[Actualidad] Kurt Vile - "B'lieve I'm Goin Down..." (2015)

critica nuevo disco kurt vileEn 2013, la publicación de “Wakin on a Pretty Daze” de Kurt Vile causó cierto revuelo entre los medios y cierto sector del público. Al menos toda las señales que yo me encontraba referentes al álbum de este (para mí) desconocido músico apuntaban hacia el discazo. Y tal vez por eso precisamente esperaba mucho más de un disco que me dejaba bastante frío. Ahora, dos años después y con Vile fuera de mi mente, me encuentro con este “B’lieve I’m Goin Down…” sin ninguna expectativa ni sugestión previa y me sorprendo disfrutándolo enormemente desde la primera escucha.

El ya sexto trabajo discográfico del de Pennsylvania se abre de manera brillante con tres temas que te atrapan fuerte. La inicial ‘Pretty Pimpin’ y su desenfadado carácter lo-fi tiene una melodía preciosa sobre la que baila la constante verborrea de Vile y su irónico texto. Tras ella, ‘I’m an Outlaw’ actualiza los cánones del western crepuscular con ese banjo electrificado y una instrumentación que va sumando poco a poco y haciendo crecer el tema. Y remata el trío inicial ‘Dust Bunnies’, en la que son los teclados quienes le van a dar el especiado perfecto al tema que cuenta con el estribillo más pegadizo del álbum. Y es que es éste, por lo general, un trabajo donde el protagonismo se lo llevan las estrofas, con ese personal fraseo a cargo de Kurt, y las transiciones entre ellas, donde la inclusión progresiva de instrumentos lleva las canciones hasta su climax. Así pues, no es de extrañar que la mayoría de temas ronde los cinco minutos y en varias ocasiones incluso sobrepase los seis, llevando el disco hasta la hora de duración.

Y tal vez sea ahí donde flojee un tanto este “B’lieve I’m Goin Down…”. Aunque los siete minutos de ‘Lost My Head There’ y su ritmo funky al piano son deliciosos, la semiacústica ‘That's Life, Tho (Almost Hate To Say)’ nos estremece con la sombra de Dylan sobre nuestras cabezas o ‘Life Like This’ sea una preciosidad en la que voces y diferentes teclados coquetean entrelazados, hay que reconocer que en la parte final del disco nos invade esa sensación de “esto lo he escuchado hace un rato”. Un único punto débil en un trabajo en el que hay que destacar también la participación de sus The Violators, banda que le acompaña desde la publicación en 2009 de “Childish Prodigy” y que no se ha resentido lo más mínimo tras la marcha de Adam Granduciel, demasiado ocupado actualmente con sus The War on Drugs.

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