Francis of Delirium – «Run, Run Pure Beauty» (2026)
Hay discos que llegan en el momento justo. «Lighthouse», (Dalliance Recordings, 2024) fue uno de ellos. Después de cuatro EPs, Francis of Delirium encontraban por fin un sonido propio en un debut que alternaba delicadeza y ruido con una naturalidad pasmosa. Dos años después, Jana Bahrich y Chris Hewett vuelven con «Run, Run Pure Beauty» (Dalliance Recordings, 2026), un segundo álbum que mantiene muchas de las virtudes de su predecesor, aunque ya no cuenta con el factor sorpresa a su favor.
La canadiense afincada en Luxemburgo sigue escribiendo desde un lugar personal, pero las preocupaciones han cambiado. La angustia adolescente de los primeros trabajos ha quedado soterrada por una mirada más amplia a todo lo que ocurre alrededor (‘Requiem for a Dying Day’), aunque sin perder el foco por profundizar en la cercanía más concreta –tan característico suyo–.
El grunge sigue presente, pero cada vez ocupa menos espacio. Aquellas guitarras que dominaban buena parte de sus primeros lanzamientos aparecen aquí de forma más puntual, integradas dentro de un sonido mucho más trabajado. La evolución ya se intuía en «Lighthouse» y, ahora, vemos que en «Run, Run Pure Beauty» termina de consolidarse.
La producción, de nuevo en manos del tándem Bahrich–Hewett, con mezcla de Nicolas Vernhes, se ha transformado sin necesidad de grandilocuencias: donde antes había sótanos, lavadoras y grabaciones casi domésticas, ahora hay espacios más definidos, aunque el ruido sigue apareciendo como un elemento emocional. Todo suena más abierto, encontrando una fórmula que les permite sonar contundentes sin necesidad de elevar constantemente el volumen. La batería sigue teniendo mucho peso y las guitarras continúan como columna vertebral, dejando más espacio para que las canciones respiren.
La canción que da nombre al disco marca bastante bien por dónde van los tiros. Francis of Delirium ya no buscan tanto el contraste brusco entre calma y explosión que tan bien funcionaba en trabajos anteriores. Aquí todo parece estar más medido.
‘It’s a Beautiful Life’ cierra este segundo trabajo y encierra buena parte de lo que Bahrich quiere contar en este momento. La luminosidad deja un espacio amplio a una sensación de resignación que termina apareciendo en distintos momentos del álbum. ‘Little Black Dress’, por su parte, trae a la memoria lo conocido en el sonido de la banda. El tratamiento de las guitarras aquí, relajadas en una melodía muy dulzona, junto al protagonismo de la batería hacen de este tema un fabuloso regreso a los escenarios.
Sin embargo, la comparación con «Lighthouse» resulta inevitable. Si aquel disco tenía canciones como ‘Cliffs’ o, sobre todo, ‘Something’s Changed’, capaces de sobresalir desde la primera escucha –puede que ‘Open Up Your Mouth’ sea la más cercana a esa sensación–, aquí cuesta más encontrar momentos así. No porque las canciones sean peores, sino porque Francis of Delirium parecen haber apostado por un disco más uniforme. Y ahí está también parte de su principal virtud y de su principal problema.
«Run, Run Pure Beauty» funciona muy bien cuando se escucha de principio a fin. A pesar de que sus 11 canciones tienen coherencia entre ellas, también se perciben momentos en los que se echa de menos alguna sacudida parecida a la de sus predecesoras.
Eso no impide que siga siendo un buen disco. Jana Bahrich continúa demostrando que es una compositora con mucho que decir y Chris Hewett vuelve a desempeñar un papel fundamental para que las canciones alcancen la intensidad necesaria cuando lo requieren. Simplemente juegan una partida diferente a la de hace dos años.
Francis of Delirium ya no necesitan demostrar que son una de las propuestas más interesantes surgidas del indie europeo en los últimos años. «Run, Run Pure Beauty» no alcanza las cotas de emoción de «Lighthouse»; aunque mi apego a ese maravilloso debut está comparando en exceso ambos álbumes, sí confirma que aquella inspiración no fue fruto de la casualidad.





