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Entrevista con Triángulo de Amor Bizarro: «Hasta que no rompes el sonido, no puedes volver a construirlo»
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Entrevista con Triángulo de Amor Bizarro: «Hasta que no rompes el sonido, no puedes volver a construirlo»

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Convertidos por méritos propios en referencia absoluta del noise guitarrero de por aquí, Triángulo de Amor Bizarro se reorganizaban de nuevo en una formación en tridente; con Isa Cea, Rodrigo Caamaño y Rafa Mallo. Una nueva etapa con el concepto de banda como epicentro de todo.

Un proceso lleno de cambios que les llevaría directos a la exploración de un nuevo sonido, con nuevas formas de hacer las cosas sin perder un ápice de su identidad musical. Una búsqueda que cataliza en «Mi Catedral», primer disco editado con el sello Sonido Muchacho y del que estuvimos hablando con la banda. Una entrevista donde comentamos el presente y rebuscamos en sus orígenes, viajando desde lo personal a lo social de varias generaciones.

Hasta que no rompes el sonido, no puedes volver a construirlo

Siempre ha habido temas políticos en todos vuestros discos, pero “Mi Catedral” me parece especialmente político, arraigado en cuestiones muy actuales. Me da la sensación de que en este disco quizás vais a cosas más concretas de lo que está pasando ahora mismo. No sé qué os ha parecido a vosotros.

Rodrigo Caamaño: Bueno, nos lo están diciendo mucho, pero realmente cuando nos pusimos a hacer las canciones no era la intención hacer un disco centrado en esa parte, sino hacer un disco de emociones. Pero es cierto que estamos en una época en la que es imposible huir de todo lo que está pasando. Estamos entrando en una época muy turbia, muy oscura de la historia de la humanidad. El futuro se ve de una forma un poquito chunga. Y al final estas canciones siempre son un poco de eso, son canciones del entorno.

Las canciones del primer disco hablaban de cómo nos afectaba a nosotros vivir en esa época determinada. Siempre fue la fuente para nuestras canciones. Y además es que nosotros no separamos lo que es político de lo que es más emocional, sino que intentamos que sea todo uno. No queremos hacer una canción que sea parecida a un manual, sino que queremos hacer unas canciones que sean a través de las emociones. Intentamos llegar a cosas que nos afectan, tanto para bien como para mal.

Pero yo creo que es eso, que como el entorno está cada vez más complicado a diferentes niveles, pues intentas hacer un disco más positivo. Yo creo que este es un disco con muchas más luces que el disco anterior. Pero claro, todo eso se cuela. Y es que también queremos que se cuele, no queremos hacer un disco como si viviésemos en una cueva, ¿sabes?

Rafa Mallo: Sí, es que yo creo que en todos los discos hay referencias a problemas que nosotros vivíamos o que nos afectan, o que le afectan a nuestra familia o a nuestros amigos. Lo que pasa es que, que se note más ahora, quizás dice más del tiempo que vivimos que de cómo nosotros estamos haciendo música.

R.C.: El pop rock surgió en una época con unos problemas mundiales determinados. Es un género que es así porque viene como reacción a cosas chungas, ¿no? Y en cierto sentido la música siempre es un poco así. Puede haber una música de estrellas del pop, que viven como al margen de todo eso, que viven de discotecas en Abu Dhabi y vuelos internacionales en una época de cambio climático, pero si eres una persona del mundo real y del pueblo, es imposible que no hables de los temas que te preocupen. Desde luego son muy diferentes los temas que a lo mejor nos preocupan a nosotros que los que le preocupan a Shakira o a Alejandro Sanz. Entonces, claro, hablas de eso.

Pero siempre lo tratamos de hacer desde un punto de vista de puras emociones, no de panfleto político. No queremos caer en eso, pero obviamente hay cosas con las que es imposible mirar a otro lado. La guitarra eléctrica distorsionada es un posicionamiento también.

Sí, siempre a dado la sensación de que os habéis mojado con cosas que os parecían importantes. Sin ir más lejos, el otro día, aquí, en las fiestas de San Isidro, os posicionasteis en contra de los desahucios, algo que generó mucho revuelo durante las fiestas municipales. No sé si también visteis aquello de los VVV [Trippin’You], que les amenazaron y les dijeron que no les iban a pagar por haber criticado la especulación urbanística desde el escenario.

R.M.: Bueno, que te digan que no te van a pagar porque no estás de acuerdo con unas ideas, cuando tú fuiste e hiciste tu concierto, dice muy poco de la persona que les contrató.

R.C.: Sí, es una vergüenza, porque no dijeron nada extravagante además. Entiendo que hay unos límites, pero creo que esos límites no se cruzan en ningún momento. Decir algo que te interesa y que además es que justo, porque está habiendo desahucios mientras aquí se está con la fiesta.

Por nuestra parte, a nosotros nos contrataron, nos invitaron, proyectamos un vídeo, pero es que no hacerlo me parece un posicionamiento mucho más fuerte. Porque tendría que tener las agallas, la sangre fría de decir, no, eso a mí no me interesa nada y lo único que me importa es mi espectáculo, y yo vengo aquí a tocar mis canciones y no me interesa que estén desahuciando gente en la acera de frente. A eso me refiero, estás ahí en el momento y hay cosas que son de sentido común denunciarlas.

R.M.: Y en unas fiestas patronales, que quiero decir, las fiestas patronales no son de ningún gobierno.

Fueron unas fiestas especialmente polémicas, también con graves problemas de sonido que vosotros también padecisteis. Vuestro concierto se vio afectado por limitadores de sonido muy exigentes. Siempre con esa doble vara de medir; que cercena fiestas patronales, que son gastos pagados con impuestos por y para todo el mundo, y luego aquellas otras cosas que generan mucho dinero, como los macroeventos en el Bernabéu, estos que comentaba antes Rodrigo de Shakira, las residencias artísticas con macroconciertos, etc. Ahí parece que no hay ningún problema con la normativa y con el descanso vecinal, ¿no?

R.C.: Sí, a veces te encuentras con cosas que no sabes si es incompetencia, si es palurdismo, dejadez… También vemos a la gente que va, a lo mejor es gente que se pide hoteles, que se desplaza, que te da su tiempo libre… Que la gente normalmente está trabajando toda semana y ese día decide ir a un concierto. Y muchas cosas no dependen de ti ni del público y las tienes que sacar adelante con lo que hay. No tiene sentido lo de los limitadores a 89 dBs y que la propia normativa municipal prohíba una cosa que en teoría organiza, no sé si es así, el propio ayuntamiento.

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Justo hace unos día saltaba también la noticia de que han obligado a un festival pequeñito, no sé si lo conocéis, el Block Party de Arganzuela, a irse del espacio que tenían reservado desde hace meses en Matadero porque viene el Papa a Madrid. Esto también me recordó a cuando os criticaron hace poquito por el concierto de KEXP en Bilbao, que dijeron que erais satánicos y cosas así.

R.C.: A ver, más papistas que el Papa. Es más progresista el Papa que muchos de los que hay por ahí.

R.M.: Es que no sé, yo creo que eso al final es también lo que una parte de los políticos valoran. De repente hay un macroevento musical y eso sí que interesa porque es un macroevento, pero para que llegase la gente a querer ir a un macroevento musical, pues quizá hubo veinte años de gente yendo a conciertos más pequeños, pero eso no se valora. Pero estamos, en general, en un mundo que es así. Algo muy grande acapara todo y se convierte en algo extractivo que mata todo lo demás y, ¡venga, a otra cosa más grande!

R.C.: Nuestro último disco es así porque el mundo es así. Si el mundo fuese maravilloso estaría encantado de escribir sobre cocoteros. Flotando entre las nubes y una flauta de pan llevando a la gente. Ojalá, ojalá. Pero resulta que para hacer eso tendríamos que ponernos un casco y no ver todo lo que está alrededor del mundo. No podría salir a mirar por la ventana.

R.M.: De crisis económica a crisis de la vivienda desde 2004 (risas).

R.C.: (Risas) A ver, claro, si tuviésemos cuarenta pisos por ahí, a lo mejor hacíamos un disco sobre otra cosa, pero como no es el caso, pues es lo que toca. Sobre todo en este último, es un disco de buscar un poco la luz en tiempos oscuros. Y eso sí que fue un punto de partida del disco.

Si el mundo fuese maravilloso estaría encantado de escribir sobre cocoteros. Flotando entre las nubes y una flauta de pan llevando a la gente.

Sí, ya desde el inicio del disco, con ese primer corte, ‘SMT en el Palacio Real’, que es un tema bastante áspero. Muy poco complaciente con el público más popero, más habituado tal vez a la melodía. Y en él también dejáis frases muy evocadoras, como esta de; “ayer está tan lejos como un millón de años”. No sé si va por ahí, pero como que en un lapso de tiempo muy pequeño, parece que hemos retrocedido mucho tiempo atrás, y que lo inminentemente anterior no era quizás tan oscuro.  

R.C.: Eso creo que todos somos conscientes de ello. Aunque en otras épocas pasamos muchas crisis, pasamos muchas épocas chungas, muchas épocas políticas jodidas… Pero siempre había una sensación de que el futuro iba a ser un poco mejor y ahora yo creo que eso es algo que la gente no percibe que vaya a ser así. Pero el disco también habla de que sí, de que a lo mejor hay que crear nuestro propio futuro y eso es «Mi Catedral». Que hay que reinventar un poco todo, dejar atrás cosas que a lo mejor ya no son tan modernas como nos quieren hacer creer. Como las redes sociales, como el sistema turbocapitalista decrépito, y que a lo mejor hay que dar paso también a nuevas generaciones y que creen su propio mundo.

Tengo fe en las generaciones de los que son ahora niños, cuando sean adultos. Pero claro, les va a quedar una lucha, una lucha que van a tener que luchar ellos, pero yo sí que sigo viendo ese futuro. Yo creo que al final muchos de los líderes de ahora que están dinamitando el mundo, eso acabará. Habrá otra gente con otras ideas que seguramente sean opuestas a muchas de las que están justo ahora destruyendo el mundo, o eso espero. Nuestro disco también va un poco de eso.

Nunca fuimos un grupo que cayó completamente en la melancolía ni en la depresión. De hecho, a lo mejor el más cercano fue «Sed» (2023), porque fue también un final de una etapa para nosotros. Pero realmente nuestro estado natural, es un disco más como «Mi Catedral», más como los primeros, con ese rollo de luchar contra todo esto.

Ese primer tema, u otros como ‘BBBMV a.r.m.a.s.’, tienen ahí ese rollo casi apocalíptico, pero por el que me parece que se cuela también el hecho de reclamar cierta memoria histórica y reivindicarlo desde ahí.

R.C.: Sí, es que yo creo que hay una nueva época de sociedad solapada, porque hay una sociedad real, que sigue siendo el día a día, gracias a Dios, y por otro lado está esa sociedad fake de Internet, de redes sociales, que está produciendo una especie de menosprecio a la memoria. Y claro, la falta de memoria también provoca las cosas que ves, provoca que haya adolescentes que hablan de Franco, que es en plan… Si a ti te iban a dar una paliza con la porra si vivieras en la época de Franco, tío. Y empiezas a ver eso, esos retrocesos otra vez, pero es porque parece que lo que pasó ayer, lo que pasó hace una semana, ya no importa. Siempre hay cosas nuevas que tienen que estar ocurriendo y estar tapando la realidad. Y creo que eso es peligroso, porque si no te acuerdas de lo malo, va a volver a ocurrir.

Este disco yo creo que tiene mucho de memoria histórica, desde lo general incluso a cosas más personales. A mí me ha llamado mucho la atención ‘Pat a trenca’, que además me parece también como una una declaración de intenciones meterlo ahí como lo metisteis, como segundo adelanto del disco. Dándole esa importancia. Un corte que es oscuro y reflexivo, más difícil de digerir a la primera. Afortunadamente yo ese tipo de situaciones no las viví, pero por ejemplo sí recuerdo a mi padre contar estas historias de los colegios. Ahí hay una parte muy autobiográfica vuestra, supongo.

R.C.: Siempre hablamos un poco de esto, pero en otros discos digamos que lo disimulamos por pudor en nubes psicodélicas. De hecho, «Año Santo» (2010) por ejemplo, también es un disco relacionado con nuestra infancia, con nuestra época. Pero digamos que, con todo el rollo turbio que tiene el disco, intentábamos que no fuese tan claro en aquel entonces. Yo creo que, ahora, esto surge partiendo de que nos vimos con la capacidad musical de acompañar con la música esas palabras tan claras.

‘Pat a trenca’ es una canción que podía haber escrito en muchos momentos de mi vida, porque es un episodio que marcó mucho mi infancia y la de muchas de mi generación. No era un caso aislado ni mucho menos. Pero sí que me salió a escribir ahora esa canción porque vimos que había una novedad musical, aumentando muchas de nuestras habilidades musicales en todos estos años, que nos permitían afrontar cosas un poco menos pop, digamos.

Al final, a mí me gusta el pop, pero también puedes transmitir cosas muy complejas de una forma muy simple, y puedes jugar a eso del caramelo envenenado. Pero, en este disco sí que eso también es una novedad. Fuimos capaces de ir un paso más allá porque vimos que no nos salía impostado. Porque eso sí que nos da mucho miedo. Esto surgió de forma muy natural, lo que te digo con todo el disco, no era algo que estuviese muy planificado. A veces ensayas mucho de tocar, de probar cosas, de ir juntando canciones, y cuando tienes un montón de canciones ya, es cuando empiezas a ver el disco. Antes son canciones sueltas, pero que sí que tienen un hilo conductor, que somos nosotros mismos en esta época.

R.M.: Sí, yo creo que es la clave, que igual en otro momento habrías tenido más pudor. Pero en el sentido de si puedo o no llegar a cómo realmente tiene que ser esta canción. Y en esta ocasión como que fue natural, porque ya, hablando desde fuera, me gusta cómo lo trata Rodrigo. Porque es algo personal pero no se centra en la parte del castigo, sino en la parte de la rebeldía, que también me parece muy guay, ¿sabes? Como narrar eso desde el punto de vista positivo. Y que también es cierto, porque fue así para Rodrigo, pero que me parece muy difícil darle esas vueltas a las canciones. En otra ocasión quizá no hubiéramos podido hacerlo y en esta ocasión sí.

También un poco en esta reinterpretación más alegre, quería preguntaros por el videoclip que hicisteis para ‘Pat a trenca’, ¿lo grabasteis ahí en la escuela de Boiro?

R.C.: Pues aquí en Boiro es que eso eran las escuelas, eran las unitarias, y había una en cada parroquia. Esa a la que fui yo, esa es una ruina ahora, de hecho la foto que es la portada de ‘Pat a trenca’, eso es la foto de esa clase. Pero lo rodamos en otra, que es exactamente igual, de hecho yo cuando fuimos y entré ahí dije; “guau, tío, es igual”. Había cambiado no sé si la puerta, que se había podrido, pero era muy parecido.

Pero realmente es eso, queremos coger un punto de vista un poco más como de aventuras adolescentes, no del momento dramático, porque yo realmente tengo más recuerdos del momento de la venganza, de entrar a saquearle la casa mientras estaba de vacaciones, de tirar todo eso, que no del trauma, de los momentos de malos tratos. Porque por aquí, en esa época, desgraciadamente era habitual, todos los niños lo pasábamos. Y al final también, en cierto sentido, eso te protege, porque es mucho peor si lo pasas tú solo, ¿sabes? Y realmente toda nuestra generación pasó por ese tipo de educación, de malos tratos. Era lo normal aquí. En otros sitios, en otras ciudades, era lo habitual, pues supongo que hasta los años ’70, pero claro, aquí en la Galicia rural, pues eso duró prácticamente hasta los ’90.

Pero ya te digo, es lo que decía Rafa, para mí, lo más importante era el momento de rebelión y de venganza. Y ese planteamiento a mí me valió, que en teoría era delito – ahora ya prescribió todo eso (risas) -, pero que hizo que los que estábamos presentes, que éramos muchos niños, el recuerdo que tenemos no sea tanto de los malos tratos de esos dos cursos del profesor, sino el momento de paso a la adolescencia mediante eso. Que estuvo mal hecho, pero que… ¿Sabes? Fue espontáneo y necesario y, a ver, es un poco el planteamiento, que la justicia por la mano de uno, claro que es mala, pero si no hay justicia… La canción estaba enfocada justo en eso. Para mí fue liberador.

Sí, yo creo que se siente así y es muy bonito también cómo lo cuentas. Acompañado de ese videoclip, en el que se entiende muy bien esa parte del juego del niño y esa idea de trascender hacia otra cosa, a una adolescencia. Y con ella, también a desarrollar, supongo, un cierto carácter reivindicativo de lucha.

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Luego también tenéis dentro del disco canciones como ‘Odio a mi generación’. Habláis mucho de esta parte generacional. No sé cómo lo veis vosotros, si pensáis que vuestra generación era más combativa o las generaciones que vienen ahora están más implicadas. Yo tengo dudas, en algunas cosas veo a los jóvenes muy derrotistas en temas cruciales, pero hay otras causas importantes que sí las defienden y eso es bonito de ver. 

R.C.: Yo no recuerdo mi generación especialmente combativa. Es decir, sí que había, había una cierta moda, de tribus urbanas que sí, que era un poco más de oponerse, pero mi generación era más hedonista que combativa. Es normal, también era una época mucho más hedonista, en la que los problemas eran graves pero eran más sencillos. Yo ahora es que no sabría decirte lo que es tener 20 años, porque es tan diferente a lo que vivimos nosotros… Nosotros teníamos más aire para escapar, por no hablar de que éramos muchos más, y en cualquier situación en nuestra época teníamos la protección del grupo. Teníamos la protección de la tribu y eso es importantísimo. Siempre había gente, con la que luego te podías conectar o no.

Yo ahora es que no sabría. Por ejemplo, en el caso de una banda, si tuviese que montar ahora una banda, me resultaría imposible, yo no podría. Nosotros hicimos una banda porque te lo podías permitir con un trabajo a media jornada, de hecho, podías alquilar un local de ensayo, con cinco o siete bandas y tenías esos espacios. Es lo que te digo, había ese aire, podías vivir con muy poco dinero, yo creo que eso ahora es imposible.

R.M.: Claro, es que yo creo que, el cómo ser combativo también cambió mucho, porque precisamente hacer algo que no sea económicamente viable, ya casi es ser combativo ahora. Es que estamos en un momento que es lo que dice Rodrigo, a mí se me hace muy difícil situarme en mi yo de 20 años ahora. Cambió todo mucho, pero sí que es cierto que yo creo que la gente sigue teniendo ansia, la gente habla mucho sobre sobre los problemas que tienen.

R.C.: Yo creo que hay una buena parte de la gente joven con el cerebro lavado por cuatro youtubers semianalfabetos y con un discurso de ultraderecha que es patético, porque además que ves que, si en algún momento llega, los primeros que van a sufrirlo son ellos, porque van a pillar por todos lados. Igual que los que más pillamos en la época de Aznar éramos los jóvenes, y en la época de Rajoy éramos los jóvenes. Los que más van a pillar son justo los que puede ser la diferencia de voto para que ganen (la ultraderecha). Pero hay otra gran parte de gente que son mucho más conscientes de lo que éramos nosotros. Son mucho más conscientes del machismo, de la homofobia, del problema de la vivienda.

Es que ya te digo, yo con los conocimientos que tenía de joven de la época, en el año 90 y mucho, ahora sería carne de cañón. Es decir, los jóvenes de hoy día tienen unos problemas mucho más serios de los que teníamos nosotros a esa edad.

Dentro del disco están esas canciones que parecen querer conectar dos momentos; un tiempo de nostalgia, pero también el presente. Desde ‘Diosas adolescentes’ y esos ecos del pasado, que también los conecta con cosas bonitas. O, por ejemplo, canciones como ‘Este contra Oeste’ o ‘La edad chapada en oro’, en las que a mí me parece entender ese mensaje: de encontrarse en los escombros y hacer resistencia. De juntarnos entre nosotros, vaya.

R.C.: Sí, es que eso era de las pocas ideas que estaban fijadas para este disco. Además con todo el rollo de la IA, que de repente va a difuminar mucho la frontera entre lo que es la música real y la música copiada y hecha de IA. Realmente fue un posicionamiento, hacer un disco de rock alternativo a la manera clásica de una banda, que se escucha casi hasta la púa en la cuerda, que tuviese su swing de tocar. Que tuviese ese tipo de cosas que te siguen diferenciando cada vez más de lo que es la música comercial ya que está al borde de la IA, o ya es IA. Hay géneros que ya van a ser indistinguibles con la IA. Géneros que se componen de forma industrial, que ahí ya no hay autoría propia, ya no hay emociones, sino que hay simulaciones de emociones, porque entre 20 personas se está haciendo un proceso industrial, no estás con una canción. No es una canción al estilo Bob Dylan, es una canción hecha como si fuese un edificio.

Y entonces sí, veníamos además de un par de discos casi conceptuales, con unas ideas muy cerradas de lo que eran. Y aquí fue volver un poco a un disco de banda. Que se nos vea, por eso también nosotros salimos en la portada. Somos una banda, no hay nadie al frente, sino que lo que hacemos juntos es mayor de lo que podemos hacer por separado y ese fue nuestro posicionamiento con este disco.

Eso creo que también se percibe a nivel instrumental. En este disco ha habido muchas cosas que me han llamado la atención. Cosas que ya estaban ahí en otros, desde las voces muy procesadas, que aquí son como casi psicofónicas, ruido en las guitarras, melodías… Cosas que pueden recordarme a grupos desde Beach House a My Bloody Valentine o New Order y, por supuesto, a vuestra música anterior. Pero además de todo eso, hay mogollón de cosas nuevas que siento que habéis metido, como más clasicistas incluso, en algunas cuerdas y arreglos.

R.C.: Sí, es que ya te digo, estos años estudiamos mucha música, muchos elementos, digamos clásicos, y nuestra apuesta arriesgada fue ver si éramos capaces de introducir los nuevos conocimientos sobre todo lo que era el grupo ya. Lo que no queríamos era, por el hecho de tener unos conocimientos musicales más elaborados, hacer canciones así. Queríamos que esos conocimientos enriquecieran nuestra base, pero que siguiesen siendo los mismos. Y en ese sentido, hasta que no salió el disco, no sabíamos muy bien lo que iba a pasar, si iba a tener el espíritu de siempre. Tuvimos mucho cuidado en montar todo ese nuevo armazón sobre el esqueleto de cómo hacemos siempre las canciones.

A mí nunca me importaron mucho las influencias. Sí que hacemos siempre buenos guiños, pero al final es que, claro, los grupos que nombras para nosotros es música de pop clásico, ¿sabes?, es como los Beatles. Grupos que te pueden inspirar libremente. Nunca fui muy de hacer cosas de género. Por ejemplo, que me influenciase de repente el blues, pues esta canción es de blues, o es de rock and roll, así, como de libro. Porque al final, los estilos, el libro, refleja lo que hacía la gente en esa determinada época, y yo prefiero que me inspire la gente que lo hacía, no que pase por el control académico.

Para nosotros era importante que todo lo nuevo que íbamos a aportar, lo que te digo, de nuevos conocimientos musicales que fuimos desarrollando los últimos cuatro o cinco años, no destruyese lo que habíamos hecho en los tiempos anteriores. Eso era para nosotros fundamental, y ahí sí que fuimos en muchas ocasiones para adelante, para atrás… hasta que nos sonase a nosotros. Ese era el planteamiento, en un momento muestras de algún modo todo lo que has escuchado. Nosotros, la verdad, hemos escuchado muchísima música desde siempre. Antes del primer disco, éramos enfermiza, de escuchar muchísima música, y entonces te vas haciendo un diccionario, uno mental, unos códigos, que después los naturalizas. Y lo haces. Es importante para nosotros que las influencias no sean tampoco externas, que no fuesen de algo que escuché y, como me gustó, pues copio el riff. No se trata de nada de eso.

‘Sacrificio’, por ejemplo, es una canción como de estilo. Ese palo es así, de canciones de 140 hasta 160 BPM, con guitarra, con riff, con guitarra acústica, con acordes mayores, este tipo de canciones que hay un montón. Y puedes ir hacia atrás, probablemente hasta los Beatles o hasta antes de los Beatles.

Bueno, yo creo que todo el disco en general, tiene signos de identidad de diferentes etapas que habéis pasado. Tal vez la parte más diferencial de este la encuentro en esas instrumentaciones de cuerdas más clásicas que habéis metido y una serie de arreglos diferentes, pero todo eso sigue sonando totalmente a Triángulo.

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Precisamente este tema, ‘Sacrificio’, me parece una canción muy directa y me sorprende la intención de meterla ahí, al final, como último corte del disco. Y también que, a pesar de ser un hit muy inmediato, me ha parecido, paradójicamente, una de las canciones más crípticas de todo el disco. Me flipa y me puede evocar a muchas cosas la letra y eso está guay, pero no la termino de conectar con el resto. Y mira que la ha escuchado veces (risas)…

R.C.: Es una canción que viene de intentos de hace años. Seguramente, que pudimos hacer cuando ya teníamos todos los elementos del disco; teníamos el sonido, teníamos una gran parte de las canciones, y entonces ahí te permites coger esos elementos y hacer una canción pop. Por ejemplo, si no existiese ‘En la Corte del E.’, seguramente no existiría ‘Sacrificio’.

Es un proceso en el que primero intentamos encontrar esa forma y después jugamos un poco con nosotros mismos en este tipo de canciones. Y la pusimos al final por una intuición, porque escuchas el disco y veíamos que nos apetecía cerrar con algo así. Cerrar con algo brillante, críptico, pero que también es algo que solemos hacer cuando de repente la música es mucho más directa. Siempre nos gusta jugar un poco con eso, pero bueno, es una canción evocadora, como son este tipo de canciones.

Nos parecía que era un buen final, porque no queríamos acabar con la sangre helada, con un ‘Pat a trenca’ o algo así. Queríamos de repente descomprimir y dar aire y que fuese un punto y seguido. También era importante para nosotros, porque justo «Sed» (2023) para nosotros fue un punto final y el disco acaba en el fondo de un pozo. Nos valió justo en esa época para poder dar el siguiente paso. Este disco no hubiese sido posible después del disco negro ni después del Discordia («Salve Discordia», 2016), porque vas haciendo un sonido…. Y, es decir, hasta que no rompes el sonido, no puedes volver a construirlo.

En ese sentido, «Sed» (2023) y también el «No eres tú» (2021), recuerdo que fueron muy guay hacerlos. Fue intentar llevar al extremo el sonido que teníamos, justo para que no se convirtiese en nuestro sonido establecido, porque si no, de repente, estás atrapado ahí. ¿Cómo vas a estar diez años haciendo el disco negro?, ¿o un disco que tampoco vemos que seamos capaces de mejorar con ese tipo de sonido? Necesitábamos, eso; romper todo y volver a empezar.

También un poco en esta vuelta metafórica al punto de origen, un poquito antes del disco, hacíais la versión de New Order que da nombre al grupo. Como seguidor de las dos bandas, personalmente me gustó mucho el homenaje, también con ese videoclip, con la gente de Boiro y llevándooslo a vuestro imaginario y a vuestro contexto. Quedó muy bonito.

R.C.: Sí, además eso fue justo cuando nos fuimos a Sonido Muchacho, fue una propuesta y dijimos, bueno, pues vamos a intentarlo. Empezó como un divertimento, a ver si éramos capaces y después nos metimos ahí. Y la verdad que, mira, a mí todo el rollo de sintes, el tema electrónica… a mí me encanta, de verdad. Pero, ¿qué pasa? Es que ya nos dimos cuenta con ‘Estrella Solitaria’, que después es muy difícil de llevar al directo. Es muy complicado con una banda como nosotros, que estamos más cerca del doom (risas). Y además también con la forma que tenemos nosotros de trabajar, que es una forma de trabajar mucho más en común. Vale, que yo puedo ir escribiendo o tal, pero al final las canciones se hacen en local de ensayo, se hacen tocando.

La composición electrónica es completamente diferente, al final acaba siendo de uno a otros. Mucho tiempo muerto, horas delante del ordenador… Es un proceso que en determinados momentos a mí me gusta. A mí lo de los sintes me gustan de siempre. Toda la música electrónica, partiendo de Kraftwerk, hasta los ’90, Aphex Twin… ¡Me flipa! Pero son esfuerzos más individuales y el encaje de banda es más complicado. Y justo por eso es algo que lo hicimos ahí, hicimos el rollo del single, y seguramente en el futuro hagamos más cosas así, pero seguramente fuera de los discos.

R.M.: Yo creo que también nos apeteció más hacerlo porque estábamos haciendo las canciones del disco. Digamos que había una parte de trabajo en paralelo, una cosa como, venga, me voy a ocupar en algo totalmente diferente, y pudimos ir apuntando cada uno en su casa.

Si no estuviésemos haciendo el disco y cubriendo todo eso, realmente yo creo que en este momento no nos nacería hacerlo. Igual que sí que nos nació en la pandemia ‘Estrella Solitaria’ y otras. Pero ‘Estrella Solitaria’ fue la que quedó más parecida a eso. Fue como mandarnos muchos archivos, yo mirando la batería con una caja de ritmos en casa, Rodrigo mandando sintes, voces… Era como un momento que te favorece para hacer eso, porque yo creo que nosotros somos muy banda de tocar, y nos pide más meternos en el local y tocar.

El día que vimos un sintetizador, que era un sintetizador ruso, que tenía las letras en ruso, nadie sabía lo que era ni cómo funcionaba, pero eso fue como ver aparecer ahí la Virgen

Tiene sentido incluso desde la portada de este nuevo disco, con los tres tocando en directo. El otro día os vi también en esto que hicisteis de la Casa Encendida, que llevabais varios sintes. No sé si esas partes las hacéis en directo con ellos o lanzas algunas cosas tú, Rafa. 

R.M.: No, no, no, o sea, ahora no me acuerdo qué canciones tocamos, pero me imagino que te refieres a ‘Sacrificio’. Eso lo genera en directo Isa, no es un sinte aparte.

R.C.: Cuando nos quedamos tres en la banda, hubo un proceso muy tocho, de meses. Porque, claro, cosas disparadas, hay mínimas. Es decir, depende, si hay un arpegio, pues a veces sí, porque el arpegio es una cosa que se reproduce, pero no nos gusta ni la claqueta. No nos gusta el secuenciado, no hay backtracks de estas… Las cuerdas, que antes las hacía Zippo con teclado, ahora lo que hicimos fue buscar otros métodos. Isa tiene el sintetizador este de voz, bueno, es un pedal, pero claro, estuvo programándolo cuatro meses. Pero lo que hace, según unos presets, es hacer las voces, pero es tocado. De hecho, algunas partes se compusieron ya así, por eso te digo que fue importante venir de esa época de los directos, porque ahí encontramos una forma de hacer las cosas, que era diferente a lo que habíamos hecho y por el hecho de tener que hacerlo entre tres, pero también dio pie a otro tipo de sonidos.

Por ejemplo, en ‘Media Vida’, todo lo que hay lo genera Isa con el bajo y con el sintetizador de bajo haciendo las voces, pero no es ni programado ni nada, se toca y ya está. Y esto también fue un hallazgo, porque también haces unas cosas diferentes a los que harías si tocas el teclado con la mano. Tienes que reducir, porque tienes que adaptarte a lo que puedes hacer, que tenga musicalidad, pero a su vez estás en un terreno desconocido para nosotros. Y creo que también para bastante gente, la verdad (risas).

De ahí también se sale. Ahí hubo muchos hallazgos musicales que vienen de adaptarnos a tres. Con las guitarras igual, una búsqueda con varios amplis para una amplitud, pero a su vez reducirlo. El arreglo más concreto, pero que ocupase ese espacio, que nosotros somos un grupo muy lleno. Pero que no tuviésemos de repente que hacer un montón de overdubs extra, ni, desde luego, backing tracks, ni nada de eso.

Sí, yo no distinguía bien qué era, pero desde luego se sentía todo muy orgánico en directo. 

R.C.: Eso lo hace Isa con el bajo. Está programado de la forma en como son las notas, ¿no? Hace un rollo ascendente, cuando el bajo va ascendente, porque puedes poner; pues en este fragmento del bajo, hace estas notas. Es decir, es un truco como de programación del aparato.

R.M.: Sí, que además yo creo que está un poco fuera de para lo que pensaron ese aparato.

R.C.: De repente salen cosas así como esas, tener que hacer esa línea minimalista, porque lo puedes hacer con el bajo, si no harías otra cosa. En este sentido, sí que creo que hemos llegado a ese límite, de capas de teclados y todo eso. El siguiente paso, hubiese sido ya el paso completo a la electrónica, y era algo que, ya te digo, fue en plan de no, no, vamos a hacer lo contrario.

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Cuando os vi en Aranjuez hace un mes y algo, que también había por allí muchos palacios de antiguos reyes y demás, estuvimos hablando un poco al terminar el concierto de esa escena underground en la que os criasteis en Galicia. Que de ahí vendrá supongo también buena parte de la experimentación, la búsqueda de sonidos de sintes, el manejo del ruido y todos estos trucos de instrumentos que me comentáis. 

R.C.: Es que, cuando empezamos, o eras experimental o no hacías nada. Me refiero, porque nadie sabía nada. Si te ibas más allá del bajo de línea, la guitarra así, o heavy, o funky, y la caja ahí no se cómo, ya eras experimental, porque eso era, digamos, el mundo conocido en la música en Galicia. Era ultrapequeño (risas).

No había apenas escenas en la época, hubo escenas en los ochenta, pero era todo siempre un poco precario en Galicia. Entonces, claro, aprendías, porque escuchabas cosas de los discos y no sabías cómo se hacía, entonces probabas, probabas… Tenías que probar de cero, ahora hay muchos tutoriales y YouTube ya todo te lo explica, pero en cierto sentido, yo creo que eso es malo. Porque el descubrimiento… Yo, el día que vimos un sintetizador, que era un sintetizador ruso, que tenía las letras en ruso, nadie sabía lo que era ni cómo funcionaba, pero eso fue como ver aparecer ahí la Virgen. Explorar eso era un territorio desconocido, pero creo que eso es importante, porque así vas aprendiendo.

Te sitúas en los Depeche Mode, cuando empezaron a hacerlo, era como… ¡No existía! Me refiero, ¿cómo se manejaba un sintetizador? Pues aprendían y probaban cosas de cero, y les sacaban cosas que a lo mejor no estaban hechas para eso.

R.M.: Yo creo que cuando nosotros empezamos había como más diversidad de grupos, pero había mucha gente diciéndote cómo se tenían que hacer las cosas. Pero había cosas, como los sintetizadores o los pedales, que la gente estaba muy fuera de eso. Ciertos pedales y cómo usarlos, nadie te decía cómo lo tenías que hacer, tú experimentabas y te ibas a los límites, y eso, yo lo veo como algo positivo.

Porque sí que es cierto que yo, por ejemplo, tocando la batería, veo a la gente, los tutoriales de batería y de cómo tocar, y no se parece nada a lo que yo considero que es tocar. Entonces, siempre hay esa dicotomía entre lo normativo, lo que tiene que ser así, y el resto. Esa norma que quizás no está mal, o ese campo abierto de… no sé a dónde voy a llegar, a ver a dónde me lleva esto. Es como subirse en el caballo y tirar. Los sintes y los pedales en cierto momento eran así.

R.C.: Y además, los pedales eran de bajo coste, comparado con lo que valían los amplificadores. Es decir, yo empecé a tocar con pedales porque realmente podía permitir comprármelos. Valían… 10.000 pesetas, 7.000 pesetas, 8.000 pesetas, en esa época, la mayoría de amplificadores de válvulas no estaban aún ni reeditados. Y claro, lo que había tenía precios prohibitivos, entonces jugabas con amplis Academy, de repente alguien te prestaba un pedal y veías que podías cambiar el sonido. Nuestra falta de pureza viene de eso, de que la pureza era muy cara.

Se nos echa el tiempo encima y tenemos que ir cerrando la entrevistas, pero me gustó mucho hablar con vosotros. Gracias por vuestro tiempo y nos veremos muy pronto en Oporto. Además justo ese escenario suena atronador.

R.C.: Jo, Luis, pues muchas gracias y nos vemos allí. ¡Allí no habrá problemas de sonido!

R.M.: ¡Un abrazo!

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