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Captagon – «La Costa Árida» (2024)
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Captagon – «La Costa Árida» (2024)

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Si os soy sincero, no conocía la existencia de Captagon hasta hace poco. No había oído hablar de esta droga sintética con la que se financiaba el estado sirio de Bashar al Asad hasta que este ha sido derrocado y tampoco del grupo de música con el mismo nombre hasta la reciente publicación de su debut, hace unas semanas. Un disco que lleva por título “La Costa Árida” y tras cuyo lanzamiento se encuentra el sello Suena Fuerte, de Pepo Márquez (The Secret Society). Si quieres escucharlo, puedes hacerlo solamente en su Bandcamp, o comprando una de las únicas 299 copias en CD que se han fabricado. Y, créeme, quieres escucharlo.

Las filas de esta banda, que comenzó la grabación de su disco justo cuando una pandemia empezó a azotar al mundo, las forman Ricky, Meta y César, y es difícil que no conozcas a estos tres tipos a poco familiarizado que estés con el mundillo musical ¿underground? Les vemos, o hemos visto, tocar en Nudozurdo, en Standstill, en La Joya, en Monocero, en The Secret Society y en un sinfín de bandas de mayor o menor éxito pero todas ellas igual de importantes para algunos de nosotros. Su aventura como Captagon es una puesta en común más de una serie de habilidades adquiridas a lo largo de décadas de trayectoria y con las que forman un nuevo triángulo sonoro, con infinidad de influencias, pocas pretensiones y mucho buen gusto.

Un álbum predominantemente instrumental, salvo por algunas colaboraciones vocales, de temas largos y sonido crudo, seco y contundente. Batería, bajo y guitarra, tres instrumentos a los que se unen los de algunos otros músicos cercanos a la banda. Por ejemplo, un Nacho Vera que aporta vientos jazzísticos a la brumosa ‘NOG’, en la que escuchamos también la hipnótica voz de Ana Franco (Coffee & Wine). O Javier Díez-Ena, que pone aquí su inseparable theremin al servicio de ese torbellino de stoner acelerado y primitivo que es ‘Nube de Culpa’ para convertirlo en un viaje a Marte. También David T. Ginzo (TUYA), que va sembrando de sintes y teclas algunos de los momentos más melódicos y bellos de un disco que es una montaña rusa de intensidades. De la delicadeza sonora de ‘Tras el Rastro de un Futuro Continuo’ a la aridez y el sabor a desierto de ‘No Me Vais a Ver’, con Julio de la Rosa y Helena Goch repitiendo el mantra vocal que le da título, pasando por los más de nueve minutos de ‘Silencio en el Nucleo’, en los que nos encontramos a todos los «captagones» posibles, con un giro final que parece incluso homenajear a Karate.  

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