Merina Gris @ Sala Copérnico (Madrid) 11-10-2025
Adelantándose unos días a la trashumancia, Merina Gris llegaban a Madrid para actuar en la Sala Copérnico, ese recinto convertido por méritos propios en el mejor espacio acústico de la capital. Pese a las virtudes de la sala, la formación donostiarra saltaba a escena con una intro que pronto se vería interrumpida por problemas de sonido, antes si quiera de comenzar a tocar. No pasaba nada, vuelta a camerinos y, ahora sí, entrada por todo lo alto para hacer brillar una puesta en escena que sorprende encontrar en grupos emergentes.
El suyo es un despliegue visual imponente, desde su propuesta estética en el vestuario; con esos juegos de reflejos y máscaras, hasta un montaje lumínico a la altura de bandas con cachés elevados. Una cuidada apuesta artística que pecaría de estética vacía de no ser por unas canciones que completan ese imaginario, donde el hyperpop se da la mano con el breakbeat y otros subgéneros electrónicos para desplegar un universo sonoro propio, con contenido más allá de la carcasa.

Sin renunciar a la esencia del directo, con dos baterías que se intercambian en el escenario, teclados, sintetizadores y guitarras, Merina Gris ponían la directa desde el arranque con la reivindicativa ‘Lotu Zure Txakurrak’, cantada a dos lenguas, entre el castellano y el euskera para que todo el mundo se entere de qué va la vaina. Oscuridad por la que pronto se filtraría la rabiosa ‘Hiru Damatxo’, auténtico hit incontestable que crecía en las voces procesadas de Sara Zozaya y unos sintetizadores espídicos que incendiaban la pista.
Mientras los cortes se sucedían en las bases, con una maquinaria perfectamente engrasada que apenas se detenía entre canción y canción, también afilaban las palabras para acordarse de la presidenta de la Comunidad de Madrid y uno de sus últimos ridículos públicos. Para ella dedicaban bien alto un; «Ayuso entzun, Euskadi euskaldun!». Bravo, nada más que decir.

Con pasajes que les acercaban al tenebrismo bailable de bandas como Agar Agar, seguían sin soltar el pie de acelerador, en un ritmo siempre vibrante. Con su último disco («Zuloa», 2025) por estandarte, dejaban momentos tan notables como los de ‘Nadie Cuando Lloro’ o la recientemente publicada, ‘Tesla Bat Sutan’. Una canción fabricada junto a Gorka Urbizu, que pese a llevar tan solo unas semanas en las plataformas, era acogida como un clásico inmediato por una audiencia que coreaba cada una de sus estrofas.
Aunque quizás el momento más emotivo de la noche llegaba con ‘Otro Lado’, ese harakiri sonoro con el que Margarita Quebrada, Xenia y las propias Merina Gris dejaban sus tripas al descubierto en una de las canciones más hirientes que ha dejado el pop electrónico en los últimos años. Nostalgia que brotaba a borbotones de un estribillo celebrado como un exorcismo, con toda la sala llena de brazos al aire y un extraño sentimiento compartido en el aire. Un clímax que se completaría con algún tema más y una despedida. Con mucha luz pese a las sombras, fue bonito.





