[Actualidad] Creature With The Atom Brain - "Night of the Hunter" (2015)

creature with the atom brain critica discoMi primer acercamiento a Creature With the Atom Brain fue con “The Byrds Fly Low”, el disco que publicaron en 2012. El grupo belga era un total desconocido para mí hasta que un compañero de trabajo vino de un viaje al país europeo con su disco bajo el brazo y la experiencia de haber alucinado con ellos en directo. Y lo que yo escuché en esas canciones me sedujo de igual manera. Poco después, investigando sobre ellos, descubrí que todo comenzó como el proyecto en solitario de Aldo Struyf, músico de grupos como Millionaire o The Mark Lanegan Band, quien tras publicar dos Eps formó una banda al uso para publicar tres discos de estudio. Desgraciadamente nunca pude verlos en directo y desgraciadamente parece que nunca lo haré ya que el trabajo que nos ocupa, este “Night Of The Hunter” de evocador título, supone el adiós de la banda, o más bien de Struyf, quien en esta ocasión ha vuelto a situarse al frente del proyecto acompañándose de unos cuantos músicos que no tienen desperdicio. Por aquí desfilan nombres como los de Mark Lanegan, habitual colaborador del grupo, Alain Johannes (Queens of the Stone Age, Them Crooked Vultures), Tim Vanhamel (Eagles of Death Metal, dEUS) o Tom Barman (dEUS), por citar solamente a los más conocidos internacionalmente. Con todos ellos y muchos más Struyf dirige estos treinta minutos de música divididos en dos caras, con dos partes la primera y tres la segunda y que van fluyendo con soltura e hipnótico ritmo, haciendo del álbum uno de esos trabajos que es necesario escuchar al completo y del tirón.

La partida arranca con tambores de guerra y con los sintetizadores ganando la mano y abriendo los mares para la entrada de Mark Lanegan. Siempre imponente, su voz se eleva por encima del sonido hasta que esos teclados que nos recuerdan al Manzarek más psicodélico se asoman y allanan el camino para el punteo de Vanhamel, rugoso y desértico, y que lleva el tema al siguiente nivel, en el que es la voz de Struyf, menos potente pero igual de personal, la que toma el protagonismo presentándonos lo más parecido a un estribillo que tiene el álbum mientras el bucle rítmico sigue en constante ciclo. Tras éste, y con intermedio de bajo mediante, la segunda parte se ve bañada por un aluvión de sintetizadores y ruidos que les acercan al rock más industrial. Si no fuera por esa guitarra acústica (de nuevo Vanhamel) estaríamos cerca de los Nine Inch Nails más comerciales y electrónicos. Una parte en la que las voces se dejan ver como mera anécdota y en la que la densidad sonora se hace patente.

Con el comienzo de la cara B el cambio de tercio es marcado y para su primera parte, en la que cuentan con la voz del gran Tom Barman de dEUS, se acercan precisamente al sonido de sus compatriotas belgas. Un sentimiento funk en la base, mucho feeling y ese aspecto casi onírico que tan bien encaja con la voz de Barman, que nos mece al compás de esa detallista y psicodélica guitarra convirtiendo este pasaje en el más interesante de todo el disco. Una laguna de paz que se ve interrumpida en la segunda parte de la cara, a la que llegamos al son de unos vientos que también vienen siendo marca característica del grupo y que junto a la voz y la armónica de Dave Reniers nos remiten a unos Nick Cave and The Bad Seeds a tope de testosterona. Y sobrios y contundentes se plantan en la tercera parte de la cara, con la que parecen volver al comienzo y entregan el mando a los sintetizadores para brindarnos el cierre más psicodélico y enigmático posible, con la acústica de Alain Johannes dotándolo de un extraño sabor latino y el abrasador y eléctrico solo de Sjoerd Bruil partiéndonos definitivamente en dos. Sin duda el canto de cisne más precioso de lo que va de siglo.

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