Teenage Fanclub @ Sala La Riviera (Madrid) 23-02-2017

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A pesar de la llovizna que caía en Madrid, en el interior de la Sala La Riviera con todo vendido desde hacía semanas, se producía un primer acercamiento a la primavera más contagiosa gracias a las cálidas melodías de Teenage Fanclub. Un microcosmos particular en el que zumbaban como abejas sedientas de la miel de nostalgia un público sorprendentemente heterogéneo. A día de hoy, con la irrupción de los macrofestivales y la difusión masiva de la música por Internet, cuesta encontrarse una sala con cerca de 2.000 personas que prácticamente en su totalidad vivieron de primera mano su juventud durante los dorados años 90. Poco parece haber importado que Teenage Fanclub publicase el pasado año, y tras seis años sin hacerlo, un nuevo disco como "Here", en el que de nuevo condensaban sus mejores esencias. Con algunas primaveras más encima pero la misma vitalidad intacta, el concierto se convertía en un ejercicio de melancolía para toda esa generación que quedaría embalsamada para siempre en la pegajosa resina pop de los escoceses.

Con un ambiente tan especial y tras esperar a que se agrupase la colmena, Teenage Fanclub empezaban por donde lo habían dejado con 'Start Again', polinizando toda la sala con un mensaje claro: "we've got time to start again". Una conexión sentimental que desataba el fervor mucho más allá de las primeras filas con la maravillosa 'I Don't Want Control of You' y poco después con 'It's All in My Mind', coreada por todos los presentes. Sin bajar el ritmo, llegaba el momento de dar repaso a ese "Grand Prix" de 1995 con el que sin duda salieron definitivamente campeones de una carrera que no terminaría jamás. De sus magistrales trazados recuperaban el poderío melódico de 'Don't Look Back' y la celeridad guitarrera de 'About You', dos pisotones al acelerador de la nostalgia con los que asegurarse el triunfo en otro concierto.

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Y encarando ya las curvas con las que entrábamos de lleno en el ecuador del concierto, nos golpeaba en la cara un torrente de emociones con tres temas del que posiblemente sea su mejor álbum de todos los tiempos. Así sonaban cristalinos los estribillos de 'Take the Long Way Round', la ensoñadora 'Your Love Is the Place Where I Come From', cantada por todos en íntima comunión desde el corazón y destinada a erizar cada pelo de la piel, y por último la voracidad imparable de ese pildorazo de alegría juvenil que es 'Ain't That Enough'. Entre estas tres obras maestras de la música pop de los 90 se colaba la sensacional 'The Darknest Part of the Night', una de las nuevas canciones que con su amarga belleza se convierte en un himno más que añadir al inmenso crisol de sonidos de Teenage Fanclub. Una colección en la que está en un puesto de privilegio 'Sparky's Dream', con la que inducían al éxtasis primaveral a toda una pista que secundaba cada una de sus sílabas saltando puño en alto. Mantener un nivel así en un directo y, todo ello sin haber llegado ni tan siquiera a los bises, solo lo puede conseguir un grupo con un repertorio tan nutritivo como el que han dejado, y siguen dejando tras de sí, las tres décadas que llevan Teenage Fanclub haciéndonos soñar con su música.

Para retirarse a camerinos se daban el gustazo instrumental de desarrollar a placer los paisajes sonoros de 'The Concept', con los que dejaban el escenario para volver al poco tiempo a terminar de maravillarnos. Nuevamente con otro arreón de power pop. Sustentado por una base rítmica espectacular, nos regalaban su 'Star Sign', a la que daban continuidad con una versión de Grant McLennan, el que fuese la mitad fundadora de The Go-Betweens, influencia directa de los escoceses y encargados de abrir la brecha de la que sería una de las mejores épocas del género. Titulada 'Easy Come Easy Go', como no podía ser de otro modo, se encargaron de impregnarla con su mágico polen para llevársela a su territorio sonoro. Una sutileza arrasada por la densidad de 'Everything Flows', con la que se despedían de Madrid. Y como las mejores cosas de la vida, Teenage Fanclub no necesitaron de grandes artificios. Bastaba con mirar la sonrisa imborrable en las caras de la gente para darse cuenta de que una vez más lo habían conseguido.

Sobre el Autor

Luis Arteaga
Luis Arteaga

Todavía te debo una disculpa, no te devolví el cuchillo nunca.

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