Maruja @ Sala Wagon (Madrid) 29-05-2026
A veces las cosas no salen a la primera. Ni siquiera a la segunda. Otras veces no salen nunca, por mucha ilusión que se ponga en ellas. Por suerte, en esta ocasión, cumpliendo con el dicho popular, tuvo que ser a la tercera cuando fue la vencida y por fin pude ver en concierto a Maruja, tras dos intentos fallidos en los que la voz de Harry Wilkinson dijo basta.
No es de extrañar viendo la impronta en directo de una banda que, pese a que en estudio pueda parecer más tranquilita, en las distancias cortas se transforma en una bestia. No sería diferente a su paso por Madrid, en una Sala Wagon a la que llevaba más de quince años sin ir, y en la que al cruzar sus puertas me dejé llevar por un instante de hasta melancolía adolescente. Esa etapa en la que, como tantas otras cosas, con un nombre diferente, la sala me brindaba alguna noche memorable.

Con un sonido perfecto y desde una oscuridad total, la Sala Wagon daba la bienvenida a la banda británica, que saltaba a las tablas al 100% de energía. No se puede comenzar más arriba un concierto que con dos cortes como ‘Bloodsport’ o ‘Trenches’. Seguramente mis dos temas favoritos de toda su discografía, que lograban ponerme los pelos de punta con una intensidad en vivo en la que la banda parecía poseída por el demonio de los mejores Rage Against the Machine.
En esas líneas rapeadas en las que un visceral Wilkison se volvía loco, haciendo flexiones en el suelo, descamisándose y escupiéndole las frases a las primeras filas como si fuesen las balas de una ametralladora. Con Joe Carroll y su saxofon volando ya sobre las cabezas de la gente. Con Matt Buonaccorsi en trance, literalmente con los ojos en blanco, mientras aporreaba su bajo. Y con un Jacob Hayes que haría lo propio con la batería, luciendo siempre orgullosa, con una gran bandera palestina al frente. La estampa no puede ser más perfecta y pura. El rock era esto.

Pasando por momentos de gran valor instrumental, donde el jazz y el art-rock tomaban el protagonismo, desde las tinieblas llegaban canciones tan celebradas como ‘Break the Tension’ o esa ‘Thunder’ que en algunos de sus pasajes les aproximaría al emo más sentimental. Qué se puede decir de una canción tan emocionante como ‘Saoirse’, con toda esa épica que crecía con las notas del saxo, celebrada como un himno en la pista. O de la pretérita ‘The Invisible Man’, igualmente magnética.

Sin dar una sola puntada sin hilo, Maruja seguían a lo suyo, haciendo alegatos sobre las tablas a cuestiones tan importantes de nuestro tiempo como la salud mental o las decenas de guerras que asolan el mundo. Posicionándose siempre del lado del débil, y listando desde Irán a Ucrania o Sudán. Pasando por Yemen, Líbano y, cómo no, Palestina. En palabras del propio Wilkison; “esta noche es un testimonio de solidaridad con todos”, iniciando así una especie de minuto de silencio que dejaría otra escena sobrecogedora. Toda la banda en el proscenio, con el puño en alto frente a una sala que respondía igualmente al gesto con esos puños en los que, dentro de cada uno de ellos, había un corazón.
Todo para llegar a un clímax que aún subiría la tensión con ‘Look Down on Us’ para soltar toda la presión poco a poco en la atmosférica ‘Resisting Resistance’. La formación de Manchester se despedía de Madrid visiblemente satisfechos, cumpliendo su deuda emocional y ofreciendo uno de los conciertos más emotivos de lo que llevamos de temporada.






