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The Parrots + Yakuzas + Mahalo @ Sala Taboo (Madrid) 28/02/2015

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El siempre bullicioso Barrio de Malasaña se preparaba desde bien entrada la tarde, como cualquier otro fin de semana, para dar cobijo a un abanico casi infinito de conciertos. Una oferta cultural inagotable que en esta ocasión nos llevaba hasta la Sala Taboo, a la fiesta preparada por el Proyecto Waikiki. O lo que es lo mismo, un concierto con altas dosis de garage rock con The Parrots, Yakuzas y Mahalo, grupo encargado de abrir la noche. El «coctel de gambas de esta noche», tal y como lo definió el propio vocalista de Mahalo en medio de su concierto. Un directo que impresionó por la cantidad de gente movilizada por la banda y por su actitud sobre el escenario. Pese a su juventud fueron la sorpresa de la noche y dejaron pinceladas de un estilo muy semejante al de The Parrots, sin duda un referente dentro del género a nivel nacional.

Una noche en la que también hubo espacio para las letras en castellano. Turno ya para los Yakuzas, que trajeron consigo un sonido más duro y más alejado del garage, aunque con el mismo espíritu callejero. Otra banda que tocaba en casa y cuya base rítmica sobrellevaba con maestría el batería, quien pese a quedarse algo agazapado en las sombras de la sala, sin duda alguna era quien soportaba el peso de toda la banda, y por tanto el que que más sobresalía pese a la presencia de su peculiar frontman.

Poco a poco se acercaba el momento más esperado de la noche, y en mitad de la fauna madrileña, que cambiaba de tercio con cada grupo, aparecían en escena unos The Parrots que entraron tan fuertes como accidentados. Una serie de infortunios, problemas de sonido y cambio de guitarra incluido, provocaron la desesperación de un público que no obstante acabó, como ya es habitual en sus conciertos, inmerso en un inmenso pogo a lo largo de toda la pista. Una marabunta humana sobre la que literalmente llovían personas. Y es que el propio público se subía al escenario y se lanzaba sobre el resto. Una auténtica jauría humana en la que el olor a sudor se hizo patente rápidamente, al tiempo que se propagaba por la sala un sentimiento de éxtasis que nos dejó a todos exhaustos.

Fotografías: Luis Arteaga

Proyecto Waikiki

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