Bilbao BBK Live 2024 @ Kobetamendi
La temporada festivalera sigue su marcha y el pasado fin de semana le tocaba el turno al Bilbao BBK Live, uno de esos festivales a gran escala que sigue conservando un carácter especial pese al paso de sus ediciones. Una de esas experiencias musicales diferentes, que hace que cuando lo pruebas una vez, sea difícil no querer repetir. Y así fue para quien escribe estas líneas, regresando a Bilbao para disfrutar de la jornada inaugural y poder contarlo aquí por segundo año consecutivo.
La cosa empezaba bien pese a las amenazas de sirimiri en Kobetamendi. Una de las mejores cosas que puede ofrecer un festival es brindarte la oportunidad de descubrir bandas que no tenías en tu radar. Valoro mucho esa apuesta por la vanguardia, y también por la mezcolanza de géneros que poseen festivales como este. Nada más cruzar las puertas del recinto, desde el escenario Txiki recibía el primer sorpresón de la mano de NewDad, quedando totalmente atrapado por el sonido de una banda desconocida para mí hasta ese instante.

Con solo un álbum recién salido del horno, sus canciones parecen seguir la estela de bandas que me emocionan tanto como Slow Pulp o las siempre prodigiosas Big Thief. Voces femeninas en medio de guiatarrazos, pegada y noise, dando rienda suelta a un combinado perfecto de sutilidad y rabia. Con canciones como ‘Sickly Sweet’, o esa versión de la mítica ‘Just Like Heaven’ de The Cure, terminaban por ganarse a un público entregado a la causa.
Cambiando de género drásticamente, desde el escenario techado de Beefeater, capaz de lo mejor y de lo peor en su compleja acústica, Queralt Lahoz se volvía a erigir como una de las voces destacadas de toda una generación de mujeres que dan nuevas vidas al rap y al flamenco. Todo eso que ahora se engloba bajo la etiqueta poco clarividente de «música urbana». Sea lo que sea eso, ahí es donde Queralt se impone con unas letras por momentos reivindicativas, que le quitan algo de caspa a todo ese rap falocentrista, yendo más allá de ese discurso del “yo, yo, yo” que tanta pereza me da. Todo ello sin dejar de bailar hasta abajo e imponer la candela como ritmo hegemónico en temas como ‘De la Cueva a los Olivos’, donde nos ponía a sudar en aquel escenario con pinta de invernadero.

Llamado a ser uno de los ídolos juveniles del panorama actual, con quien no logro conectar en directo es con Sen Senra. Ya son tres las veces que he visto al gallego sobre el escenario, en distintas etapas de su proyecto, y la sensación es siempre la misma; posee unas canciones que esconden algo magnético, destacando algunos temazos incontestables en su haber discográfico, pero es en las distancias cortas cuando se evidencian todas las costuras de un proyecto que sigue sin convencer más allá del siempre complaciente fenómeno fan. Personalmente me quedo totalmente helado viendo esta puesta en escena, a mitad de camino entre la performance y el pop de estadios, pero sin la garra y sin el carisma necesario para abordar un show de esas características.
Tras unos cuantos temas que por desgracia no lograban cambiar mi percepción previa de Sen Senra, los pasos nos llevaban de nuevo al escenario Txiki para ver, otra vez más, a Los Punsetes. La casualidad ha querido que este año la banda madrileña sea una de las formaciones que más veces he visto en directo, y esto conlleva automáticamente expectativas y comparativas.

La banda tiene una ristra de hits capaces de levantar cualquier festival, pero en esta ocasión el sonido no estaría de su lado. Incluso con visibles gestos de disconformidad de algunos de sus miembros sobre el escenario, quienes parecían no oírse bien en monitores. Su sonido, normalmente aplastante en directo, solo encontraría su mejor versión en el tramo final, cuando caían sus hits más memorables y un balón volador dejaba una de las imágenes para el recuerdo en la historia de la banda; su cantante, Ariadna, tal vez por primera vez en su carrera, teniendo que moverse de su estática posición para esquivar un balonazo en la cabeza. Pese a todo, bailamos y celebramos algunos de esos temas de pop socarrón que tanto nos gustan.
Mucho más decepcionante me resultaría el paso de Air por el festival bilbaíno. Sin ser un gran fan de la banda, el ejercicio de nostalgia de repasar su destacado disco «Moon Safari», era la excusa para que todo el festival en masa acudiese al concierto. Y en este caso, cuando digo masa, digo masa, convirtiéndose por sorpresa en uno de los conciertos más multitudinarios del jueves. El paupérrimo sonido que salió del escenario, muy por debajo de cualquier estándar no escrito en este tipo de actuaciones, unido al carácter tranquilote de sus composiciones y de algunas picias imperdonables para una banda de su perfil, como el hecho de llevar voces femeninas pregrabadas al directo, propiciaron uno de los peores desenlaces de un concierto: una horda de gente contándole su vida al de al lado. Sentencia definitiva.

En búsqueda de los decibelios perdidos, la solución fácil pasaba por Basoa, ese recinto de personalidad única, dedicado a la electrónica que con el paso de las ediciones se ha convertido en parte indispensable de la identidad del BBK. Un espacio que este año sufría modificaciones en pro de la sostenibilidad, incluyendo trusses y estructuras para colgar la iluminación en vez de emplear para ello los propios árboles, como en años pasados. Se perdía algo de mística pero todo sea por el cuidado del entorno, un bien que debe perdurar mucho más allá de un festival.
En este escenario idílico, tampoco estaría a la altura de lo esperado Sofia Kourtesis. Además de un volumen que, de nuevo, resultaba sorprendentemente bajo, la dj peruana se centraba en las vertiente más densa de la electrónica, dejándose por el camino todo ese ramalazo latino que poseen muchas de sus sesiones y producciones, y que la distingue definitivamente de multitud de propuestas similares.

Y aquí llegaba la hora de recibir al primer cabeza de cartel, unos Massive Attack que, como no podía ser de otra manera dados los precedentes, llegaban al BBK con la razonable duda de si saldrían a tocar o no. Sus cancelaciones alegando contaminación acústica de otros escenarios o malas condiciones sonoras, son ya un clásico de las excusas de la banda británica. Pero esta vez sí, saldrían a escena como referentes de la escena del trip-hop de los ’90.
Políticos y haciendo varios guiños en euskera tanto en las pantallas como por los micros, los de Bristol repartían las canciones de alma subversiva contra las injusticias del mundo, poniendo de relieve genocidios actuales y otros crímenes de guerra de nuestros dirigentes. Con multitud de invitados entre los que destacaba la suavidad vocal de Elizabeth Fraser o el cantante de los siempre maravillosos Young Fathers, el setlist iba modulando la intensidad entre esas nanas postapocalípticas que predominan en su mochila. Como era de esperar, no sería el concierto más animado del festival y tras un rato volvíamos a ir en busca de la cafeína.

Death From Above son otra de esas bandas rarunas, difíciles de encorsetar en un estilo concreto, muy indies para el metal y muy metaleros para el indie. Sea como sea, lo suyo es el rock crudo, las pegadas de batería y los guitarrazos más noise, despachados por este peculiar dúo que suena como si hubiese cinco músicos sobre las tablas. Sonando implacables, desatarían algunos pogos en las primeras filas y demostraron ser café para muy cafeteros.
Momento entonces para repasar la leyenda, la nostalgia de la mano de Los Planetas y ese «Super 8». Primer disco de banda publicado en 1995, con el que sin poder si quiera imaginarlo, iniciarían su camino musical para llegar a ser la banda más seminal del indie ibérico. Un viaje por galaxias infinitas que celebraba en directo su 30 aniversario con la interpretación íntegra de su cancionero. Y con Los Planetas nunca se sabe, depende de si les apetece tocar o no. Capaces de lo mejor y de lo peor, aquella noche era la suya, y nos pasaban por las tripas sin contemplaciones. Especialmente viscerales sonaban canciones como ‘Si Está Bien’, cantada con la rabia precisa, o joyas del pop rock como ‘De Viaje’ o ‘Qué Puedo Hacer’, celebradas por toda la multitud en un gran karaoke que exudaba éxtasis.

No se me va a olvidar tampoco esa ‘Brigitte’ en directo, seguramente mi canción favorita de la banda granadina, con sus eternas preguntas sin respuestas y esos bucles que siguen resonando en la cabeza mucho después del estallido de estrellas. Ya saben… “A veces pienso que es tan solo un sueño…”. Todo ello acompañado de ese riff de guitarra de Florent, que sin hablar parece completar las frases que los recuerdos borrosos han ido dejando a medias por todo el universo. Pura poesía de la destrucción. Un auténtico atentado emocional a escala cósmica.
Tras el repaso completo por su rosario de cicatrices, J volvía ser el personaje contradictorio que suele ser, una caricatura de sí mismo. Acabado el repaso del disco, se marchaban a camerinos y tenían que salir de nuevo, según en palabras del propio vocalista, porque habían firmado un contrato y tenían que cumplirlo. Y aunque esta pose de eterno outsider no puede generarme más hastío, quién puede negarle al buen señor ser uno de los autores más inspirados de su generación, entregando temas como ‘Un Buen Día’, ‘David y Claudia’ o ‘Mi Hermana Pequeña’, para cerrar el concierto más sentimental de la jornada.

Sin tiempo que perder, llegaba la tralla con mayúsculas. Discutidos por algunas voces, señalándolos como cabezas de cartel menores respecto a otras ediciones, The Prodigy disipaban cualquier opinión cuñada a golpe de cañonazos. La banda se sobreponía a la durísima pérdida del icónico Keith Flint en 2019 y aquí estaban de nuevo, honrando su memoria de la mejor forma posible; poniendo a bailar en su rave a todo un festival. Abrumadores desde el inicio, una masa informe que se extendía hasta más allá de la mesa de sonido, celebraba apretada y con miles de brazos al aire cortes como ‘Breathe’, entregada nada más abrir, ‘Spitfire’ o la espídica ‘Out of Space’, catarsis final de otro de esos shows masivos que dan sentido a la experiencia musical de un festival.
Con permiso de Jamie XX, quien siempre me pareció más productor que dj, veo en Folamour al mejor dj puro de la escena actual del clubbing. El dj francés llegaba a Bilbao consagrado a nivel mundial y con nada que demostrar. Sus sesiones son siempre una sorpresa, haciendo grande el oficio de pinchadiscos y volviendo a lo esencial, a esos lives donde se mezclan bases, samples y canciones en riguroso directo. Con una producción propia tan brillante, puede desconcertar que apenas pinche canciones propias, pero es de valorar el hecho de estar disfrutando de una sesión única, y ser conscientes de que no se replicará en ningún otro escenario del mundo.

Folamour tiraba de su clase para poner de nuevo a bailar al BBK mientras comenzaba a llover, con ese ramalazo funky que tan bien le sientan a sus sesiones. Y tal vez no sería esta su sesión más creativa, pero diré lo mismo una mil veces: es muy difícil que un dj tan personal pueda desarrollar una sesión variada en poco más de una hora. Festivales del mundo, por favor, entendemos la complejidad de los horarios, pero esto hay que hacérselo mirar. No es de recibo tener a un dj top mundial en tu line-up y pensar que es una banda de rock, que puede soltar sus cuatro o cinco temas más escuchados y encandilar al público. La buena electrónica no funciona así.
Con la lluvia sin dar tregua y apretando cada vez más, las ganas de seguir con la fiesta eran más fuertes y se cerraba por todo lo alto, como no, en Basoa, junto a las mezclas de DJ Tennis, quien devolvía la magia al bosque húmedo de Kobetamendi justo antes de que el cielo se rompiese del todo y el terreno empezase a convertirse en barro. Cierre por todo lo alto y vuelta a casa, con esa estampa idílica que siempre premia a los más resistentes del festival bilbaíno, con una vista panorámica de todo la urbe aún iluminada a los pies, mientras en el horizonte ya brilla el sol del amanecer.

Pero aunque la noche acababa ahí, estirando al máximo nuestro paso por el festival, acudíamos también a ver qué tenían preparado en la programación diurna. Una serie de conciertos gratuitos, dentro del marco del festival, en emplazamientos de ensueño dentro de una ciudad bonita donde las haya. Qué maravilla poder disfrutar a la hora del vermú de La Habitación Roja tocando en el Kiosko de Arenal. Con un sonido apabullante, presidido por tres guitarras finísimas en sus sinergias, la banda nos emocionaba con sus letras siempre profundas y reflexivas, capaces de alejarles por completo de ese indie facilón en el que se les engloba junto a cientos de grupos tan insípidos como repetitivos.
Presentando en primicia algunas de las canciones que formarán parte de su próximo disco, La Habitación Roja suena tremenda en todas sus etapas, desde sus inéditas composiciones hasta clásicos recientes como ‘La Moneda en el Aire’, pasando, como no, por esas canciones que forman parte del imaginario de toda una generación. En su cierre no podían faltar y ahí estuvieron, hits tan emocionantes como ‘Indestructibles’ o ‘Ayer’, que serían coreados puño en alto por toda la plaza. Gracias por esto, fue un concierto perfecto en un lugar muy especial.

Desde ahí a las escaleras de las Torres Isozaki, donde actuaba Oddliquor. Marcos Terrones, Marquitos para los amigos, es uno de los nombres que lleva un par de años sonando con fuerza dentro del circuito del rap. Agotando salas en grandes ciudades, Oddliquor va conquistando terreno a pasos agigantados, gracias en parte a una cercanía y una humildad que empapa todas las fases de proyecto. Por supuesto, también unas frases y unos temas que hablan sin complejos de responsabilidad afectiva, la gestión del ego o los valores humanos y familiares. Y siempre es lindo ver a público joven entregado a estas proclamas. Con esa imagen, con la ría de fondo, me despedía ahora sí de un BBK Live al que echaré de menos durante este año, haciendo aún más grandes las ganas de volver a la próxima edición.
Fotografías cedidas por Bilbao BBK Live. David Recio: Portada, Air, Folamour; Aliron Studio: NewDad, Los Punsetes; Judith Melsió: Queralt Lahoz; Silvia Maidagan: Basoa; Blame Photography: Death From Above, Los Planetas, The Prodigy. Luis Arteaga: Amanecer, La Habitación Roja.





