el concierto especial "B.B. & Friends", un directo en el que reúne nada menos que a Eric Clapton, Phil Collins, Gladys Night, Albert King y muchos otros. Especial fue sin duda su relación con un Eric Clapton con quien ya en el nuevo siglo grabó "Riding with the King", y participó junto a él en el Crossroad Guitar Festival. Amigos inseparables hasta el final. Maestro y discípulo. Dos de los mejores guitarristas de la historia mano a mano.

B.B. King fue una de esas viejas glorias que jamás llegó a envejecer. Al final la propia vida le retiró de los escenarios, los cuales dejó poco antes de morir, seguramente con la esperanza ciega de volver algún día. Unos escenarios donde el maestro del blues más que interpretar, soñó. Grabadas a fuego en nuestra retina quedarán para siempre esas melodías de puro blues en las que B.B. King se limitaba a cerrar los ojos y a soñar despierto. Como alguien que viaja al universo y vuelve, siempre recordaremos aquel momento en el que abría los ojos y su mirada perdida en el horizonte hacía patente que ya no estaba entre nosotros. Tal vez ahora se encuentre en ese lugar, en ese limbo que tanto le gustaba visitar y desde cual nos miraba de vez en cuando para iluminarnos. Ojalá que así sea...

Sobre el Autor

Luis Arteaga
Luis Arteaga

Todavía te debo una disculpa, no te devolví el cuchillo nunca.

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1 Comment

  1. Manuel. 21/05/2015 at 5:18 pm

    Todos los grandes quisieron contar con él.Una leyenda que nos deja su gran legado.
    El reportaje... buenisimo,como todos los que haceis.

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