The Secret Society + Wild Animals @ Sala El Sol (Madrid) 26-06-2019

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En ocasiones no es necesario llenar grandes recintos para trascender haciendo música. Tampoco salir en los medios, sonar en las radios generalistas, enarbolar la bandera de eso que llaman (y llamamos) indie ni pretender dar la imagen de ser una banda de éxito. A veces basta con transmitir un mensaje sincero, rodearlo de una música cuidada y una puesta en escena sobria. A veces, después de escuchar miles de grupos e ir a decenas de conciertos fugaces y olvidables te encuentras a bandas como The Secret Society. Seguramente quienes estábamos el pasado miércoles en la sala El Sol de Madrid llegamos a sus canciones en diferentes momentos y en diferentes circunstancias pero muy probablemente a todos nos acompañaron de una manera íntima y profunda en algún punto de nuestras vidas. Poner eso en común tan solo con nuestros cuerpos reaccionando ante ellas es bonito e intenso. Así es también la música de The Secret Society, bonita e intensa, tanto como los mensajes que desde el escenario transmite Pepo Márquez, voz al frente del proyecto y que parece ahora mejor arropado que nunca por unos músicos que miran en una misma dirección. Entre todos nos hacen sentir partícipes, como si fuéramos nosotros también miembros de esa sociedad secreta. Y así, amigos, es cómo se consigue que tu música sea trascendente. 

Cualquier cosa más que añada a esta crónica es casi innecesario y de cara a la galería pero no me puedo resistir a hablaros del magistral control de la intensidad de un grupo que no se prodiga en los escenarios pero que parece vivir sobre ellos. De la potencia de esa tímida uve de victoria que lanzaba alguien desde el público en ‘Aquellos que lo Quieren Todo no Merecen Nada’. Del deliciosamente arrítmico final de ‘Hacemos Ruidos Raros al Rompernos’ invocando al espíritu de Fugazi. De la bofetada punk de ‘El Amor es una Puerta que Solo Se Abre Desde Dentro’. De los constantes vaivenes sonoros y emocionales de una ‘Si Pudiste con Tanto Dolor, Podrás con Esto’ extraña, misteriosa y jodidamente aplastante. Del escapismo emocional de ‘Las Pistas Falsas Conducen al Desamor’. De ‘Ya Solo Quedan las Marcas’ y las propias marcas que nos dejó el estribillo más bonito de la noche. O del cortante silencio que permitió a Pepo despojarse del micro para cantar a plena voz ‘En la Sala del Guernica’. También de unos Wild Animals que les pusieron las cosas difíciles abriendo la noche con un sonido atronador y dejando claro que el hardcore melódico no tiene edad ni lugar de procedencia. Por todo ello, gracias.

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