Tinariwen @ Sala But (Madrid) 16-04-2026
Desde la tierra de la arena infinita, Tinariwen han logrado sacudirse el polvo para hacer visible lo invisible, convirtiéndose en mensajeros de la tradición oral de los pueblos nómadas del norte de África. Cantando sus historias, también dan voz a la resistencia de formas de vida en permanente peligro de extinción. Pero más allá del indudable valor etnográfico que supone su mera existencia, es realmente significativo que una banda nómada haya logrado tener el impacto suficiente como para agotar salas de más de mil personas por toda Europa.
Con más de cuatro décadas de supervivencia musical a sus espaldas, llegaban a la Sala But de Madrid con todo vendido y una energía contagiosa en el aire. Ataviados con sus túnicas tuareg, con un punto que parece mezclar costumbre y futurismo, una formación compuesta por hasta siete músicos saltaba a escena para cambiarnos el paisaje. Ambientaciones musicales que nos transportaban a la letanía del desierto, allí donde parece detenerse el tiempo, con el vaivén pausado de la tribal ‘Alkhar Dessouf’.

Aún con el naranja en el cielo, como si de un maestro de la tribu se tratase, Ibrahim Ag Alhabib comandaba la expedición, dejándonos ver al completo las facciones de una cara curtida por el sol y las travesías eternas. Con una de esas miradas entrenadas en mirar al horizonte, como si hubiese visto lo que se esconde más allá de las grandes dunas. Cosas que el resto de los mortales jamás veremos.
Con esa mística, el azul de la noche se cernía sobre el escenario y el hechicero desparecía entre las sombras. Ahí entraba en juego el carácter coral del colectivo, alternando las voces para seguir calentando a un público en permanente estado de júbilo. Multitud de bailes, aplausos al compás y gritos de entusiasmo llenaban la pista, evidenciando la importancia de esta banda dentro de la audiencia árabe local. Pero también del poder universal de esos ritmos en bucle, en los que una vez que entras ya no puedes salir.

El trance del desierto se extendía por cada una de sus canciones, con el seductor blues árido de temas como ‘Nak Tenere’, creciendo en intensidad mientras se apilaban guitarras y armonías, ya con Ag Alhabib de vuelta a la palestra. Con una discografía inabarcable que se extiende mucho más allá del folclore tradicional, los riffs, percusiones y coros volvían a sonar inmensos en la, para mí impronunciable, ‘Sastanàqqàm’.
Como si hubiese sido el sueño de una noche de verano, Tinariwen se marchaban de Madrid dejando la sensación de haber asistido a una experiencia diferente. Una de esas donde se desdibujan las fronteras no solo musicales, sino también las de lo onírico y lo consciente.






