Entrevista con Luis Benavides: «Quería explicar las historias de los organizadores, gente que hace todo esto por activismo»
La primera vez que crucé unos mensajes con Luis Benavides fue cuando esta web daba sus primeros pasos y buscábamos conectar con medios, sellos, promotoras, agencias y demás agentes con los que formar una red que se retroalimentara. Allí estaba Luis, por aquel entonces, al frente de Desert Pearl Union, una especie de colectivo que buscaba algo parecido: conectar a bandas y tejer una red que facilitara las cosas dentro del underground. Lo hacía de manera altruista, como también llevaba más de una década haciéndolo desde los micrófonos de El Ecualizador, programa musical de entrevistas y monográficos por el que han pasado innumerables grupos de las escena rockera, punk y hardcore estatal y con el que tenemos el placer de colaborar. O desde sus vermuts musicales, conciertos matinales gratuitos que organiza periodicamente en el Centre Civic Bon Pastor y en los que acerca a dos bandas a todos los públicos.
Con todo esto, lo que quiero decir es que Luis es una de esas personas que llevan muchos años haciendo algo tan esencial e importante como es crear escena. En unos tiempos en los que la industria musical parece vagar sin más rumbo que el que marca el turbocapitalismo, propuestas como estas consiguen que lo que hacemos todos los demás siga teniendo algo de sentido.
Por suerte, en los últimos años parece que, al menos, algunos artículos y libros están poniendo sobre la mesa una serie de problemas derivados de esa idea de música como industria sin compasión que parece haberse acrecentado tras la pandemia, con grandes festivales fagocitando escenas y el delirio de la constante búsqueda de llenar espacios más y más grandes con unos precios cada vez menos y menos populares. Ahí está «Macrofestivales», de Nando Cruz, o el reciente «Antineutral», de Pepo Márquez, haciéndonos, como poco, reflexionar sobre la manera en que consumimos a día de hoy.
En relación con ellos, pero poniendo el foco en el lado contrario, aparecía a finales de ese 2025 que nos saluda ya por la espalda «Actitud: Vida en los Minifestivales», de nuestro querido Benavides. En él no busca enumerar los males de esos macroeventos aunque, inevitablemente, se dejar intuir, o incluso ver, en las conversaciones que mantiene con una serie de músicos y organizadores de lo que se ha venido a bautizar como «minifestivales». Es decir, eventos pequeños, sin ánimo de lucro y con la música y las bandas siempre en el centro. De todo ello hablamos con Luis en esta entrevista, que os dejamos a continuación.
Imagino que un libro así llevará mucho tiempo en tu cabeza y que habrá habido muchas cosas que te hayan animado a escribirlo. En el texto, de hecho, mencionas “Nuestro Grupo Podría Ser tu Vida” y “Todo el Mundo adora Nuestra Ciudad” como influencias pero, ¿cuál dirías que fue el chispazo definitivo que te hizo pararte y decir claramente: “voy a escribir este libro”?
No creas, tampoco estuve dándole muchas vueltas. Supongo que todos hemos fantaseado en algún momento con escribir un libro, pero no tuve clara la temática hasta que leí el imprescindible ‘Macrofestivales’ del compañero Nando Cruz en 2023. Pensé que estaría guay, que era necesario, hablar de otro tipo de encuentros musicales, los basados en la autogestión y el romanticismo. Lo primero que hice fue grabar un podcast especial veraniego, que todavía está colgado y se puede escuchar, recomendando varios minifestivales alternativos. A modo de agenda, pero también de reivindicación. Quería que fuera algo colaborativo y participaron con notas de voz media docena de minifestivales como el Actitud, el Emostiu, Salt Mortal… Unos pocos meses después, coincidí con el amigo Toni Castarnado, editor de Sílex, en una rueda de prensa, y me dijo algo así como “si tienes alguna idea de libre, me dices”…
Entonces, ¿la editorial Sílex ha sido parte imprescindible también como detonante? ¿Habrías buscado otras opciones de edición igualmente?
Sílex es una pieza clave y sin su participación ahora mismo no estaríamos hablando de este libro sobre minifestivales. Sinceramente, nunca me planteé la autoedición, sacarlo adelante totalmente solo. Este es un mundo nuevo para mí, no sabría por dónde empezar. Por suerte, desde el minuto uno conté con el apoyo de Toni y Ramiro de Sílex.
Parece que es un buen momento para el mercado editorial musical, ¿no? A las clásicas, como Contra o Reservoir Books, se le están sumando nuevas, como Liburuak o la web Muzikalia.
Sí, ya hace unos años que se habla del “auge de la literatura musical”. Quizá es porque queremos saber más de nuestros artistas y bandas favoritas. Tenemos toda la música a un solo clic, pero a veces nos falta contexto. Y sí, los catálogos de esas cuatro editoriales son flipantes.
Una vez te pones a prepararlo, ¿cómo es esa labor de investigación? Imagino que muchos de los festivales de los que hablas no los conocerías hasta ese momento.
Exacto, el primer paso fue investigar. Piensa, como explico en la introducción del libro, que mi idea original era escribir sobre el Actitud Fest de Vidreres, porque es el minifesti que mejor conozco y tenía muchísimos testimonios o fuentes al alcance. Cuando la editorial me comentó que mejor abrir el foco y recoger iniciativas repartidas por toda la geografía empecé a preguntar a colegas músicos sobre festivales similares al Actitud: autogestionados, sin ánimo de lucro, etc.
Algunos minifestivales se quejan de que los medios generalistas no se hacen eco de sus iniciativas. Y tienen razón en una cosa: su mera existencia, y ya no te digo que algunos lleven varios años colgando el cartel de ‘sold out’, es 100% noticiable y bien merece un faldón, una columna o una entrada en la web.
En estas cosas imagino que siempre surgirá el problema de no saber cuándo parar. Cuando te pones a investigar, parece que una cosa te lleva a la otra y siempre hay un hilo del que tirar. ¿Tuviste esa sensación?
Totalmente. No quieres dejarte ningún minifesti “importante” fuera, aunque todos son importantes y valiosos, claro. Ya me entiendes. Y eso del hilo, totalmente. El Centolo Weekender lo descubrí entrevistando a Sergio Picón del Amfest, por poner un ejemplo. Él me habló del festival y me recomendó hablar con ellos. Y una vez tuve una lista con posibles candidatos a aparecer en el libro, llegó el momento de irlos ordenando temáticamente o geográficamente…
¿Sientes, a posteriori, que igual te has dejado algo fuera?
Bueno, todas las iniciativas que salen en el libro merecen aparecer en el libro. Me quedo con eso. ¿Que habría estado bien añadir un par de capítulos y hablar de más minifestivales? Seguro. Con algunos minifestis lo intenté y me dieron largas, no te engañaré… Y bueno, si alguien se queda con ganas de más, de conocer más festivales de pequeño formato, recomiendo ‘Microfestivales y otros escenarios posibles’, de Nando Cruz, también publicado recientemente vía Sílex.
Todos los festivales del libro comparten una filosofía, pero cada uno con sus matices. ¿Te marcaste alguna línea roja clara que no pudieran traspasar para estar en el libro?
Que no tuvieran un ánimo de lucro fue la principal línea roja. Quería explicar las historias de los organizadores, gente que hace todo esto por activismo. Que el motor de estas iniciativas no fuera económico, y cuanto más autogestionado o DIY, mucho mejor.
En este sentido, casi todos los festivales de los que hablas en el libro están centrados en sonidos cercanos al punk y el hardcore. ¿Ha sido deformación profesional, por tus gustos, o es porque son unos sonidos, por defecto, muy asociados a este tipo de ambientes ‘do it yourself’?
Sí, para no abrir demasiado el abanico me centré en festivales con querencia por las guitarras distorsionadas. Desde el power pop al posthardcore pasando por el indie rock, el punk… También hay algo de mi gusto personal, claro. Respecto al tema del ‘diy’, siempre lo asociamos al hardcore, pero ciertamente, y vuelvo a recomendar el libro ‘Microfestivales’ de Nando Cruz, esa filosofía la podemos encontrar también en peñas flamencas… No es exclusiva de un estilo de música concreto.
Ayuntamientos que no colaboran y la dificultad para que los medios de comunicación les hagan caso parecen problemas en común de la mayoría de ellos. ¿Por qué dirías que ocurren estas dos cosas?
Uf, muchos factores. Sí predomina en las Administraciones una idea paternalista de la cultura, o al menos tengo esa impresión. Siempre de arriba hacia abajo. Ellos quieren controlar qué se programa, aunque lo paguemos entre todos. Pero hay Ayuntamientos y Ayuntamientos. En algunos se programan conciertos para la fiesta mayor desde el despacho del concejal de cultura de turno, a golpe de talonario, contratando a artistas o bandas ‘mainstream’ con cachés desorbitados, buscando únicamente el impacto mediático, y en otros —como en Barcelona, con el BAM— se colectiviza ese poder de decisión y se confía la programación a una cooperativa de servicios culturales. Lo segundo me parece mucho mejor, mil veces. Volviendo a los minifestivales alternativos, también hay de todo. Al final supongo que depende también de la sensibilidad de cada consistorio o de sus técnicos de cultura, etc. No se puede generalizar.
¿Y respecto a los medios de comunicación?
Cierto, algunos minifestivales se quejan de que los medios generalistas no se hacen eco de sus iniciativas. Y tienen razón en una cosa: su mera existencia, y ya no te digo que algunos lleven varios años colgando el cartel de ‘sold out’, es 100% noticiable y bien merece un faldón, una columna o una entrada en la web. Dicho esto, te respondo con otra pregunta: ¿realmente necesitan esa visibilidad? Existen muchas otras maneras y muchos otros canales de llegar a tu “público objetivo”.
Los espacios y los minifestivales autogestionados tienen esa ventaja: actúan en los márgenes, ajenos a la lógica del turbocapitalismo. No dependen de la entrada de dinero por parte del patrocinador X.
En los últimos años parece que se suma también la batalla de los cachés. Se comenta en el libro que hay grupos pequeños, que en una ciudad fuera de las grandes capitales moverían por sí solos a poco público pero que, por el mero hecho de ser un festival, piden una cantidad de dinero totalmente desorbitada. Por una parte, entiendo que es un problema de dejadez por parte de algunos grupos, que ni siquiera se plantean a qué tipo de evento están solicitando ese caché. Por otra, que la sobresaturación festivalera y, sobre todo, los macrofestivales, han acabado distorsionando el mercado. ¿Cómo lo ves?
Totalmente. Hemos escuchado muchas veces eso de “algunas bandas prefieren tocar en dos o tres festivales grandes que hacer una gira por salas”. Y es cierto. No entraré a juzgar eso porque entiendo que algunas bandas viven de la música, son empresas y hay trabajos en juego. Esas bandas ya están en otra liga. Pero cuando hablamos de ‘underground’, de bandas no profesionales, no puede ser que una banda local pida 2000 o 3000 euros por tocar en un minifestival autogestionado con entradas o abonos muy baratos a 30 o 40 minutos en coche… Esas mismas bandas seguramente no llenarían por si solas una sala como la VOL con capacidad para 90 personas. Quizá alguna vez cobraron eso en un minifestival o quizá no tienen ni idea de lo que es un festival autogestionado, no sé… A esas bandas les recomendaría leerse mi libro. Fuera bromas, la gran mayoría de las bandas que conozco se mueren por tocar donde sea y se adaptan a lo que pueden ofrecer los minifestivales.
Siguiendo con los macrofestivales, ¿cuál es o ha sido tu relación con ellos? Me da la sensación de que hace 10 o 20 años ya existían estos eventos grandes pero no sé si no se comportaban de la manera en que lo hacen ahora o es que simplemente nosotros, como público, no nos planteábamos tanto las cosas.
Pues sí, recuerdo ir a festivales grandes y pasarlo genial. Recuerdo pasarlo pipa en un Festimad, el mítico de System of a Down; también en el Resu de 2013 si no recuerdo mal… Y en el Primavera Sound, durante muchos años, claro. Seguro que entonces ya había cosas muy mejorables, que ni nos planteábamos, puede ser. Lo que sí recuerdo es que antes podías ver a bandas y artistas de primer nivel por un precio mucho más económico, y no recuerdo tantas incomodidades ni tanta masificación… Igual me estoy haciendo viejo.

Volviendo al libro, no me da la sensación de que la pandemia haya afectado demasiado a estos eventos. Hablando con Los Sara Fontan, me decían que la pandemia no se había cargado demasiados espacios autogestionados porque al no tener un ánimo de lucro y no depender estos de ningún tipo de ayuda externa no se habían visto tan afectados por un parón económico como el que tuvo lugar.
Tal cual. Los espacios y los minifestivales autogestionados tienen esa ventaja: actúan en los márgenes, ajenos a la lógica del turbocapitalismo. No dependen de la entrada de dinero por parte del patrocinador X, etc. Si hay ganas de montar el festival y hay bandas con ganas de tocar, se hace.
Algunos no esperan ni el permiso del ayuntamiento. Como el Sugar. De las cosas más punk que he escuchado.
Eso es. Sin escenario y sin permiso, a pie de calle. En muchos de los casos recogidos en el libro hay una pequeña subvención o la cesión de algún espacio por parte de la administración. En este caso es 100% DIY, posiblemente el festi más punk de todo el libro.
También me ha llamado mucho la atención el Centolo, que comentabas antes. Veo que muchas trabas y dificultades de las que hablan todos los eventos es el hecho de empezar de cero en una ciudad y ellos lo hacen en cada edición.
Sí, es una locura. Cada edición en un punto de la geografía diferente. Ellos, creo recordar, no descartan establecerse en algún municipio. El carácter itinerante mola mucho, pero también supone un desgaste enorme. Sus organizadores no viven del festival, tienen sus trabajos ‘full time’ y eso lo hacen para juntarse con sus amigos y por pura pasión.
Desde El Ecualizador llevas años montando los Vermuts musicales, un evento que igual podría formar parte del propio libro aunque sea a una escala más pequeña. Como organizador, ¿te has visto reflejado en alguno de estos festivales? ¿Dirías que compartís problemáticas?
Bueno, lo de los vermuts musicales es más un ciclo de conciertos. No se puede comparar porque únicamente programo dos o tres bandas, pero me gusta pensar que compartimos un poco los mismos principios o valores. Para el que no conozca estos vermuts musicales, que empezaron siendo cada tres meses y ahora se celebran una vez al año, solo busco crear un punto de encuentro -para los oyentes del pódcast y para los melómanos en general- y dar a conocer propuestas musicales interesantes, con entrada libre para hacerlas accesibles a todo el mundo. 0% ánimo de lucro y 100% activismo.
Por último, sé que eres un ávido lector de libros musicales. ¿Podrías recomendarnos algunos de los últimos que hayas leído o algún clásico que consideres imprescindible?
Ya hemos citado antes ‘Nuestro grupo podría ser tu vida’, posiblemente mi libro musical favorito, y añadiría ‘Vendido’, de Dan Ozzi, como uno de los libros que más he disfrutado últimamente. Ahora mismo estoy enganchado a ‘Antineutral’ de Pepo Márquez, muy recomendable, y si me preguntan por mi libro favorito de 2025 seguramente sería ‘Este grupo se llama R.E.M.’.
Foto portada: Sergi Vila






