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[Actualidad] A Perfect Circle – «Eat the Elephant» (2018)
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[Actualidad] A Perfect Circle – «Eat the Elephant» (2018)

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critica nuevo disco a perfect circleSabiendo como funcionan las cosas en el universo de Maynard James Keenan no sorprende que hayan tenido que pasar catorce años para que podamos escuchar un nuevo disco de estudio de A Perfect Circle. Aunque no sea en este proyecto él sino Billy Howerdel el principal protagonista, nadie dudamos de que gran parte de la culpa del retraso en la grabación del disco es responsabilidad del díscolo cantante, que sigue manteniendo en vilo a todos los fans de Tool mientras se divierte con unos algo intrascendentes Puscifer. Es por eso que el anuncio de este “Eat the Elephant” y su primer adelanto, lanzado el 1 de enero, lo recibíamos con entusiasmo. 

En casi una hora de nueva música, la banda que completan en esta ocasión James Iha, Jeff Friedl y Matt McJunkins sigue los pasos marcados por su anterior «Thirteenth Step», un disco más experimental y progresivo que su debut, «Mer de Noms», de carácter más directo y guitarrero. Estamos ante un álbum prácticamente atravesado por completo de teclados, con importantes pasajes instrumental y ambientales y constantes cambios de ritmo que a veces consiguen mantenerte en vilo y otras hacerte fruncir el ceño un tanto perdido. En «Eat the Elephant» A Perfect Circle pasan con mayor facilidad de lo habitual de conquistarnos con travesías sonoras mágicas a descolocarnos con peligrosos acercamientos a unas sonoridades pop que no les sientan del todo bien.

En esa línea encontramos a una banda casi irreconocible en la azucarada ‘So Long, and Thanks for All the Fish’, que casi podrían haber firmado los peores Biffy Clyro, o en una ‘Delicious’ en la que se apoyan sobre guitarras acústicas. Mucho más interesante es lo propuesto en canciones como ‘The Contrarian’, en la que Maynard juega con la voz a su antojo y que cuenta con una progresión guitarrera cercana al post-rock, o en las ya conocidas ‘Disillusioned’ y su comatosa parte intermedia y, sobre todo, ‘The Doomed’ y ‘TalkTalk’. En ambas llevan su sonido un paso más allá sin dejar de sonar reconocibles; en la primera con unos cambios de tono marca de la casa y en la segunda con esos riffs cortantes y su arrebatador estribillo. Y mención especial demandan también canciones como ‘Hourglass’, una auténtica marcianada en la que sobre una aplastante línea de bajo coquetean con la electrónica y las voces robóticas, o la final ‘Get the Lead Out’, que nos remite a ‘Counting Bodies Like Sheep to the Rhythm of the War Drums’, de aquel experimental disco de versiones y revisiones que bautizaron como «eMOTIVe».

A pesar de no ser para nada un mal disco es inevitable la sensación de que podría haber sido mucho mejor. Y de su portada mejor no hablamos.

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