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Nudozurdo – «Clarividencia» (2024)
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Nudozurdo – «Clarividencia» (2024)

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reseña nudozurdo clarividencia

Cuando en octubre de 2018 Nudozurdo anunciaban su gira de despedida sentíamos un vacío importante en nuestro interior. Teníamos claro que echaríamos de menos a un grupo tan único como el que en aquel momento formaban Leo Mateos, Meta y Ricky Lavado. Por suerte, finalmente el drama no ha sido tal. O al menos no ha durado demasiado. No más de tres años tardó Mateos en publicar un nuevo disco con su nombre y apellido que mantenía vivo el legado del grupo pero que pasó un tanto desapercibido. Fue para presentar aquel “Demasiado Bellos Para Ser Esclavos” para el que configuró una nueva banda a su alrededor, con miembros de La Débil, Disciplina Atlántico o los primeros Nudozurdo en sus filas y con quienes ahora recupera el nombre del grupo, ficha por el omnipresente Sonido Muchacho y publica este “Clarividencia”.

Como si el tiempo no hubiera pasado, Nudozurdo vuelven a estar en el lugar a estar, aunque tal vez recuperen aquí el sonido de obras como “Tara Motor Hembra” más que retomar el de “Voyeur Amateur”, última obra antes del parón. Dejar el formato trío atrás y recuperar las dos guitarras hace que las composiciones den pie a algunos desarrollos instrumentales más extensos y que estos puedan reflejarse después sobre el escenario. Así, se acercan incluso al post rock en canciones como ‘La Isla del Diablo’, uno de esos temas en los que mantienen la belleza latente como solo ellos saben hacerlo, o ‘Bisontes Albinos’, con su expansivo crescendo y explosivo final.

También consiguen que siempre estén pasando cosas en segunda línea, con brillantes e hipnóticos arreglos como los de ‘Lo Que Ocultan las Arizónicas’ o una casi celestial ‘Carta a Nina’. Mucho más agresivos suena en la inquietante ‘Elvira / Santuario Combate’, con los graves al frente y un buen muro de distorsión vistiendo ese estribillo que se te clava como una aguja, o en la inicial ‘Soledad / Clarividencia’. Y por si fuera poco, igual de efectivos y emotivos se muestran cuando desnudan de electricidad una canción como ‘Cripto Mundi’, con los teclados, unos arreglos de cuerda y la sedosa y susurrante voz de Mateos cerrando un disco luminoso y profundamente bonito.

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