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Viagra Boys – «Cave World» (2022)
Dark Light

Viagra Boys – «Cave World» (2022)

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No ha tenido que pasar mucho más de un año para que Viagra Boys le hayan dado continuación a su anterior trabajo discográfico, un ‘Welfare Jazz’ que sin duda fue uno de los grandes discos del pasado ejercicio. Han aprovechado así la inercia para, prácticamente, no dejar de girar y enlazar aquellas canciones con estas otras, ciertamente continuistas. Si algo diferencia este de aquel es tal vez unas letras brutalmente irónicas, por momentos cómicas, y siempre ácidas y críticas con el mundo que nos rodea. Negacionistas, antivacunas, reptilianos, predicadores y psicópatas con acceso a las armas se asoman por este desfile de personajes tan tristemente realistas creados por Sebastian Murphy. El cantante dispara contra todos, empezando por él mismo. Canciones como ‘Punk Rock Loser’ las protagoniza su yo de hace cinco años, ‘un auténtico gilipollas que intentaba ser cool’, y en ‘Ain’t no Thief’ recuerda su speedico pasado a ritmo de kraut y electrónica machacona dispuesta a destruir cualquier pista de baile. 

Pero si por algo parece tener fijación Murphy en este ‘Cave World’ es por un retorno a los orígenes. No del sonido, sino de la humanidad. Todo era más sencillo cuando no éramos más que putos monos, y así nos lo cuenta en una ‘Troglodyte’ melódicamente irresistible y con un sabor descarado a Devo. También en la final ‘Return to Monke’ («leave society, be a monkey» reza su mantra), un cierre contundente, con solo de guitarra incluido y el saxo haciendo travesuras. Otro elemento este que es ya marca de la casa y que les aleja un poco de la marabunta post punk surgida en los últimos años. Aquí se deja ver ya desde el inicio, como un elemento rítmico más en esa ‘Baby Criminal’ de ritmo desenfrenado.

También les diferencia el buen gusto en la utilización de detalles electrónicos, como ocurre en una ‘ADD’ que habla del trastorno de déficit de atención que sufre el propio Murphy. Un desequilibrio que nunca pensaríamos que podríamos corear en un estribillo. O en esa ‘Creepy Crawlers’ de ritmo motorik y nubes de sintetizadores sobre la que Murphy predica desencadenado. Y aunque el hipertatuado cantante no es un adalid de la versatilidad, sí que se destapa aquí como un gran vocalista. En ‘The Cognitive’ parece que estamos ante el mismísimo Iggy Pop e incluso en su estribillo se lanza a por el falsete. Y hablando de atrevimientos, en ‘Big Boy’ se embarcan en una perversión del blues primitivo (ya hicieron algo parecido en su anterior disco con el country) y lo hacen con un sabor ciertamente british, a pesar de ser suecos. Sin duda es este uno de los grandes temas del disco, con un final desmadrado que nos recuerda al Beck de ‘Odelay’, o a los mismísimos Happy Mondays, y que cuenta con la verborrea del cantante de Sleaford Mods, Jason Williamson, en una colaboración que podríamos calificar incluso de necesaria. 

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