[Actualidad] Egon Soda - "Dadnos Precipicios" (2015)

critica disco egon soda dadnos precipiciosEl comienzo de “Dadnos Precipicios”, tercer disco de Egon Soda, es simplemente perfecto. Un teclado acompaña la imponente y rugosa voz del gran Ricky Falkner, poco a poco arreglos de guitarra empiezan a unirse a ellos, así como el cálido sonido del bajo y una batería casi acariciada, y aumentando paulatinamente de intensidad la canción termina de explotar a la vez que esa frase, tan simple y tan compleja a la vez, nos noquea con fuerza; “la vida no puede ser esto, la vida no puede ser esto, la vida no puede no ser esto”. A partir de ahí y a lo largo de todo el disco el sonido de Egon Soda transita libremente y con soltura por el blues, el jazz, la americana y el rock de raíces, en definitiva por todos esas coordenadas musicales que han dado lugar, en mayor o menor medida, a todo estilo y canción que se precie a lo largo de la historia.

Y si bien es cierto que “Dadnos Precipicios” no inventa nada nuevo tampoco nos rodea al escucharlo esa sensación de deja vu tan peligrosa hoy en día y con todo ya inventado. Creo que si no lo hace es gracias a la tremenda personalidad de estos seis sobresalientes músicos, que dotan a sus canciones de un sentimiento especial. Hablar de las cualidades de Ricky Falkner a día de hoy está de más pero es imposible no remarcar como su bajo roza aquí la perfección tanto en el sonido como en el silencio (no es casualidad que últimamente haya sido reclamado por músicos como Quique Gonzalez, Iván Ferreiro o José Ignacio Lapido) y como poco a poco se ha ido convirtiendo en una de las voces más personales del rock actual dando vida a las palabras que escribe Ferrán Pontón, guitarrista de la banda y a quien también habría que situar en el top de letrista. Y no puedo olvidarme de Ricky Lavado quien, como ya comenté al hablar del disco de Mi Capitán, llena de sonido las canciones de manera discreta pero siempre efectiva desde las percusiones. De nuevo mucho con muy poco.

“Dadnos Precipicios” es un disco redondo de principio a fin y así debe ser su escucha, pero además de ese comienzo hay otros dos momentos en el álbum que no puedo dejar de destacar y que me han dado razones para no abandonar aún a día de hoy (ya sabéis, con Internet “todo va muy rápido” y esas cosas) la escucha compulsiva de un disco del que sigo descubriendo cosas. El primero de ellos se titula ‘Escápula’ y su sutil delicadeza la convierte en la canción de amor melancólico más preciosa del año. Un tema en el que encuentran la excelencia en la belleza de frases como “podría mirar toda mi vida tu escápula respirar”. El segundo llega poco después y lleva por nombre ‘Roble Inverso’. De nuevo el termino belleza musical me ronda la cabeza en una canción en la que cuentan con la colaboración de Enric Montefusco, de los recientemente desaparecidos Standstill. Otra vez el tema va creciendo poco a poco con la voz de Falkner, otra vez el texto de Ferrán es maravilloso (“soy roble inverso ermitaño, me abono en el desinterés”) y de pronto la aparición de Montefusco, tan delicado e imponente como siempre, aumenta varios de niveles la intensidad del tema. Lo hace especialmente cuando su voz se une a la de Falkner y se nos eriza el vello de emoción y un poco también de rabia, al pensar que no sabemos cuándo volveremos a escucharlas juntas. Por si esto fuera poco, tras el subidón la canción da un giro brusco para terminar con una parte instrumental con sabor a jam, en la que se acercan al jazz en su versión más libre y mestiza, con los vientos danzando sobre una alfombra de percusiones. Suerte que después llega la muy rockera ‘Reunión de Pastores, Ovejas Muertas’ y consigue sacarnos de la ensoñación más profunda en la que nos veíamos sumidos.

Así es "Dadnos Precipicios", un disco de contrastes, belleza, intensidad, delicadeza y, sobre todo, con mucha clase.

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