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Cosmen – «Cosmen» (2021)
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Cosmen – «Cosmen» (2021)

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Con una enorme mascarilla de la felicidad forzada puesta en la cara. Así es como nos hemos sentido muchos durante esta etapa, en la que visibilizar las emociones y conectar con los demás ha sido tal vez más difícil que nunca. Tras enmascararse en su anterior proyecto, Cosmen Adelaida, es ahora cuando Javi Cosmen se quita la careta definitivamente con este debut en solitario de título homónimo. Un disco variado en lo musical y también en lo sentimental, recorrido a través de unas letras cuidadas que destilan su faceta más personal hasta la fecha.

En la añoranza de tiempos pasados y la extrañeza de los presentes, la colección se abre por todo lo alto con los sintetizadores ochenteros de ‘Sintagma’. Chute de synth pop que en lo sonoro sigue una deriva a medio camino entre los ritmos más bailables de El Último Vecino o las oscuras texturas de Nudozurdo (¡Cómo se les echa de menos!). Bajo estas coordenadas, Cosmen trata de descifrar sin éxito ese código sintáctico inexplicable del amor. Problemas idiomáticos que se extienden a los castillos en el aire de ‘Flop, Flop, Flop’, de melodía juguetona pero amarga a la vez. En esta línea sigue ‘Fontana’, temazo con una producción impecable en la se van apilando sintetizadores y voces en capas que parecen perderse en los recuerdos. Banda sonora para pasear en los días lluviosos por la gran ciudad. Aunque si de recorrer la urbe se trata, nada mejor que hacerlo junto con La Estrella de David en ‘¿Dónde Estás Carmen Sandiego?’, donde el sol vuelve a brillar en esta aventura con sabor mediterráneo. Un poso estival que queda adherido como el salitre a la piel en ‘La Canción Perfecta’, ritmazo para cantar en cualquier festival con los últimos rayos de sol de esos indian summers de septiembre, cuando el verano y sus delirios tornan a su fin.

En ambientes más graves, el post punk clásico gana la partida en la salvaje sinceridad de ‘Teatro’ y se vuelve críptico en ‘El Baúl del Monje’, una canción próxima a la lírica de mis queridísimos Max Secreta. Con esas letras que siempre buscan el recoveco, nos deja otra puñalada en ‘Siempre’. Letanía que se culmina con un estribillo demoledor; «Quien enciende un fuego solo para ver como se apaga». Más retorcida aún si cabe es ‘Superlike’, resumen perfecto de todo lo comentado al principio: el afán de aparentar felicidad forzosa e impostada de cara al espejo público. Todo ello con Javi Cosmen guiñando un ojo a Beach House y experimentando con los sonidos más atmosféricos. Un camino a la perdición o la redención que encuentra su cálido refugio en la noche. Allí se cita con Marina Gómez en ‘Probando’, una maravilla del acid house, etérea y lisérgica al más puro estilo Underworld. O apelando a lo tribal, el trance de ‘Vibraciones’ que da paso a la ruidista ‘Noche Americana’, con la que llegamos por fin a los bajos fondos. ¿Será este el punto desde el que tocaremos suelo y volveremos a resurgir? ¿Nos quedaremos con gusto masoquista en los infiernos? Yo no lo sé, pero todo es más fácil con discos así.

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