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Ángel Stanich + Quique González @ Noches de Botánico (Madrid) 04-07-2025
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Ángel Stanich + Quique González @ Noches de Botánico (Madrid) 04-07-2025

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Otro verano más regresaban las Noches del Botánico, convertido por méritos propios en el ciclo de conciertos más reconocible de la temporada estival en Madrid. Año a año superando su ya de por sí notable popularidad, agotando cada edición antes las entradas para muchos de sus conciertos, algunos incluso en el mismo día de abrirse la taquilla. Parte de este éxito se debe a un meticuloso trabajo de programación, que se siente cada edición un paso más refinado. En esos conciertos dobles, que son seña característica de la casa, este cartel nos regalaba veladas como esta, con Ángel Stanich y Quique González sumando públicos afines y ganas por disfrutar de la música de ambos.

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Podría haber sido al revés y nadie se habría sorprendido, pero en esta ocasión era Ángel Stanich el encargado de abrir la veda en el jardín botánico. Lo hacía con una banda reformulada, en la que se suplió la ausencia de Víctor Pescador, quien arengaba esta vez desde el público, como un civil fuera de servicio. En un inicio que se volvería cíclico, y que dejaba patente la horizontalidad y el respeto entre Stanich y González, Quique entraba sin grandes presentaciones a escena, como uno más de la formación, para abordar a dos voces ‘Chevy 57’. Tal y como había entrado, sin hacer ruido, González salía de escena y dejaba todo el protagonismo al imaginativo trovador barbudo.

Con su acidez habitual, Stanich repasaba temas tan indispensables de su reportorio como la melódica ‘Nazario’ o esa ‘Rey Idiota’, en la que tenía a bien incluir el nombre de Santos Cerdán entre su lista de malditos. Siempre político e irónico, en su recital no faltarían clásicos que eran celebrados como himnos; la tropical ‘Hula Hula’, la lisérgica ‘Un día épico’ o las finales e imprescindibles ‘Carbura!’ y ‘Mátame camión’. Un desenlace que llegaba con los ramalazos de esta última, cuando Stanich se internaba entre el respetable para ser alzado en brazos al cielo del jardín. Con él, todos los cierres tienen esa dosis de excitación necesaria para un buen clímax.

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Y si Stanich es uno de los cronistas más sarcásticos del pop español, Quique González es uno de los que mejor han sabido traducir al lenguaje lírico del pop-rock las aventuras de una vida exhalada a pleno pulmón en la gran ciudad. Junto a él, en ese lugar privilegiado, tal vez solo colocaría a Joaquín Sabina y a Pereza, formando entre ellos algo así como la santa trinidad del rock canalla con pedigrí madrileño. Con sus luces y sus sombras, nadie lo ha contado mejor que ellos.

En ese repertorio infinito de noches, victorias y desventuras, comenzaban a salir a flote las confesionales ‘Kamikazes enamorados’ y ‘Miss camiseta mojada’. Pero lejos de esos grandes éxitos de su discografía que siempre es un placer volver a escuchar, si hay algo que me gusta de los directos de Quique, es ese afán por hacer cada concierto único, rebuscando en el cajón de las fotografías algunos rastros casi olvidados de su extensa colección de cicatrices. De ahí recuperaba el rock clásico de ‘Trucos fáciles para días duros’.

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Y aunque en su colección, cada cual tenemos nuestras favoritas y no cabrían todas ni en tres horas de recital, me brindaba varias de las mías, como ‘Sangre en el marcador’, ‘Orquídeas’, ‘Se estrechan en el corazón’ o ‘Charo’. Todas ellas de su etapa junto a Los Detectives, y cantada esta última junto a Toni Brunet, quien desplegaba un sorprendente falsete agudo con el que subía el tono hasta un registro cercano al de la voz original de Nina (Carolina de Juan). Cambiando marchas en la maquinaría, alternaba con maestría el rock electrizante de ‘La fábrica’ o la recién estrenada ‘Terciopelo azul’, con los pasajes más bucólicos de cortes como ‘Pájaros mojados’, la versión dylaniana de ‘¿Es tu amor en vano?’ o ‘Salitre’. He escuchado muchas veces a González en las distancias cortas y puedo decir que, de todos los salitres que he presenciado, este sería uno de los más emotivos que recuerdo.

Ya en el descuento y sin bises, chutaba de nueva directo a la melancolía más añeja con ‘Pequeño rock and roll’ y una especialmente reposada; ‘Y los conserjes de noche’, que levantaba por última vez con su armónica como si de un toque de queda se tratase. Con una vibra especial en la atmósfera, era momento de devolver el guiño a su amigo, Ángel Stanich. Cruzaban voces y debilidades en ‘Vidas cruzadas’, con esa intensidad tóxica que parece arramplar con todo con su fuerza destructora. Cierre perfecto en una noche en la que el maestro González volvería a salir por la puerta grande.

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