Sandra Monfort - "Niño Reptil Ángel" (2021)

sandra monfort critica disco niño reptil angelEs difícil no sentirse apabullado ante la belleza de ‘Solar’, el primer adelanto de “Niño Reptil Ángel”, nuevo disco de Sandra Monfort. La sutileza del efecto vocal, el acorde de guitarra en bucle sobre el que se sostiene la canción y la llegada, al final del primer minuto, de unos graves que te golpean el pecho haciéndose los despistados ponían el nivel muy alto de cara a este primer disco que la artista valenciana publica bajo su propio nombre. Lo hace después de colaborar con infinidad de grupos de la escena y, sobre todo, formar parte en los últimos años de Marala junto a Clara Fiol y Selma Bruna. En la línea de sus canciones junto a ellas va también este proyecto en solitario, que se suma a toda esta corriente de reivindicación de lo popular adaptándolo a entornos actuales y que tantas alegrías nos está dando. Monfort lo hace, además, de la manera más natural posible, sin que nada en su sonido parezca muy premeditado y para nada impostado y viajando desde su Valencia natal hasta lugares como Galicia, de donde también se incluyen aquí percusiones tradicionales. En esta nueva aventura se rodea de músicos como Crnds o Cibrán Seixo, quienes se reparten además las tareas de producción y mezcla mientras bañan la voz de Sandra de sonidos tradicionales con algún sutil apunte electrónico y, sobre todo, una instrumentación orgánica a base de capas que van encajando con pasmosa facilidad.

A pesar de que ‘Solar’, el ya mencionado adelanto, funcionaba a la perfección como single, es dentro de esta media hora de música completa donde adquiere todo su sentido. Desde la invocación inicial de ‘Intro’ hasta la final ‘Niño Reptil Ángel’ todo funciona como un ciclo, probablemente el de la vida, con sus complicadas tomas de decisiones, lo doloroso de las pérdidas y su inevitable aceptación. Entre sus canciones nos encontramos con unas percusiones y vientos medievales que nunca sonaron tan actuales como lo hacen en ‘Ramo Verde’, en la que la colaboración de Selma Bruna eleva la gama cromática de voces hasta alcanzar un nivel de intensidad cercano a la épica. ‘Pajarillo Verde’ hiela la sangre con la voz de Monfort y la progresiva entrada de una instrumentación con la que se funde emulando sonidos de la propia naturaleza. ‘La Llebre’ hace de la repetición virtud hasta alcanzar la catarsis sonora final y ‘Nana del Aceitunero’ te obliga a mantener la respiración durante esos dos minutos a los que pone fin con un suspiro que suena a estertor. Desde luego, tomar aire antes de darle al play es la mejor manera de enfrentarse a este disco.

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