[Actualidad] The Last Shadow Puppets - "Everything You've Come to Expect" (2016)

the-last-shadow-puppets-everythingHemos querido dejar pasar el verano para ver qué tal le sentaba a este "Everything You’ve Come to Expect" el sosiego otoñal y lo cierto es que después de radiarlo en los días más largos terminamos de entenderlo y de disfrutarlo, con lluvia y café. Así que, en cualquier caso, nos alegramos de no habernos apresurado a cargarnos la segunda entrega de los Batman y Robin del indie anglosajón, tal como los define actualmente la prensa, esa misma que en términos generales y en su mayoría le han acabado dando un precipitado palo al disco. Lo cierto es que tanto Alex Turner como Miles Kane, cada uno por lado (el primero al frente de unos Arctic Monkeys que hace poco entregaban su trabajo definitivo y el segundo como solista), ya sobrepasaban con creces en su primer disco la cuota musical que aportaban a sus bandas.

El segundo álbum de The Last Shadow Puppets, aún deudor de su debut y emparentado sobre todo con aquel en los épicos arreglos de cuerda (otra vez a cargo de Owen Palett), no cuenta con los ganchos inmediatos de antaño pero contiene himnos tan brillantes como macarras. Es el caso del primer single, una ‘Bad Habits’ que crece y crece, o la irresistible ‘Aviation’, encargada de abrir el lote. El tono predominante de esta segunda entrega, ocho años después de su preciosista debut, es mucho más setentero, mujeriego y sangrante. ‘The Dream Synopsis’ es su última ensoñación post adolescente con aires de los 50, tan sensual y retro como la vampiresa que parece asomarse en ‘Dracula Teeth’ a ritmo trasnochado de funk, sudores fríos y bajos calientes. Con ‘Used to Be My Girl’ sorprenden metiendo en la misma pieza dejes de Marc Bolan y estructuras stoner en las formas, esas con las que parecen saltar sin complejos pista a pista sobre los clásicos. De la psicodelia tardía de ‘Everything You’ve Come to Expect’, que bebe de la esencia del “Revolver” más sedoso, al funk elegante y orquestado de ‘Pattern’, en la que ponen en cada piel la sensibilidad y el descaro necesario para hacer de éste uno histórico, y si no al tiempo.

Quizá la falta de pretensiones a la hora de abordar este proyecto se contradiga con toda la arrogancia que desprende su música pero no parece que estén obsesionados en demostrar nada, y esto les permite crear desde la libertad más absoluta. La mezcla de chándal y mocasines se traduce en canciones pop atemporales en arreglos, temática y esencia.

Sobre el Autor

David Doinel
David Doinel

Tengo un podio en mi casa, soy el primero cuando quiero.

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