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Gorillaz – «Cracker Island» (2023)
Dark Light

Gorillaz – «Cracker Island» (2023)

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Mi relación con Gorillaz ha sido como uno de esos noviazgos fallidos. Tuve un flechazo con su debut pero poco a poco la relación se fue desgastando. Con el paso de los años los momentos bonitos fueron cada vez menos y acabaron dando paso al tedio y el aburrimiento hasta llegar a ese punto en el que la relación tiene acabar, dejando tras de sí, y con un poco de suerte, tan solo algunos buenos recuerdos. Y aunque no soy muy dado a las segundas oportunidades, no sé por qué pero me encuentro en 2023 dándole una más al proyecto de Damon Albarn y escuchando este “Cracker Island” que, sorprendentemente, ha obrado la reconciliación. No disfrutaba tanto un disco de Gorillaz desde “Demond Days”, y eso es mucho decir, porque se publicó en 2005. 

Guste más o menos, es innegable que en esta nueva referencia, la banda virtual retoma la vía del disco al uso y se aleja de los últimos delirios sonoros de Albarn, que parecía utilizar el proyecto como un mero entretenimiento o vía de escape. Aquí hay melodías, colaboraciones sonadas, una producción limpia y contundente a cargo de Greg Kurstin (Adele, Sia) y, sobre todo, canciones redondas. Casi cada una de ellas podría funcionar como single y formar parte de cualquier playlist de moda, por mucho que la narrativa del disco ponga de manifiesto lo absurdo del algoritmo, las redes sociales y las invasivas nuevas tecnologías que parecen dirigir nuestra vida. O al menos nuestros gustos.

Entre dichas colaboraciones nos encontramos a Thundercut, que pone gruesas líneas de bajo y groove a una disco funk ‘Cracker Island’. En ‘Oil’ se acercan a un tono ochentero (muy presente a lo largo de todo el disco, por cierto) para dar la bienvenida a Stevie Nicks, con quién Albarn comparte versos como si fuera todo un Fleetwood Mac.

Algo decepcionante es, en cambio, la participación de Bad Bunny en una ‘Tormenta’ en la que se diferencian demasiado las partes y que, por un lado acaba pareciendo una canción del puertoriqueño con unos arreglos más luminosos de lo habitual, y por otro tan solo un estribillo de Gorillaz algo mediocre. En cambio, es en ‘New Gold’, con Tame Impala, dónde la unión de las partes queda más cohesionada. Un tema que podría firmar el propio Kevin Parker pero que contiene también los mejores elementos de Gorillaz y el fraseado de un Bootie Brown en estado de gracia. Seguramente uno de los mejores temas del disco y que remite a clásicos innombrables del grupo. También como suma de las partes disfrutamos de ‘Possesion Island’, canción sobria y repleta de arreglos orquestales en la que participa Beck y que parece nacida de su mente, últimamente tan detallista y grandilocuente. Un tema que pone certero y memorable punto y final al disco.

Más allá del morbo de las colaboraciones, igual de interesantes son algunas de las canciones en las que no participan músicos externos. ‘The Tired Influencer’, ‘Silent Running’, ‘Baby Queen’ o ‘Skinny Ape’ (tengo debilidad por su hortera acerelón final, no lo puedo evitar) son auténticas delicias de pop sintetizado, en varios ocasiones sobrevoladas por la sombra de Daft Punk y en las que nos arropan con preciosas melodías, sintetizadores ochenteros y oníricos pasajes sonoros. 

Y para terminar de rematar la jugada, este mismo lunes, tan solo unos días después de su lanzamiento oficial, el grupo compartía una versión deluxe del disco con cinco temas adicionales. En tres de ellos dan rienda suelta a su siempre estrecha unión con el rap a través de la participación de Del the Funky Homosapien en la humorística ‘Captain Chicken’, el brasileño MC Bin Laden en una ‘Controllah’ de potentes graves y sabor a vieja escuela y los habituales De La Soul, junto a la jamaicana Dawn Penn, en una algo descafeinada ‘Crocadillaz’. Completando el contenido adicional, una versión desnuda al piano de ‘Silent Running’ y un remix discotequero y patillero de ‘New Gold’ a cargo de Dom Dolla, tan prescindible como entretenido, ponen fin a esta obra con la que Gorillaz y yo renovamos nuestros votos.

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