[Actualidad] Fuego en Castilla - "Fuego en Castilla" (2020)

fuego-castilla-musica-independienteLa publicación del material de Fuego en Castilla en la plataforma Bandcamp supone un felicísimo acontecimiento para los aficionados al rock en su vertiente menos acomodaticia y ligera. David Fernández (actualmente en Gabinete Sucedáneo) sigue afanándose en la tarea de conferir a la música la densidad emocional y el calado humano que parecen irremisiblemente perdidos en un panorama que, como el actual, entroniza el “ejercicio de estilo” y el muzak ideológico. Nada que pueda sorprender a quienes hemos seguido su periplo anterior con Los Serpientes (del cual rescata ahora varios temas, brillantemente reconstruidos) o su notable proyecto de homenaje a la poesía de los Panero.

Si la actual servidumbre a los excesos formalistas se viese compensada por el rigor en la expresión lírica, muchos nos ahorraríamos este tipo de juicios sumarios sobre la escena actual -especialmente la nacional-; pero es indudable que la situación es la contraria: nunca se hizo notar tanto la pobreza de contenidos, ni se llevó tan a gala la frivolidad en el discurso, asimilada a la insidiosa actitud cool y al nihilismo autoconsciente. En tal contexto, las canciones de Fuego en Castilla emergen como una singular anomalía a todos los niveles, invocando los espíritus de la psicodelia visionaria, la poesía lorquiana y la mística telúrica de Val del Omar. Su tormentosa homilía sobre lo divino y lo humano -pasiones terrenales y excelsas conturbaciones espirituales- se realza mediante recios trazos melódicos y ásperos arrebatos de ruido blanco, adoptando la forma de un herético devocionario moderno (capaz de dar cuenta tanto de nuestras inicuas inclinaciones como de la abrasadora sed de trascendencia). En resumen, un vibrante lienzo sonoro, permeado de esencias mesetarias y andaluzas, que plasma los claroscuros anímicos y el sentimiento religioso popular (ahora relegado a los sótanos de la subcultura) envueltos en adustas ráfagas de electricidad shoegazer.

'Derribando Edificios Nuevos' o 'Nos Falta Fe' representan los vértices más atmosféricos y sosegados de este singular diamante en bruto. Dinámica y resoluta la primera, más ingrávida y meditativa la segunda, ambas son un prodigio de intensidad contenida y poder de sugestión. 'Vértigo', a su vez, podría verse como la otra cara de esa moneda: va creciendo con la misma hipnótica cadencia, pero exhibe un crepitante muro de distorsión que la convierte en un pequeño maelström ascendente.

Es precisamente la facultad elevadora de esa sobresaturación lo que permite las comparaciones con la escuela shoegazer británica, cuyas guitarras dotaban de corporeidad ambiental a los temas en virtud de sus texturas rugosas y su mesmérico reverb. Ahora bien, algunos temas destacan por el peculiar empleo de tales recursos expresivos, especialmente aquellos que dosifican las descargas de feedback, revelando intrigantes juegos dialécticos entre la tensión dramática y esas fugas eléctricas que devienen catárticas. Hablamos de una suerte de sinergia alquímica entre el sonido y el mensaje; el lamento atávico y el arrobamiento místico; el amor profano y la apelación a lo absoluto. 'Heridos' y 'San Lorenzo' condensan todos estos aspectos de forma natural, a través de una espiritualidad impetuosa y asilvestrada. Los sones aflamencados de la primera se diluyen abruptamente en un borboteo eléctrico, a la manera de un quejío interior de resonancias cósmicas, solemne y grave, en consonancia con su reivindicación de una pasión y sabiduría ancestrales. 'San Lorenzo', más dramática, hace hincapié por su parte en conflictos de índole sentimental, sirviéndose de ásperas disonancias y una contundente base rítmica en su explicitación del vía crucis interior, cristalizando en un Acta Martyrum espiritual.

'Mis Pequeños Infartos' sería otro ejemplo de este modus operandi, llevando acaso hasta el paroxismo el efecto purgativo de la distorsión, irradiada como una convulsión sísmica tras un primer desarrollo -falsamente apacible- con reverberaciones cercanas al dub. El perspicaz análisis del claroscuro moral que ennegrece nuestra alma también se efectúa en 'Devoción', musicalmente más briosa, y adquirirá tintes casi metafísicos en la espléndida 'Nos Falta Fe'. Es en este tema donde la obra de Fuego en Castilla alcanza momentos de desgarradora introspección, escrutando un sentimiento de abandono universal con intensidad poco común, reforzado por la austeridad formal, el tono pesaroso y la gelidez ambiental.
La dimensión más espiritual también cristalizaría en 'Surfin Jesus', de guitarras sucias y melodía diáfana, latigazo que entronca con la escuela del rock más consistente en castellano (de 091 a Surfin' Bichos), esa que siempre ha huido de la pirotecnia, conjurando su aliento salvaje con sentido y sensibilidad; deuda moral que es saldada con creces en el estribillo de 'Vértigo', con cita incorporada de José Ignacio Lapido y una inflexión melódica en caída libre. Todo el disco muestra, además, una unidad férrea entre el expansivo sonido y su trémula expresión lírica, siguiendo la senda marcada por libros de estilo tan ilustres.

En este sentido, puede parecer que un tema como 'Cuando', con base electrónica y cetrinos aires synth-pop, supondría una cierta ruptura en su unidad estilística. En realidad, se trata de una aproximación a la coldwave coherente en forma y fondo con un conjunto más ecléctico de lo que parece; y es que hemos de agradecerle a David Fernandez que su genio compositivo no se reduzca al cultivo de una visión monolítica del rock; o que le lleve a centrarse exclusivamente en los aspectos más sombríos de la condición humana. Esto queda atestiguado por dos canciones exultantes, imbuidas ambas de una euforia melancólica capaz de reconfortar el alma. Una de ellas es 'La Rabia', una suerte de versión libre de 'Se Acabó la Rabia', del semidesconocido grupo de indie pop Mañana, que representa tanto un homenaje al original cuanto un acto de generosidad artística, tan enjundiosos son sus aportes a nivel musical y lírico. Y luego estaría 'Mal de Aurora', refulgente pieza pop que, con sus hechuras clásicas (estrofa-estribillo –estrofa), ese vigor melódico que ya es marca de la casa y un texto adorable, consigue transmitir la más prístina de las emociones. Gracias, pues.

Texto: Eduardo Ramos

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