Berri Txarrak @ WiZink Center (Madrid) 09-11-2019

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La pasión es lo mínimo exigible”, nos decía Gorka desde el escenario del WiZink Center de Madrid el pasado sábado. El antiguo Palacio de los Deportes tuvo que abrir sus gradas para dar cabida a toda la gente que quería despedirse de unos Berri Txarrak que parecen haberse propuesto derrochar pasión hasta el último suspiro. Sus dos horas y media de concierto fueron un torrente de emociones encontradas y quién sabe si la última vez que cantamos el estribillo en inglés de ‘Denaz ez du Balio’, que escupimos rabia política con ‘Stereo’, que bailamos al son de ‘Oreka’ y su interludio en forma de versión con la que siempre buscan descolocar (esta vez fue ‘Toro’, de El Columpio Asesino, la elegida) o que reclamamos la violencia sonora de ‘Oihu’ para despedirnos. 

Nunca fue fácil para los de Lekunberri en esta capital que parece estar hoy muy lejos de ser la tumba del fascismo que debería ser. Azotados por la censura y tras llegar a actuar bajo pseudónimo en la añoradísima Ritmo y Compás, la banda y su público no dejamos de insistir, llenando cada vez recintos de mayor aforo, traspasando cualquier tipo de absurda barrera idiomática y llegando a alcanzar una posición, probablemente marcada por su lleno en La Riviera, contra el que ya no hay censura que pueda. Berri Txarrak no sólo se despiden siendo la banda de rock más grande que ha dado Euskal Herria sino también una de las más importantes de la historia de nuestra música, y eso no se consigue solo con una calidad incontestable sino también con muchísimo trabajo y esa actitud constante de lanzarse al barro y sortear obstáculos. Eso son Berri Txarrak desde el primer día y por eso nos ha resultado tan fácil a tanta gente conectar con ellos, con sus letras, con sus canciones, con sus melodías y con su actitud vital. También por eso nos da tanta pena que se marchen. 

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Dejando de lado lamentaciones, solo nos quedaba celebrar con ellos, y con unos invitados de lujo cómo fueron Pasajero, este adiós. Un escenografía austera, con tan solo una gran pantalla tras ellos, y unas luces efectistas nos invitaban a centrarnos en la música. A través de más de treinta canciones Gorka, David y Galder, repasaron su discografía con paradas en todos sus discos a excepción de aquel primerizo y algo ingenuo debut homónimo. Metal (‘Betiko Leloaren Betiko Leloa’, ‘Zirkua’), stoner (‘Jainko Ateoa’), hardcore (‘FAQ’, ‘Zerbait Asmataku Dugu’), rock (‘Zaldi Zauritua’), pop (‘Lemak, Aingurak’), fraseos cercanos al rap (‘Biziraun’) y momentos desbordantes de emotividad (‘Maravillas’ cantada por Gorka en solitario, una ‘Sols el Poble Salva al Poble’ tan necesaria en estos días o ese culmen de la filosofía del grupo que es ‘Poligrafo Bakarra’ y que, a día de hoy, soy todavía incapaz de volver a escuchar fueron para mí los puntos álgidos) se fueron entrelazando como si todos ellos formaran parte de un mismo disco y momento. Su inquebrantable personalidad hace que su directo siempre haya sido así y que cualquier escenario se les haya quedado pequeño hasta el último día.

Sin duda hay un antes y después de la marcha de Berri Txarrak porque siempre han sido para muchos de nosotros un refugio musical, una apuesta segura y algo a lo que agarrarnos en tiempos difíciles. No dejaremos de mirar de reojo esperando su regreso. Aquí estaremos siempre.

Texto: Iván Díaz
Fotografías: Luis Arteaga

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