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Mac DeMarco @ Sala La Riviera (Madrid) 18-09-2026
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Mac DeMarco @ Sala La Riviera (Madrid) 18-09-2026

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La de Mac DeMarco es una de esas carreras musicales tan libres a las que es complicado seguirle el ritmo. Con nada menos que cuatro LPs publicados en lo que vamos de año, la cabeza del canadiense es un crisol de ideas que nunca deja de soñar con canciones. Y es que, aunque en el pasado también nos ha dejado con algunos discos infumables, como la colección de 199 melodías recogidas en las casi nueve horas de duración de «One Wayne G» (2023), lo cierto es que parece estar de vuelta a lo esencial. Es decir, a esas armonías vocales con alma psicodélica, el groove en las guitarras y a unas cadencias capaces de llevar el bedroom pop al nivel de sofisticación del jazz.

Igualmente esquivo en sus visitas por aquí, la expectación para verle de nuevo en directo lo consagraba como el pequeño geniecillo que es. Todo vendido desde meses antes: doblete en la Razzmatazz de Barcelona y una sala La Riviera de Madrid. Y aunque los datos ya hacían presagiar un ambientazo, tras cruzar las puertas del templo madrileño me sorprendería encontrarme con un público mayoritariamente juvenil. Parece que la música de DeMarco, no sé muy bien explicar cómo ni por qué, ha conseguido colarse en el imaginario de una generación incipiente que coge el testigo de la anterior para auparlo al trono de los ídolos. Especial veneración en las primeras filas, donde un efervescente fenómeno fan llenaría de gritos la acústica del pabellón cuando DeMarco saltaba a escena.

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Con las melosas baterías de ‘For the First Time’ y más flow que el más ágil de los raperos, Mac DeMarco encandilaba desde el primer compás. Se movía por escenario, hacía malabares con el micro, se subía a los monitores y arengaba a una audiencia en éxtasis que cantaba cada frase. No se puede empezar mejor un concierto. Siempre expresivo y manejando a la perfección los tiempos del lo-fi, el canadiense se dejó en casa todas esas canciones suyas con nombres de números, para los muy cafeteros, y se centro en repasar su cancionero más brillante.

De ahí brotaron joyas de alma indie como ‘Salad Days’ o ‘Finally Alone’, con ese falsete suyo tan característico. También otros himnos como ‘Still Beating’, con todo ese positivismo que rezuma y que sería coreado en vivo como si fuese su propio ‘Wonderwall’. Todo ello con DeMarco ejerciendo como frontman total, poniéndose de pie sobre los altavoces y dirigiendo una gran marea de brazos al aire. Sencillamente preciosa toda esa sinfonía visual.

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Con el caleidoscopio sonoro girando para mostrarnos nuevos colores, una banda de virtuosos acompaña en esta gira al músico canadiense. Bases rítmicas sobresalientes de puro jazz, arreglos luminosos en las teclas y bajos y guitarras que siempre conservan el swing. Pasajes por los que se puede cambiar de género y de estilo en unos pocos acordes. Cada cual querrá ver aquí a sus bellos fantasmas más personales. Particularmente, yo quise distinguir cuando la música, e incluso la voz de Mac DeMarco, parecen querer darle un abrazo a Lou Reed. Ya saben, mientras cantaba todo aquello de beber sangría en el parque, estar enamorado y ver la vida bonita. Por ahí iban los tiros en ‘Heart to Heart’ y otras tantas.

Emociones a flor de piel y una audiencia maravillada, entregada al directo en una de esas comuniones que se sienten naturales. Sabedor de ello, DeMarco sacaba de la chistera todos los trucos, incluyendo hacer el pino por el escenario (porque le apetecía soltar tensión o qué se yo). También ralentizaba a mitad de su ejecución ‘Freaking Out the Neighborhood’, para pedir a toda la sala que se agachase para saltarla todos juntos. A estas alturas de la película, daba la sensación de que podría haber creado allí mismo una secta, así que lo de agacharse parecía una buena idea. ¡A sus órdenes, Mac! En efecto, el estallido de júbilo mereció la pena; una fiesta de gente enfervorecida cantando en lo-lo-los la imparable melodía.

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Llevado en volandas al altar, aún quedaría tiempo en los bises para que el nervioso artista se quitase la camisa y se erigiese, de nuevo sobre la cuña del escenario, como una especie de San Sebastián moderno. Con su gorra, por supuesto. Apelando a lo carnal, cerraría el círculo con la magistral ‘My Kind of Woman’ y una versión de ‘Human Nature’, del nunca suficientemente cancelado, Michael Jackson. Vale, está bien. Es una buena canción y fue un final épico, a la altura de un concierto memorable.

Pero aún quedaría otra postal para el recuerdo: a la salida, decenas de adolescentes agolpados tras unas vallas dispuestas para la ocasión, esperaban para fotografiar y ovacionar a Mac DeMarco en los escasos diez metros que separarían la puerta de La Riviera del autobús-cama de la gira. Tremendo. Con esta despedida de alfombra roja, esperemos que vuelva pronto.

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